30 al 39 CRÓNICAS DE LECTURAS

CRÓNICAS DE LECTURAS – 30
Lecturas Memorables

I
Lectura Memorable y Conflicto Cognitivo

La condición de ser “memorable” en Lectura es algo que acabo de inventar y por lo tanto base teórica, lo que se dice base teórica, estoy seguro no tiene. Pero tiene relación con la memoria, me entró el bicho de dar cuenta de ciertos textos leídos cuya característica fundamental es estar ahí en la memoria. Estos “memorables” son textos que se aprenden por lectura y se incorporan de manera que se les conoce casi de memoria. En ciertos casos esta memoria es completa, eidética, con puntos y comas y hasta con sus originales traumas ortográficos. Una primera razón para ello es que se posee buena memoria, es decir, la capacidad genética de retener información tal cual llega. Es posible maximizarla empleándola a forro, como se sabe la genética es un punto de partida que con la práctica se mejora. Me interesa mirar la parte no paporretera en el asunto de la retención de textos, la retención memorística es una parte del aprendizaje, se retiene datos sin haberlos “aprehendido” como lo ilustran ciertos experimentos hipnopédicos. Hay bits de información que “se prenden” sin esfuerzo en la estructura cognitiva previa. La mayor parte de los aprehendizajes son complejos: Conforme leo un texto, éste me hace impresión de un modo determinado, deja huella racional y afectiva, “motiva” y se “engancha”. A la motivación se le suele ver como proceso independiente, pero está asociada al “conflicto cognitivo” que estudió Jean Piaget. En la práctica es complicado separar motivación de problematización, casi siempre las vemos juntas e indisolubles, tan igual como pasa en el autoanálisis introspectivo que podemos hacer de cualquier lectura.

Conforme leo un texto, encuentro mayor o menor motivación para seguir leyéndolo. Piaget supone haber un equilibrio homeostático en el cerebro, referido a la capacidad del ser humano para organizar su realidad. Dicho equilibrio consiste en un grupo de “senderos” químicos estables inserto en la citoarquitectura cerebral, que se modifica de cierta manera según los estímulos. El equilibrio homeostático se va al cacho cuando algún estímulo se descarga químicamente en el cerebro, lo que a veces distinguimos como un “síndrome de abstinencia”. Resolver este equilibrio implica estabilizar los “senderos” químicos según las leyes que rigen los estímulos condicionados. En el mediano plazo, la repetición de los estímulos modifica la estructura cognitiva y su sustrato físico. El qué tan mediano sea ese plazo depende de ciertos factores: El texto que leo convoca determinadas estructuras cognitivo-afectivas y las modifica en el sentido, según Jean Piaget, de procesos de asimilación y acomodación, parte de los mecanismos de adaptación que los seres humanos necesitamos para mantener el equilibrio en la interacción adecuada entre organismo y medio ambiente. Si el texto-estímulo es motivador, su lectura y exploración produce desbalance, es decir nos deja en pindinga. Las ideas del texto afectan la estructura cognitiva previa, los contenidos nuevos se asimilan en las estructuras viejas, que modifican y acomodan y reacomodan constante y continuamente, cuando lees. El desbalance cognitivo que produjo el texto lleva a que te provoque más de eso que te dice, es decir un refuerzo positivo. Entonces encuentras – o fabricas - textos análogos, del mismo tipo que se estableció en la acomodación primera. La vuelta del bucle hacia la Motivación se da cuando el texto te sigue mensajeando en sus diversos sentidos: emocional, intelectual, metacognitivo. Y así se graba espontáneo en la memoria, aunque quieras ya no te lo olvidas. Al volver al texto refuerzas estímulo: relees y te gusta más conforme encuentras más contenidos, y te lo apropias. Los procesos de asimilación / acomodación se harán más finos conforme construyas, extiendas y transfieras la data que lees y relees hacia otras situaciones. Suena complejo como el diablo, pero es mucho más simple verlo en acción en uno mismo y en otros, tratemos de ir a algunos textos, a ver si podemos distinguirlo mejor así.

II
Cuento: Horacio Quiroga y El potro salvaje


Era un caballo, un joven potro de corazón ardiente, que llegó del desierto a la ciudad a vivir del espectáculo de su velocidad. Ver correr a aquel animal era, en efecto, un espectáculo considerable. Corría con la crin al viento y el viento en sus dilatadas narices. Corría, se estiraba; se estiraba más aún, y el redoble de sus cascos en la tierra no se podía medir.
Corría sin reglas ni medida, en cualquier dirección del desierto y a cualquier hora del día.
No existían pistas para la libertad de su carrera, ni normas para el despliegue de su energía.
Poseía extraordinaria velocidad y un ardiente deseo de correr. De modo que se daba todo entero en sus disparadas salvajes y ésta era la fuerza de aquel caballo.


Así empieza el cuento El potro salvaje, del uruguayo Horacio Quiroga. Es historia muy de su estilo: Una fábula, pues que en ella se cumple que los animales hablan – como en Anaconda, la Guerra de los Yacarés, El Paso del Yabebirí y tantas otras donde lo hacen serpientes, cocodrilos y hasta rayas de río -, pero las fábulas clásicas tienen su moraleja final como rótulo del sentido de lo escrito. Y aunque El potro salvaje posee esa moraleja, como en otros cuentos de Quiroga, no es solamente para niños. Las fábulas de Quiroga son agridulces, de realismo selvático, concordantes con la agresividad de una naturaleza que asesina sin pasión, que no es ni buena ni mala, y en donde hayamos que si los animales hablan ello es tan natural como que llueva; que hombres, plantas y animales mueran; o que los árboles crezcan para arriba. Dudo que sean fábulas. El cuento El potro salvaje es diferente a otros, pues distinto es el medio en que se ambienta, ya no la Selva o el Desierto sino la Ciudad de los Hombres, que no es moralmente distinta a los páramos que la rodean ni la Cultura marca diferencia, acaso para peor. La Ciudad de Horacio Quiroga asesina los seres y los sueños como lo hace la Selva o el Desierto, sin dramatismo pero sin consideraciones. A esa Ciudad – que Quiroga no nombra -  llega a probarse el joven potro, a vivir del espectáculo de su velocidad. Así esta fábula-cuento empieza a parecerse a una parábola: El joven que llega a hacerse un sitio en la Ciudad, en el mundo: En un principio entregó gratis el espectáculo de su gran velocidad, pues nadie hubiera pagado una brizna de paja por verlo -ignorantes todos del corredor que había en él. Y es que este potro quiere en la vida es correr, pero tiene hambre. El contrapunto entre el hambre y la Libertad está en la vertiginosa carrera que no conoce líneas rectas ni reglas, y el Potro deberá aprender lo que tanto cuesta aprender en la vida: Transar, vender lo que tengas aunque te paguen sólo con esperanzas mustias, correosas, de mal sabor.

El potro va a un empresario, que le ofrece unas briznas secas de paja: El joven animal consideró el puñado de pasto con que se pagaban sus extraordinarias dotes de velocidad, y recordó las muecas de los hombres ante la libertad de su carrera, que cortaba en zig-zag las pistas trilladas.  / -No importa -se dijo alegremente-. Algún día se divertirán. Y vaya si corrió cada semana, entregándose en cada carrera como si fuera la última, con pasión y maravilla. Al final, comía su pasto ardido y seco sazonado con resignación: Ni un solo momento pensó en reservarse, engañar, seguir las rectas decorativas por halago de los espectadores, que no comprendían su libertad. (…) Y continuaba corriendo con el vientre ceñido de hambre, como había corrido siempre. Hasta que, Dios de Israel: Triunfó, porque eso pasa, los que han vivido lo saben: el público comprende qué haces, a veces lo disfrutan y pagan por ver. Los organizadores de espectáculos llegaron en tropel a contratarlo, y el potro, ya de edad madura, que había corrido toda su vida por un puñado de pasto, vio tendérsele, en disputa, apretadísimos fardos de alfalfa, macizas bolsas de avena y maíz -todo en cantidad incalculable- por el solo espectáculo de su carrera. Entonces el caballo tuvo por primera vez un pensamiento de amargura, al pensar en lo feliz que hubiera sido en su juventud si le hubieran ofrecido la milésima parte de lo que ahora le introducían gloriosamente en el gaznate. Porque ahora estaba cansado, qué palabra: Cuánto habrás corrido, cuántas veces has echado el último átomo, una y otra vez, otra, otra, y otra más; y al final te miras y dices estoy cansado. Y ya no quieres correr, porque ya corriste y ya no quieres más... estoy cansado. Así que si ellos quieren que corras, tendrán que despertarte esas ganas con harta alfalfa y forraje, toneladas y toneladas y toneladas de forraje: Corría entonces como él sólo era capaz de hacerlo; y regresaba a deleitarse ante la magnificencia del forraje ganado. Pero ahora correr te será más difícil, porque tras de ti vienen los jóvenes. Te han visto, te admiran, te imitan, te sacarán del partidor. Conocerás el miedo: Corrió, entonces, por primera vez en su vida, reservándose, aprovechándose cautamente del viento y las largas sendas regulares. Y allí se te perdió la Libertad, eso que te definía ¿te acuerdas? Ahora te aguantas para no caer en la siguiente carrera, para no fallar. Eras libre. Ahora tienes Miedo. ¿Pero quién puede culparte de tener miedo, potro…? 

(…) dos hombres que contemplaban aquel lamentable espectáculo, cambiaron algunas tristes palabras. Yo lo he visto correr en su juventud, dijo el primero, y si uno pudiera llorar por un animal, lo haría en recuerdo de lo que hizo este mismo caballo cuando no tenía qué comer. No es extraño que lo haya hecho antes, dijo el segundo, Juventud y Hambre son el más preciado don que puede conceder la vida a un fuerte corazón.


III
Poesía: José de Espronceda y la Canción del Pirata, Almafuerte y más

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido,
del uno al otro confín.
José de Espronceda perpetra este magnífico poema a principios del siglo XIX, y resiste victoriosamente hasta este siglo XXI. Su forma ayuda a recordarlo, desde hace milenios la poesía es más fácil de evocar por su ritmo, métrica y rima. Muchos textos los aprendemos porque la poesía ayuda a su memorización. Insistiré en lo personal del asunto: La elección de lo que es memorable va de ida y vuelta, es decir pretendemos que elegimos el texto, cuando en realidad podemos decir con desparpajo lacaniano que es el texto el que nos escoge. Recordar y evocar se relacionan con lo importante y trascendental de lo leído en la medida que se puede incorporar a nuestro weltangschauung, nuestra propia y personal visión del mundo. Por ello es importante exponer a niños y jóvenes a textos de muchas procedencias pues no sabemos qué va a parar en esas mentes en estado de ebullición, y qué y cómo se va a incorporar a ese caldero: Double, double, toil and trouble / Fire burn, and cauldron bubble. La Literatura y demás lecturas dan material como para que no falte de donde escoger. Vuelvo a Espronceda: Decíamos que la versificación ayuda. Este poema se lo sabe entero mi hija desde sus cinco años, y se divierte – nos divertimos - jugando con la rima y la métrica. Yo lo recuerdo de cuando lo leí por primera vez, con el dibujo que le acompañaba, un pirata anarquista y transgresor, como se supone son los piratas:

Que es mi barco mi tesoro, / que es mi dios la libertad, /mi ley la fuerza y el viento, / mi única patria, la mar.


La exaltación del individualismo romántico y anarquista hace que este verso se haya quedado en la cultura escrita, oral y musical en castellano. Por lo menos yo lo creo porque eso me dice y por eso lo memoricé: es expresión de la fortaleza interior del hombre frente a la mala fortuna, que así se deje la vida en el camino aprecia la Libertad por sobre todas las cosas:

¡Sentenciado estoy a muerte! / Yo me río
/ no me abandone la suerte, / y al mismo que me condena, / colgaré de alguna entena, / quizá en su propio navío. / Y si caigo, / ¿qué es la vida? / Por perdida ya la di, / cuando el yugo del esclavo, / como un bravo sacudí.


Y que influye hasta hoy lo vemos en sus actualísimas versiones musicales de Tierra Santa y Dark Moor en Metal: http://www.youtube.com/watch?v=77Up6S5lzq0; http://www.youtube.com/watch?v=w36FsaTsOpc . Y sumemos esta versión en rap, y quien es el baboso que dijo que la cultura y la buena literatura no es lo que le gusta a la gente: http://www.youtube.com/watch?v=dYVzsA0I4Fc; y para los más clásicos, aquí esta españolísima versión:  http://www.youtube.com/watch?v=q3SRsjNVex0
La Canción del Pirata de Espronceda es de la misma calaña del Soneto del argentino Almafuerte para los jóvenes en el siglo XIX, y que presento completo y de memoria:

No te sientas vencido, ni aun vencido / No te sientas esclavo ni aun esclavo.
Trémulo de pavor, piénsate bravo / Y arremete feroz, ya malherido
Ten el tesón del clavo enmohecido / Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo,
No la cobarde estupidez del pavo, / Que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios, que nunca llora. / O como Lucifer, que nunca reza. /
O como el robledal, cuya grandeza
Necesita del agua y no la implora. / ¡Que muerda y vocifere, vengadora /
Ya en el polvo, rodando, tu cabeza!

Es una virtud importante saber resistir ante la adversidad, mucha será tu suerte si no tienes que enfrentarla. La resistencia es un valor que nos define como peruanos, parte de nuestro ser ideal, modelo y paradigma de la escuela de energía que Natalia Málaga y otros imponen. Hay de dónde aprenderla y cómo enseñarla: La larga y viril tradición universal en la resistencia estoica desde los 300 espartanos de Leónidas, hasta los Incas rebelándose contra los españoles en el Cusco: Yo no he nacido para someterme dice el joven Manco Inca; y en Arica el telegrama: Podemos hacer estrago en enemigo victorioso dice el anciano Bolognesi. Parecen mejores paradigmas que el derrotista Hasta el último cartucho. Nuestra crisis en valores se ve en la educación formal como en la educación en casa, somos gelatinosos y blandengues, los varones viven consentidos por mamis y abuelas que no han ajustado cuentas con la Colonia. Necesitamos mejores modelos y paradigmas, y los literarios son tan buenos como los históricos. La humanidad es también ruda, tenemos nuestros equivalentes nacionales de Almafuerte o Espronceda en Gustavo Valcárcel, Manuel Scorza, Manuel González Prada, Javier Heraud, y hasta José Santos Chocano por momentos, aunque a algunos les asusten, como que hay miedo de abandonar la triste parodia de varón que es el matón, el abusador y el faite. Que protestar con coraje e inspiración, que meter el dedo en la pus, que levantar la espada en el aire parece que levantara temor de ideas violentosas en nuestros hijos e hijas, a los que tratan como si tuvieran las hormonas de vacaciones. Se pretende que chicas y muchachos son tazas de porcelana que se romperán si los exponemos a la realidad, y se los entregamos en papel de regalo a Movadef y Sendero. Para eso hay que tener la estupidez del pavo, además de cobardía. Termino transcribiendo otro poema de memoria, Invictus, escrito  en un Hospital por un Moribundo, el inglés William Henley. Este poema lo recitaba Nelson Mandela para sí todos los días, preso en Rodden Island, como calistenia de Resistencia:

Más allá de la noche que me cubre / negra como el abismo insondable, / doy gracias a los dioses que pudieran existir por mi alma invicta. / En las azarosas garras de las circunstancias / nunca me he lamentado ni he pestañeado. / Sometido a los golpes del destino / mi cabeza está ensangrentada, pero erguida. / Más allá de este lugar de cólera y lágrimas / donde yace el Horror de la Sombra, / la amenaza de los años / me encuentra, y me encontrará, sin miedo. / No importa cuán estrecho sea el portal, / cuán cargada de castigos la sentencia, / soy el amo de mi destino: / soy el capitán de mi alma.


IV
Teatro: Pedro Calderón de la Barca y La Vida es Sueño

Nunca he estado seguro de los clásicos españoles del teatro y de su pertinencia, debe haber buenas razones para que sigan en las currículas y planes lectores. Y eso que me gustan, pero como que les falta y les sobra. El Siglo de Oro de la Literatura Española debe recordarse y representarse, el teatro de entonces se hacía en verso y ello es ventaja, pero no encuentro en nuestras postmodernas épocas la pertinencia de esas preocupaciones, que me suenan medio al estilo de Primo de Rivera y la comunidad de destino. Y sin embargo, algo habrá para que sobrevivan tanto tiempo:


¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! / Apurar, cielos pretendo, / ya que me tratáis así, / qué delito cometí / contra vosotros naciendo / aunque si nací, ya entiendo / qué delito he cometido / bastante causa ha tenido / vuestra justicia y rigor, / pues el delito mayor / del hombre es haber nacido.


Estos versos de La Vida es Sueño, de Pedro Calderón de la Barca son fáciles de aprender, aunque lo suficientemente difíciles y complejos en su redacción – como con Espronceda – como para hacer interesante el aprendizaje. Tiene que haber algún nivel de dificultad para hacer interesante el aprendizaje, que así fue que aparecieron William Shakespeare, Jacinto Benavente, Henrik Ibsen y Darío Fo, en la dificultad. Como aquí:


Nace el pez, que no respira, / aborto de ovas y lamas, / y apenas bajel de escamas / sobre las ondas se mira, / cuando a todas partes gira, / midiendo la inmensidad / de tanta capacidad / como le da el centro frío / ¿y yo, con más albedrío, / tengo menos libertad?


Obsérvese que la redacción en este punto es recontra conceptista, nada fácil de comprender y con dificultad para una recitación adecuada, el registro poético requiere de pausas entre verso y verso que oscurecen la decodificación. Apuesto doble contra sencillo que la gran mayoría no entiende el sentido de estos diez versos, auqnue esto ocurra también con la poesía de François Villón, que mucha de ella se recita sin entenderla. Menos mal, cuando llegamos al final del parrafazo de Segismundo como que se nos aclara algo la cosa:

En llegando a esta pasión, / un volcán, un Etna hecho, / quisiera arrancar del pecho / pedazos del corazón: / ¿qué ley, justicia o razón / negar a los hombres sabe / privilegio tan süave, / exención tan principal, / que Dios le ha dado a un cristal, / a un pez, a un bruto y a un ave?


Y una vez más, apuesto doble contra sencillo que todo el mundo sabe lo que es la diéresis de la palabra süave, y se olvida del sentido del texto, que es de lo que se trata. Pues que si nuestra vida tiene lugar en el Sueño o en la Vigilia es pregunta universal, depende de qué creemos que es realidad. El no saber por dónde andamos o por dónde se enreda y desenreda nuestra vida, o cuál es la vida “verdadera” y cuál no; o si es que en el uno sí o en el otro no, es el tema más desconcertante posible que se pueda enfrentar, y es materia de los géneros de Terror y de Ciencia Ficción, entre otros. Y eso sin contar con la Filosofía: Para Platón la vida del hombre está entre tinieblas, la realidad es la que se muestra alegóricamente en la Caverna donde están las madres – los conceptos base, la verdadera realidad, cuya sombra percibimos en nuestras mentes - que Goethe plantea en el Fausto, así que la vida es una ilusión análoga a la de la maia del Budismo de la que nos liberamos en un eventual nirvana. Descartes hace partir su Discurso del Método precisamente de la duda del pensante sobre si está despierto o duerme, que en su acto de dudar halla el pensar, y en él la evidencia de su existencia y una verdad sobre la que fundar el mundo:

Sueña el rico en su riqueza, /que más cuidados le ofrece / sueña el pobre que padece /su miseria y su pobreza  / sueña el que a medrar empieza, / sueña el que afana y pretende, / sueña el que agravia y ofende, / y en el mundo, en conclusión, / todos sueñan lo que son, / aunque ninguno lo entiende.


Todo el argumento de La Vida es Sueño es poco más que una decoración del tema central: Segismundo en su calabozo como en la alegórica caverna de Platón, de la que una noche se le libera. El abuso de la libertad y aprovechamiento del poder. Nuevo adormecimiento y vuelta al calabozo, como si nada hubiera pasado, y donde, como Descartes, dudará de la realidad:


Yo sueño que estoy aquí / destas prisiones cargado, / y soñé que en otro estado / más lisonjero me vi. / ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.


Los motivos de Segismundo y los demás personajes son superficiales frente al encierro, y en realidad no importan. Hay reminiscencias del Libro de Job, con Segismundo como un Job despistado y menos enterado de qué va la cosa, y donde el Rey y Astolfo y Estrella son comparsas que enmarcan la experiencia de realidad / sueño de Segismundo, cuya reflexión es una decadencia sin apogeo: El pueblo depone al rey, libera a Segismundo y lo eleva al trono. Y la moraleja: Pórtate bien, que todo puede ser un sueño. Francamente, de catecismo. Qué hubiera hecho Shakespeare con este material, me pregunto. Pero Calderón de la Barca no carece de mérito como poeta lírico inspirado y excelente versificador. Como dramaturgo su reflexión me parece – lo digo con toda pedantería - primitiva: algo así como Dios te ve.

V
Colofón

Podemos hacer el ejercicio de ver qué textos nos impresionaron como para repetirlos de memoria o querer hacerlo, y ya que estamos en esto de repente te gustará la idea de anotarlos y tenerlos ahí presidiendo partes selectas de tu existencia, bajo la luna de un escritorio o pegados en una pared. Tú eliges: Lee lo que quieras, y cómo quieras.




CRÓNICAS DE LECTURAS – 31
Los Libros más leídos en el Perú y el Arte de Hacer la Finta – Primera Parte

I
Libros y Lectores … ¿Huevos y Gallinas?

A pedido de mis lectores continúo con el tema de los Libros más Leídos, esta vez en el Perú. Lo dijimos un par de Crónicas atrás: No es lo mismo “Libro más vendido” (Best-seller) que “Libro más leído”. Hay que repetirlo porque los interesados – es decir, los que tienen intereses en el tema – siguen creyéndose sus propias falacias. Olvidan, si es que alguna vez conocieron, el sabio consejo del pícaro Crispín de Los Intereses Creados de Jacinto Benavente: el entendimiento es la conciencia de la verdad, y el que llega a perderla entre las mentiras de su vida, es como si se perdiera a sí propio, porque ya nunca volverá a encontrarse o a conocerse, y él mismo vendrá a ser otra mentira. Llamar Chana a Matilde es engañarse a sí mismo, sobre todo si has tenido tu oportunidad con Juanita. Dentro de la poca de sabiduría que la Vida me ha acordado he notado que muchos razonan, valoran y reflexionan sobre los sustantivos que rodean su vida, a veces con gran acierto; pero ello sólo muestra sensatez y sentido común, la sabiduría está devaluada. Parafraseando a Bertolt Brecht: extraña es esta época donde a la simple sensatez se la llama sabiduría. Pocos reflexionan sobre los verbos que utilizan, sus significados y eventuales confusiones. Si dices “leer” pero entiendes “vender”, puede ser por diversas razones: La más amable es la ignorancia, otra igualmente amable es tu posible limitación cognitiva, y ambas se superan con voluntad y acciones como leer, dado el caso. Menos amable sería que para ti “leer” y “vender” sean axiológicamente lo mismo, pues así aceptas para ti la condición ético-moral del que pone los objetos sobre las personas. Para remate identificarías como iguales el ser con el deber ser, lo que habla mal de tu capacidad cognitiva. La dicotomía de Libros y Lectores no es, en consecuencia, análoga a la vieja paradoja del Huevo y la Gallina.

Pregunta retórica: ¿El libro más vendido es necesariamente el más leído? Y respondo de nuevo: NO. He estado tratando de averiguar algo más sobre Lectura en el Perú, buscando los indicadores correspondientes, preguntando a conocedores, mirando páginas web, viendo qué hay en el ministerio, y no es que no encuentre cosas, sino que estas cosas son como el sueño de muchos respecto a las verdades incómodas: Se hacen para quedarse en el gabinete del especialista y el archivo del archivólogo, listas y preparadas para seguir quedándose guardadas, y adecuadamente estibadas para el apolillamiento, no vaya a ser que alguien las utilice. Constatarlo me molestó tanto que disparé mi articulito Contra el Día el Libro. Porque aunque haya inacciones culpables de burócratas y de los así llamados especialistas, todo esto refleja opciones políticas y rasgos de ciertos sectores sociales. Cuando se encuentra uno ante cosas como estas solo queda la de Voltaire. Sobran listas de ventas provenientes de las librerías del medio, cuyos títulos más vendidos me hacen la sensación de pollos “beneficiados” colgados en un puesto del mercado (By the way ¿a quién se le ocurrió que sacrificar a un pollo es “beneficiarlo”? Debe haber una razón, que alguien me la explique). Y esto es todo lo que tenemos. No existe un cuadro de indicadores válido ni adecuado sobre Lectura producto de investigación, tampoco un cuadro de indicadores inválidos y mal hechos. No hay nada. Y a nadie le interesa que haya algo. No he encontrado nada comparable a lo hecho en los ´70 s, cuando el problema no era visible; o siquiera comparable a lo hecho en Colombia – que tampoco es tanto - en la primera década del siglo. La gente que sabe me dice que la data que tenemos es como la de la Policía Nacional, es decir ni indica ni refleja ni informa de nada, no posee ni validez ni confiabilidad. Así que en Lectura estamos como en delincuencia: Nadie sabe nada, y por eso se puede decir y se dice cualquier estupidez que suene bacán.

II
Preguntas malvadas / El Arte de Hacer la Finta

Por ahí sabíamos de la cifra de un libro al año por peruano “lector”, cifra desgradable e increíble. Me recuerda al cómico ambulante: Enseñarle un libro a un peruano es enseñarle la cruz a Drácula. La percepción de estos comediantes callejeros de stand-up es más real que la de las autoridades de nuestro país, pese a las buenas intenciones y los documentos oficiales que establecen una serie de políticas cuya aplicación no es visible: Que lo que necesitamos no son leyes ni reglamentos para que se vendan más libros y se aseguren las ganancias de las grandes editoriales, sino Políticas de Lectura, las que a la larga también beneficiarán a las Editoriales. Para ser amables: actuar sobre la Demanda, que la Oferta ya está harto favorecida. Las Bibliotecas ambulantes de modelo Clamart y otros a disposición son baratas hasta la inanición, y sus resultados convencerían de su costo-eficiencia hasta a nuestro Ministro de Economía, tan impermeable a todo lo que no sea ganancia inmediata y para quien la inversión pública no tiene que ver con la Educación. Por qué estamos así es para mí hasta hoy misterio insondable, como el de la materia oscura en el Universo.       

Encontré algo vetusto: algunos resultados de la Encuesta “Hábitos de lectura y ciudadanía informada en la población peruana - 2004”, ejecutada por la Biblioteca Nacional del Perú con la asistencia de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Ahora bien, me gusta hacer preguntas malvadas, que le quiten el sueño a los que deben perder el sueño: Pregunta número uno: ¿Por qué miéchica esta encuesta solamente se tomó una vez hace nueve años, y no se ha tomado otra vez? ¿A alguien le interesa? Yo pregunto y quiero que alguien me conteste: ¿ES QUE LA PREOCUPACIÓN OFICIAL POR SER UNA SOCIEDAD ANALFABETA E IGNORANTE ES CHAMULLO, LABIA, FLORO, FINTA? Los niños que tenían cinco años en 2004 tienen hoy catorce. Los de 17 años (15 cuando se administró la devastadora PISA 2011) tenían ocho añitos. Los niños de segundo grado que pasaron por ECE 2012 no eran ni anteproyecto. En el medio, dos años de gobierno de Perú Posible, cinco del Partido Aprista y casi dos del actual gobierno. Pregunta inocente número dos: ¿Se puede saber qué miéchica hizo el Gobierno Aprista con la Lectura fuera de eso que llamaron Alfabetización, los narcoindultos por “rehabilitación”, la municipalización para arrimarle los problemas a los concejos (fracasó, no se dejaron), y cambiarle el color a las Grandes Unidades Escolares para llamarlas Colegios Emblemáticos? Ojo que ellos reglamentaron el Plan Lector, cuya normativa se emitió en Julio 2006, pero la verdad es que eso no lo planearon, lo heredaron, y no creemos que les haya interesado mucho habiendo faenones más lucrativos. Pero tengo más preguntitas inocentes, algunas dirigidas a este Gobierno, así que no se me hagan los escandinavos: Preguntas Inocentes Números Tres y Más: ¿Por qué no hacemos más encuestas para compararlas con la del 2004?  ¿Qué acciones se llevan a cabo respecto a la Lectura? ¿Por qué la mejora del desempeño en comprensión lectora medida por la ECE 2012 es marginal? ¿Con qué instrumentos miden Lectura fuera del sistema educativo?


III
Los ricos también lloran, pero no leen


Esperaré con paciencia algunas respuestas, porque estas cosas no se hacen así de fácil, pero le regalo su chicle globo al que me chamulle los planes y en lo que andan de dos años a esta parte. En todo caso, y aunque nuestra data sea vieja como la abuela de la Blanca Nieves, los resultados de la ECE 012 revelan que todo anda más o menos igual, como la mona. La encuesta del 2004 no generó acciones visibles, y el que nada hace nada consigue. Examinemos la data: La población en capacidad de leer en 2004 era de 18,5 millones de almas mayores de 12 años y alfabetizadas, 74 % del total. Es decir uno de cada cuatro peruanos no leía, y eso se explicaba por el analfabetismo, que se atacó con PRONAMA. Reconozcamos el buen deseo. ¿Ya lo hicimos? El programa adoleció de la proverbial ineficiencia que el apra despliega en todo lo que no es faenón. Remito a:  http://memoriasdeorfeo.blogspot.com/2011/06/libres-del-analfabetismo-un-momento-por.html para explicaciones. De los peruanos que dicen leer, un 49 % juró por su madre que lee entre una a tres horas por semana. El promedio de libros leídos al año es un poco más de uno. En este punto me pregunto yo algunas cosas, como de qué tamaño es ese libro que se demora uno en leer de 52 a 156 horas; y a qué se dedica uno cuando no lee. Comparando el Perú de 2004 con la Colombia de 2005 – los colochos parece que no hicieron su investigación para salir del paso - encontramos que no manejan los mismos indicadores y eso hace difícil comparar.

Los varones dicen leer más en su tiempo libre que las mujeres, lo que es consistente con que tras la chamba el varón descansa mientras la mujer atiende a los “agotados” varones. En cuanto a los sectores sociales, por favor les pido que retengan este dato, porque lo voy a emplear después. Según la encuesta a la que nos referimos, agárrense …

Las personas con más recursos económicos y mayor Nivel Socio Económico …

SON LOS QUE MENOS LEEN.


Así es, no me he equivocado. No he tipeado mal. Estoy tan sorprendido y tan escandalizado como mis lectores. Claro que la encuesta es de opinión, no registra hechos sino opiniones, pero parece sospechoso que un 11 % del Nivel Socio Económico A declare leer como actividad de tiempo libre; y haga los mismo un 24 % del NSE B; y un 64 % del NSE C. Se me vienen Más Preguntas Inocentes, Dios nos ampare: ¿O sea que era cierto que los que la mueven en el Perú son brutos? ¿O sea que los surferitos no solo parecían sino que son? ¿Era verdad que cuando los paquetazos de Alan sacaron a los que no podían pagar en la U. de Lima, el promedio de notas bajó a la mitad? ¿No era solamente una percepción, requerida de corroboración empírica? ¿Tenía razón Jorge Basadre: las élites desertaron del interés nacional y de la inteligencia? ¿Tan Bruta era la Derecha Bruta? ¿O es que los más inteligentes entre ellos se han ido del país y los que se quedaron son los ignorantes? Ojo que esto último es un factor que los colombianos consideran para explicar su reducción en porcentaje de lectores. Si esto es cierto, estamos ante algo tremendo, una catástrofe social de grandes proporciones y de efectos imprevisibles: Porque ya vemos quienes nos gobiernan …

IV
Más Comparaciones

Aún estoy bajo los efectos del shock pero trataremos, como los Thundercats, de ver más allá de lo evidente: El 71,7 % de peruanos entrevistados urbanos dice leer, sólo 28,3 % rurales dicen hacerlo. La frecuencia es interesante: Lectura Diaria 29 %, interdiaria 32 %, fin de semana 30,4 %. El 91 % dice no necesitar que las instituciones lo obliguen a leer, lo hacen por propia cuenta y voluntad en ejercicio de su libertad. Claro que conociendo a las Instituciones lo único de lo que no podemos dudar es que cobran por el Título. Toda esta data nos lleva a una conclusión provisional: El peruano medio sabe que la lectura es positiva, pero igual no lee, aunque sepa hacerlo, aunque cuando menos decodifica. No ejerce, no ejercita sus capacidades lectoras. Esto es analfabetismo funcional unido al consumado arte nacional de Hacer la Finta. Si la data es correcta, erradicar el analfabetismo funcional y rescatar a los peruanos para la cultura escrita liquidando la finta de declarar que se lee cuando no se lee serían los ejes del Plan Nacional del Libro y la Lectura del Perú, que según tenemos entendido existe, aunque no lo vemos en acción. Quizá lo más sorprendente de todo es la ausencia de Indicadores de Lectura. Reitero mi solicitud a quien corresponda: Si hay cifras para el Perú, favor de indicarme donde están para ir a por ellas, asaltarlas con mis instrumentos de análisis y no tener que tragarme lo que ya me estoy tragando. Si no hay cifras, que quede claro que, como con la Generación NINI, el problema NO ESTÁ VISIBILIZADO, como pasa con casi todos los problemas que tiene la Educación en nuestra patria. Seguiremos tratando de todos modos de comparar, aunque se haga difícil pues los conceptos no parecen ser iguales del lado de acá que del lado de allá del Río Putumayo.

Habla el Cuadrito:  
Número de libros leídos al año por …
… los peruanos en el 2004
… los colombianos en el 2005
… los mexicanos en el 2012
… los españoles en 2012
… los alemanes en 2012

Menos de uno
4,5
2,93
7,5
12
Fueron textos escolares …
No hay cifras
El 46 % de la cifra anterior
No tenemos dato
No tenemos dato
No tenemos dato

Sospechamos notable diferencia entre los casi cinco libros que los colochos leen en promedio anual y lo que se lee en el Perú. La encuesta nacional de lectura de México del 2012 (Ellos sí las hacen: Aprendan, carajo) arroja 2,93 libros por mitra mexicana. Los españoles están en 7,5 y los germanos en 12, y eso que leen en alemán. Si esto no nos parece problema – y no nos parece, ateniéndonos al simple hecho que no hacemos nada al respecto – no sé qué lo será. Por otra parte, carecemos de cifras que nos informen acerca del impacto del Plan Lector, que de lejos parece ser la medida diseñada y puesta en ejecución de mejores posibilidades. O tal vez la única tabla de salvación que nos queda. Con que el Plan Lector se haya podido aplicar medianamente en la tercera o cuarta parte de las Instituciones Educativas del Perú ya tendría un inmenso significado, y creemos habría variado las cifras de manera significativa. Que alguien nos informe. Pero acá los medios se preocupan de Nadine Heredia y de cuanto les afectará el no estar en el ajo de la mamadera otro período presidencial. Que los peruanos lean, pa qué.

¿Qué leían peruchos y colochos en 2004 y 2005, y los aztecas en 2012? Hay grandes diferencias, pero observaremos que no son solo libros lo que se lee: Hay periódicos, revistas, diversos tipos de libros (los textos escolares son de enorme importancia cuando de lectura hablamos, representan casi todas las lecturas obligatorias), tanto de primera como de segunda mano. Nadie ha medido el impacto de la piratería en la lectura, o el peso de la lectura en pantalla de Internet y archivos; ni de las fotocopias, recurso socorrido ante el costo de los libros especializados en las universidades. Tampoco el peso de las Bibliotecas, la asistencia y los préstamos de libros. Cuando se les pregunta a los peruanos, éstos manifiestan haber leído absolutamente de todo, y no me extraña que lo digan, porque hay que quedar bien, la imagen ante todo. Pero sería de interés saber cuántos de nuestros jóvenes ven TV, y cuántos están enganchados en esos programas de gran factura educativa y formadora de valores que son Combate, Esto es guerra y demás estupideces por el estilo. En México las cifras son de 41 % a la TV, contra 12 % a la lectura. Ojo que los mexicanos están muy preocupados porque la gente les deja de leer, y no me parece nada raro, porque los que más leen se van a los Estados Unidos que lo tienen allí nomás. La mitad de los niños y jóvenes mexicanos no conoce ni el letrero de una Biblioteca, y el 61 % dice “no tener tiempo” para leer. ¿Cuáles serían las cifras peruanas, considerando que en México se lee el TRIPLE que en el Perú? 

V
Un Colofón

Tengo la horrible sensación de que una hipótesis que me parece puede ayudar a explicar el marginal avance en Comprensión Lectora en ECE 2012 es que leer no se percibe como útil para mejorar la calidad de vida, así como no se ve la utilidad del cartón universitario para manejar taxi. Vale decir, no importa que leas, lo que importa es la plata. No he acabado con este tema, viene la segunda parte: El que tenga Ojos, que Lea.





CRÓNICAS DE LECTURAS – 32
Los Libros más leídos en el Perú y el Arte de Hacer la Finta – Segunda Parte

I
Esto es Guerra

Estoy más amargo que Angostura, y pido disculpas a mis amadísimos y jamás bien ponderados lectores que me soportan las adolescentadas. Titulo esta parte con el nombre del bodrio televisivo ese denominado “Esto es guerra” porque es en efecto una guerra contra la inteligencia, y no diré por la estulticia, porque pueden confundirla (a la estulticia) con un animal de la misma especie que el archipiélago. Más grave sería si no fuera porque estos manganzones besucones que producen plata para sus productores con las hormonas que les despiertan a tanto muchachito aguantado, se presentan como paradigma de la tontera y la ignorancia como modo de ganar rating, lo que una vez más nos demuestra donde guarda cierta gente sus valores. En fin. Lo fastidioso es que estos programas culturosos se dirigen a niños y jóvenes. Menos mal en muchos colegios están tomando medidas con los padres de familia para evitar que la estupidez se contagie. En cuanto a la lectura, y para ver el asunto desde otro lado, hoy es muy probable que sean los escolares los que más leen en el Perú. Extrapolando cifras de otras latitudes latinoamericanas, probablemente más de la mitad de la gente que lee en el Perú lo hace POR OBLIGACIÓN. Es digna de contarse la anécdota del profesor que trataba de impresionar a su capacitador (que daba la casualidad que era yo), y para ello presuntamente “ayudaba” a un alumno suyo a recitar el famoso poema Blasón, de José Santos Chocano … con el pequeño problema que lo conocía imperfectamente y todas las correcciones que le hacía al alumno estaban equivocadas. Cosas del Orinoco.

Como el periodismo nacional según parece tiene por Misión fundamental en la vida apuntalar a los que la mueven, cobrar sus sueldos y hacer el ridículo conceptual, busca la información sobre Lectura en las Librerías El Virrey, Crisol e Iberoamericana. Por cierto, ahora entiendo por qué, pues si el NSE A no lee no puede corregir, los patrones son burros con plata. No criticaré a los vendedores de libros, ellos están al final de una larga fila de entes oligopólicos e intereses comerciales, y su situación es más bien desesperada. Pero es bastante obvio que: Uno, sus listas no son de los que más leen sino de los que más venden, Y Dos, los que compran son un grupo pequeño de lectores, que provienen principalmente del NSE A, que tiene plata para comprar – aunque en el 2004 solamente uno de cada diez acostumbraba leer – y del NSE B, que aunque casi triplica en número al NSE A, tiene menos plata. Es decir, lo que venden las Librerías es poco representativo de lo que leen los peruanos.  ¿O creeremos que los autores que más se leen en el Perú son John Grisham, George R.R. Martin, Tzvetan Todorov, Jeff Kinney, Isabel Allende, Stephanie Meyer, Mario Vargas Llosa en Ficción; y Pilar Sordo, Alan García, Elaine King, Inés Temple, Renato Cisneros, Steve Jobs en No Ficción? De Isabel Allende y Vargas Llosa sí me la puedo creer. De los otros …

II
Las dificultades para leer: Lo extrínseco

En muchas cosas solamente podemos hacer hipótesis más o menos razonables, y confiar en nuestra buena suerte o intuición, porque no hay data y no queda más remedio. Siempre me he preguntado si retener la información no dará cuenta de una suerte de fase anal en el desarrollo social de nuestras clases dominantes, de donde podríamos extrapolar esa especie de ansia u obsesión por retener una información que podría ser utilizada en uno u otro sentido. Sumamos esto a la ignorancia que vemos se desenrollaría por ahí, y parece que después de todo Antonio Gramsci tenía razón en sus Cuadernos acerca de la hegemonía cultural y todo eso. Pero estamos tratando de averiguar qué pasa con la Lectura en el Perú y qué Libros se leen. Y esto pasa por el para quiénes se editan los libros. Y no he dicho para quiénes se escribe, porque eso es el escritor y no la editorial, que es la que en verdad decide. Para editar algo hay que pasar por mucho, el talento no basta, puede incluso ser un estorbo. Así, no podemos guiarnos por las listas de ventas, que apenas hablan de quienes menos leen. Si es verdadera la data que tenemos, el NSE C es el que más lee, y puede que sea porque se han comido el relato de que quien estudia triunfa. Entonces cabe preguntarnos qué lee, lo que nos lleva en línea recta a las lecturas obligatorias y a la piratería. Las tendencias más o menos normales entre los lectores dependen de los hábitos lectores. Ignoramos el peso de la lectura obligatoria, la que se hace en colegios, universidades y otras instituciones educativas, que abarca a los textos escolares, los textos universitarios y una parte muy sustancial de las fotocopias y la lectura por internet. Es un secreto a voces que la Bibliografía de los Cursos de pregrado, maestrías y demás es básicamente un saludo a la bandera. Una maestría promedio no requiere de más de un 15 % de las lecturas “obligatorias”, mucho más importante es satisfacer la boleta de pago cuando de obtener el cartón se trata. Preguntarle a los profesores cuánto leen sus alumnos, o a los alumnos cuánto leen ellos mismos, con absoluta seguridad nos arrojará cifras infladas, nadie te va a decir que no lee. Vale decir, las cifras de Lectura Obligatoria deben ser tomadas con pinzas.

Aparte del hecho de que la utilidad misma de leer está relativizada incluso por los que se supone deberían fomentar la lectura – no hace mucho el alcalde de una ciudad del norte del Perú y propietario de una Universidad dijo a sus egresados de cierta Facultad que él no leía y menos escribía - existen dificultades cuya resolución naturalmente fomentaría la lectura. Estas dificultades para leer pueden clasificarse en dos: Las exteriores al acto de la lectura y las propias del acto de la lectura. Respecto a las primeras, la encuesta colombiana del 2005 nos da un resultado muy previsible, que nos hace pensar en la pertinencia de una encuesta para averiguarlo, aunque sea lo correcto:


La razón principal por la que en Colombia no compran libros
 es que no tienen plata para comprar libros.


Hay que recordar que los colochos habían empezado a averiguar sobre esto en el 2000, la encuesta del 2005 evidenciaba que disminuía el número de lectores habituales, la lectura de libros, el número de libros leídos (en un tercio), y el tiempo dedicado a la lectura. Estos resultados se extrapolan fácil a nuestro país, en especial por lo volátil que resulta el tema. Los libros son algo muy bueno, pero no se pueden comer ni siquiera los de gastronomía, y uno puede vivir sin leer, pero no sin comer.  Esto significa que si necesito la plata para comer pues no compraré libros. Economía elemental, aunque no sabemos si entre los 250 y tantos soles que según se dice cuesta cada mes salir de la pobreza está incluida la compra de libros. No lo creemos. Suena a descubrir la pólvora, pero el principal motivo por el que no se lee es la pobreza. Y es que lo que ocurre allá abajo – ser pobre – se refleja allá arriba en los niveles de emigración de los que leen, que son más cultos y despìertos, y que en consecuencia toman la inteligente decisión de irse: Es una verdad horrible de decir, pero no por eso menos verdad que educamos para equipar a otras sociedades con nuestros mejores y más capaces ciudadanos. Nosotros hemos estado manejando esta intuición – apoyada en nuestra experiencia y poca o mucha sapiencia – a guisa de hipótesis para nuestro país en relación a todo el sistema educativo. Podríamos considerar que la comprensión y hábito de lectura y su alta labilidad puede ser, como en Colombia, un indicador para reflejar la correlación entre los mejores lectores y los emigrantes. Sería muy interesante decir en alta voz cuántos años de escolaridad tienen en promedio los emigrantes de nuestro país, y correlacionarlo con la edad y con la capacidad de comprensión lectora.

Si la plata es un factor tan esencial, podemos provisionalmente concluir en que la mayoría de lo que los peruanos lee son textos de bajo o ningún costo, y ello explica la profusión de la piratería y la masiva bajada de e-books (Dos fenómenos que tendrían correlación), entre otras cosas. Obviamente los libros de difusión gratuita estarán entre los que más se leen. Y el principal es la Biblia, que los peruanos manifiestan en la encuesta del 2004 ser el libro que más leen, con un 20 % de menciones, es decir, uno de cada cinco lectores por lo menos.   

III
Las dificultades para leer: Lo Intrínseco

Ya hemos visto que la falta de plata es un factor esencial en este tema de leer / no leer. Pero algunos especialistas de aquellos que ni se chupan el dedo ni se comen la finta que los peruanos somos tan duchos en vender, han identificado las principales dificultades de comprensión lectora, que trataremos de resumir y ejemplificar:

Dificultades para penetrar en el texto como unidad de significados relacionales. Se lee la forma del lenguaje, no el significado del texto, al que no se le encuentra la continuidad semántica de sus diferentes secciones. Es decir, los peruanos no tenemos estructuras cognitivas previas capaces de integrar nuevos textos, nos faltan saberes previos, es como leer a Heidegger sin saber qué es Filosofía.
  • Dificultades para interactuar con la propuesta de organización textual realizada por el autor del texto. Los peruanos leemos basados en nosotros mismos, no comprendemos los esquemas de un autor, ni tratamos de captarlos. En la línea postmoderna ingenua, nuestras ideas se valoran iguales a las de Einstein o Russell. La adicional dificultad para captar lo que el autor del texto quiso decir, y la interpretación relativista del significado, hacen de la lectura una actividad subjetiva, en la que la comprensión es aleatoria.
Dificultades para identificar las ideas más pertinentes que globalizan la información del texto y la manera como el escritor las ha puesto en relación una con otras a través de una estructura retórica determinada. Vale decir el lector peruano no sabe extraer las ideas más importantes de cada unidad significativa (oración, párrafo, apartado, acápite, capítulo, sección), ni puede establecer la relación que existe entre unas y otras. Todo es lo mismo, se carece de métodos para distinguir conjuntos y subconjuntos de ideas.
Dificultades para comprender los contextos situacionales, la situación de enunciación que genera el texto y que posibilita identificar los propósitos del autor en relación con el lector: convencer, informar, persuadir, seducir. Es decir, el lector peruano no capta la intención, el para qué se escribe el texto, y puede ser fácilmente manipulado con respecto a su significado, al no poder diferenciar hecho de significado, ni opinión de verdad verificada. Entiende que si algo está escrito es verdad, otorgando carácter semidivino o metafísico a lo escrito.
Dificultades para tomar distancia y autorregular el proceso de comprensión. Es decir el lector peruano no es capaz de mirar su propia comprensión metacognitivamente, como proceso separado. No sabe qué hace cuando lee, y por eso suele suponer que decodificar ya es leer, y que los procesos cognitivos asociados a la lectura son automáticos y no precisan de mayor esfuerzo cognitivo de su parte.
Dificultades para identificar las diversas voces que se construyen a través del texto: la heterogeneidad enunciativa. Vale decir, para el lector peruano todo protagonista da lo mismo o quizá deberíamos decir que es el mismo. Las citas e intervenciones de diversos personajes están en el mismo nivel, en un solo paisaje valorativo, sin roles ni jerarquías ni posiciones distinguibles. El puente de los asnos – o cuadro de oposición de Boecio - de las proposiciones, o algún equivalente, es desconocido.

A la luz de un ligero análisis de las dificultades intrínsecas y extrínsecas en el acto de la lectura por parte de los peruanos, podemos llegar a algunas hipótesis plausibles:

Lo que los peruanos quieren leer tiene dos características fundamentales:

Uno, Ser gratis (o barato);

Dos, Ser fácil de leer (no presentar dificultades cognitivas).


Es decir, se aprecia lo gratuito y lo fácil, como lo sabe cualquier profesor que haya trabajado en cualquier nivel educativo, en particular el universitario. Si pudiéramos mirar el monto de las ventas piratas podríamos hacernos una idea más o menos objetiva, pero son piratas pues, así que no hay cifras. Miremos entonces, a falta de mejor data, las cifras legales, que pueden dar alguna pista: La Cámara Peruana del Libro representa a las editoriales, y considera las ventas del 2012 como muy buenas: S/. 556 millones, desagregados en S/. 359 milloncejos en textos escolares; S/. 115 millones en “interés general” y S/. 30 millones en colecciones y ventas de libros a plazos.  Entre los diez primeros best-seller del año están, según la CPL, Pido la Palabra y Pizarro, el rey de la baraja. Política, confusión y dolor en la conquista, ambos de Alan García Pérez. Dudamos que las cifras piratas equivalgan a las legales en este caso; ya que nosotros, habitúes de Amazonas y Quilca, hemos visto más el segundo título que el primero. Por otra parte, considerando al lector peruano promedio, tal vez no sea tan bacán ser el más leído. Un fenómeno lector que observamos es que el best-seller se va convirtiendo en fast-book, con un soporte visual intercambiable en forma de película. Vale decir, se lee menos la totalidad del best-seller, al tener opción de espectar la película pirata en caso que sea difícil o poco rentable leer el libro. Las ventas de los libros de Harry Potter o de la saga de Crepúsculo deben haber sufrido mucho por este hecho. Esto es una experiencia que viví en lo personal como profesor universitario de Lógica y Filosofía cuando traté que mis alumnos leyeran El Mundo de Sofía. Una cantidad apreciable trató de sustituir la lectura con el visionado de la película, con la frustración consiguiente.

IV
Tratando de hacer una Lista, no la Finta

Nuestra lista la basamos en intuiciones e hipótesis más o menos de sentido común. La primera es que como el principal lector peruano es el del nivel socioeconómico C, es muy probable que sus lecturas sean las que puede procurarse gratuitamente o a precio huevo, a través de Internet, piratas, universidades, colegios y Bibliotecas; es decir bajando e-books por Internet, fotocopiando libros de Bibliotecas y/o por alquileres a costo marginal. El lector peruano no es un comprador de libros nuevos, más bien es cliente de las editoriales e impresores piratas y de las librerías de viejo. Claro que en esto hay que tener cuidado porque los Piratas serán Piratas, pero justo por eso no son bobos, y sus precios son de oportunidad: En los últimos años aumentan precios y mejoran marginalmente la calidad, y como sus costos son los mismos de siempre, amplían sus márgenes de utilidad, ni más ni menos que las editoriales firmes, formales y legales. Entre los libros más leídos tienen que estar entonces aquellos que se encuentran fácil, y con seguridad los que se obsequian. Piénsese en la revista Atalaya de los Testigos de Jehová, cuya difusión gratuita bajo puerta le asegura una lectoría envidiable. El libro más importante que cumple este requisito es nada más y nada menos que la Biblia, libro que uno de cada cinco peruanos lectores confiesa leer. Muchas de estas Biblias se emplean en confesiones religiosas que dan gran valor a la palabra de las Sagradas Escrituras y propugnan el Libre Examen, de donde me parece que podríamos decir sin temor a error que un porcentaje apreciable de lectores de la Biblia son conversos del catolicismo a las iglesias evangélicas o a otras denominaciones cristianas.        

Dado el peso de la lectura obligatoria en la Escuela y la Universidad, es posible suponer que entre las lecturas más socorridas están las asociadas a la currícula de primaria, o a lecturas más o menos comunes de infancia. En tal sentido habría ciertos títulos difundidos como cuentos o novelas para niños, tales como Pinocho de Carlo Collodi, Corazón de Edmundo D´Amici o Paco Yunque, de César Vallejo, que hemos encontrado fotocopiados en colegios de zonas rurales. Los Libros para Niños tipo Blanca Nieves o Caperucita Roja, de Grimm, Anderssen y Perrault, parece se les conoce en las variantes de Walt Disney, aparentemente populares en sus soportes de películas y televisión. Me sorprende que las Editoriales vinculadas a diarios no se hayan arriesgado con Cuentos Infantiles, en mi opinión – puramente mi opinión, no está garantizada ni respaldada con nada – no tendrían pierde. Y ya que hablamos de Editoriales, es obvio que entre lo más leído en el Perú hay muchos libros editados y vendidos por estas editoriales, y cuyos sobrantes es fácil encontrar en librerías de viejo o piratas – muchas veces las mismas. Esto abarca muchísima literatura, cuyos primeros libros casi siempre eran los ganchos para asegurar cierto nivel de ventas posteriores. Hay que incluir en esto muchos libros que aparecieron originalmente en colecciones de las editoriales Oveja Negra, Orbis, Sarpe, epensa, RBA, Planeta-De Agostini, empresa editora el comercio y otras, cuyos remanentes se encuentran en las librerías de viejo, junto con los de esfuerzos editoriales más antiguos todavía y que a veces aún se encuentran, como Populibros Peruanos y Peisa. Los fascículos de colecciones como Así Fue la Segunda Guerra Mundial, Historama, Geografía Universal ilustrada, Historia del Pensamiento, Enciclopedia de los Animales, etcétera, casi todos de Planeta – De Agostini, Hyspamérica o Abril – Noguer – Rizzoli, registran aún alta demanda, aunque están siendo rápidamente desplazadas por Internet. También encontramos libros y fascículos asociados, como en Historia Universal de la Literatura o Historia de la Literatura Latinoamericana, ambos de Oveja Negra. Resulta difícil decir qué títulos se colocaron más, una buena hipótesis sugiere que los primeros empleados como ganchos son los que se vendieron y se venden más. Los profesores como grupo, en particular los de comunicación, conformaron un sólido grupo de coleccionistas de títulos y fascículos literarios, con lo que accedieron a éstas a un costo de otro modo prohibitivo. Se añaden las ediciones de Geografía e Historia Universal y del Perú, más modernas, hechas por empresas editoras de diarios, en especial El Comercio y El Trome, donde encontramos a autores como Kaulicke, Holmquist o Rostworowski. Muchas de las obras que mencionaré se publicaron masivamente por estas editoriales.

Nuestras intuiciones seguro son sesgadas, inadecuadas e incompletas. Hay autores y libros que no se nos ocurren y que seguro son conocidos y leídos. No considero cuentos para niños, textos escolares, almanaques, libros editados en provincia. Mi sesgo es nacional, tiendo a pensar que se lee más lo literario, político, histórico o ensayístico producido en el Perú, lo que no tiene que ser cierto, aunque con la Biblia, El Principito y los 20 Poemas no tengo pierde. No menciono a Jorge Basadre y a su Historia de la República, dudo que esté entre lo más leído. No considero textos escolares, seguramente cometería serias omisiones y no pocas injusticias. Cada lector puede hacer su propia lista, estoy abierto a sugerencias.
La Biblia
Definitivamente el libro que los peruanos más leen … ¿Que más leen? Firmes, creo que decir leer por consultar no da lo mismo. Pero por otra parte probablemente es el libro más comentado y puede que aplicado, lo que tiene su peso. Contiene bastante de la mejor literatura universal. Vean al respecto mis Crónicas de Lecturas Números 18, 21, 22, 23, 24, 25 y 29. 
El Delfín
Este librito de Sergio Bambarén, escrito se diría en la cresta de la ola, es fábula de autoyuda, muy parecida a Juan Salvador Gaviota de Richard Bach. Sus ediciones han sido numerosas, de las legales y de las otras, y se le encuentra en muchos Planes Lectores, a ello podría deber el puesto que le estamos otorgando. 
Tradiciones Peruanas
Ricardo Palma. Tal vez el libro más representativo del Perú, posiblemente por llamarse peruano y por haber resistido victoriosamente la prueba generacional.  La forma “tradición” es específicamente peruana, y a pesar de las imitaciones nacionales y extranjeras está asociada a Palma de modo indisoluble. Es muy fácil de encontrar en ediciones baratas nacionales y extranjeras, y me arriesgo a creer que está en todos o casi todos los Planes Lectores.
Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
José Carlos Mariátegui, a despecho de su nieto, menos brillante, es probablemente el ensayista más leído del Perú, sin embargo es víctima principal de la campaña de embrutecimiento de la población, a fuer de socialista. Pero su difusión se puede atribuir al trabajo editorial constante de sus descendientes desde la editorial y librería Minerva, que permitieron que, como se dice en Fahrenheit 451, haya muchísimos peruanos que lo podrían incluso repetir de memoria. Por las mismas editoriales razones otras obras de Mariátegui han conocido el estrellato, como por ejemplo Peruanicemos al Perú.
El Principito
Antoine de Saint Exupéry creó un libro pequeño, de texto sencillo y sin complicaciones, dirigido a niños y adultos, con ilustraciones, emotivo, barato, fácil de fotocopiar, duplicar y piratear. Es casi imposible no encontrarlo en hogares y colegios.
Cholito en los Andes Mágicos
Oscar Colchado. Este libro para niños además de hermoso y bien contado, es probablemente el que está más difundido en todo el país. Un esfuerzo de su autor para felicitar.  
La Ciudad y los Perros
Mario Vargas Llosa. Los libros de nuestro Premio Nobel se pueden encontrar en todo el Perú. Éste en particular ha estado en la cresta de la ola desde que apareció – fue quemado incluso, se dice – y se ha hecho de él una exitosa película. Me parece que ha sido muy leído, además por haber estado hace decenios en circulación y en los planes lectores de los colegios. Es posible que otras obras de Vargas Llosa como Los Cachorros o Conversación en la Catedral estén en una situación parecida.
Historia del Tahuantinsuyo
María Rostworowski. Se ha convertido en clásico de la Historia Peruana con muchas ediciones y reediciones – y su versión pirata, por supuesto. Un soplo de aire fresco en la Historia peruana. Debería leérsele mucho más, en particular en los planes lectores.
Poesía
César Vallejo Nuestro poeta más grande está en todas partes, básicamente porque es fácil encontrar su poesía, los poemas son de corta extensión, y todo el mundo se sabe alguno de estos: Masa, Los Heraldos Negros, Piedra Blanca sobre una Piedra Negra, Los Dados Eternos, etcétera. Y eso que alguno por ahí lo quisiera sacar de circulación por “deprimente”. Hay que ser. Al Cholo Vallejo no me lo toca nadie.
Comentarios Reales de los Incas
Inca Garcilaso de la Vega (Gómez Suárez de Figueroa): A los hijos de español y de india, o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en Indias; y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él. Más que fuera por esta frase se merece estar en el grupo. Fue uno de los primeros libros escritos sobre el Perú por un peruano, se le ha editado muychísimas veces, y tiene largo rato circulando. Extraordinariamente conocido, pero no tan leído como debería serlo. Como fue prohibido por temporadas, con seguridad entonces fue más leído que nunca. Y que hoy, me atrevo a decir.
Agua
José María Arguedas. Como los libros de Vargas Llosa, es fácil encontrarse en todo el Perú con los libros de Arguedas. Agua es cortita y muy cercana  a la sensibilidad andina y peruana. Sin embargo, obras como Todas las Sangres, El Sexto y El zorro de arriba y el zorro de abajo podrían estar en este caso, pues son fáciles de encontrar en librerías, hogares y colegios. Como Vallejo o Mariátegui, es probable que sea más fácil encontrarlo en provincias que en Lima, y más en el Sur que en el Norte.
Redoble por Rancas
Manuel Scorza. Una obra esencial, no solamente por su fondo “real-horroroso” basado en acciones de invasión de tierras reales y concretas y con personajes verdaderos como Genaro Ledesma y El Nictálope; sino por su forma de “balada”. Scorza manejó un esfuerzo editorial en el que Redoble por Rancas fue el espolón, pero que permitió también publicar sus continuaciones: Garabombo el Invisible, El Jinete Insomne, Cantar de Agapito Robles, La Tumba del Relámpago.
El Mundo es Ancho y Ajeno
Ciro Alegría es uno de los primeros autores que muestra de manera humana y realista el mundo andino y lo hace inteligible a los criollos costeños. Rosendo Maqui es un personaje entreñable de la literatura peruana.
Un mundo para Julius
Alfredo Bryce Echenique. Posiblemente uno de los libros más leídos de un novelista peruano. Ha gando no sé cuantos premios, y fue el primer libro que me leí en la Universidad con afán científico social exploratorio. El resto de su obra francamente no me inspira los mismos sentimientos.
La palabra del mudo
Julio Ramón Ribeyro. El cuentista peruano más conocido y más alegremente iconoclasta. Considerado deprimente por los mismos que se quieren tirar a Vallejo, y no me extraña, porque dice la verdad. Quizá el mejor de sus cuentos – según el prestigioso crítico que soy yo - sea Alienación, que se lee en todos los colegios secundarios de Lima.
Pájinas Libres / Horas de Lucha
Manuel González Prada. Ensayos iconoclastas del escritor más iconoclasta que ha tenido y tiene el Perú. Levanta polémica hasta hoy, y donde él pone el dedo sigue saltando la maloliente pus de la corrupción y la desidia. Es precursor de Haya y de Mariátegui.
El Antimperialismo y el Apra / Treinta Años de Aprismo
Víctor Raúl Haya de la Torre. El indudable arraigo del Apra por décadas en el Perú determina que las obras principales de su Jefe y principal ideólogo hayan tenido un mercado cautivo desde siempre. Además en las Universidades se les ha leído muchísimo como textos explicativos de la doctrina aprista.
20 Poemas de Amor y una canción desesperada
Pablo Neruda. Editado hasta la náusea, pirateado hasta el vómito, y conocido y recitado por todo enamorado y enamorada por décadas. El poema 20 es el más conocido, obviamente, hasta el extremo de opacar los otros 19 más la canción desesperada. Honor que le hacemos al Grande Premio Nóbel chileno, del que deberíamos conocer más sus Alturas de Machu Picchu.
El Otro Sendero
Hernando de Soto, & Juan Carlos Tafur y Mario Ghibellini (Si la memoria no me engaña). Añadido agónico, porque casi me lo olvido. Es indudable la influencia que tiene este libro y aunque no estoy seguro de si sus ventas y bajadas por Internet lo justifican, en todo caso entiendo que se merece un lugarcito en este Parnaso.


V
El Otro Colofón

Confieso que tras haber escrito esta Crónica en dos partes me sigo sintiendo más amargo que tres pomos de Angostura bebidos sin respirar. Me molesta porque se supone que mis Crónicas tienen más que hacer con lo bacán que es leer, con inducir la lectura, con aclarar conceptos en torno a ella, comentar libros y otras cosas y contar en risueño algún que otro hecho. Así que sacar la bilis, que en mí es sarcasmo e ironía sanguinaria, tampoco es lo que quiero. En todo caso igual, porque ya la escribí y así la publico: El que tenga Ojos, que Lea




CRÓNICAS DE LECTURAS – 33
Leer Novelas de Aventuras
I
Adolescencia y Aventura

Dicen los editores que las novelas de aventuras siempre tienen mercado, y este mercado es de adolescentes. Para los que aún no saben, la adolescencia es una enfermedad cuya única cura es el tiempo, se le suele comparar con una botica abandonada por aquello de que no tiene remedio. Dada la condición incurable, sólo se puede mejorar la calidad de vida del entorno familiar, pues el paciente vive muy cómodo esta enfermedad. El entorno social combate el carácter endémico de la adolescencia con dosis masivas de tranquilizantes, pues aunque los papis padecen en vivo y en directo la adolescencia de sus hijos, la sociedad en su conjunto padece todo el rato un gran número de adolescentes en acción. Desde lo fisiológico dícese que la adolescencia arranca con ciertas hormonas operando a lo loco, lo que se traduce en los llamados “adolescentes”en desajustes, movidas, desadaptaciones y permanente sensación de tener un rascapié en salva sea la parte. Por ello actúan de una manera más o menos enervante aproximadamente todo el tiempo. Entre otras cosas se ha detectado en los adolescentes el deseo de vivir aventuras, cuando menos si son sanos y normales. En apariencia esto no es del todo posible sin desajustar sin remedio el tejido social, como puede observarse en nuestro vecino Chile con el tema de los educación, lo que no se ve tampoco como particularmente conveniente, con lo que entonces trátase de sustituir la movida con de placebos, algunos de los cuales son denominados historias de aventuras.

Este rasgo aventurero de la adolescencia de todos los tiempos se refuerza con la cultura visual, que matiza si no sustituye al texto escrito. El género de aventura vende como pan caliente, necesita producir material excitante y ya no basta el socorrido recurso de editar la acción a velocidad supersónica. Los argumentos pesan y cuentan para producir guiones, y la cultura visual depende en enorme medida de los clásicos de aventuras para construir blockbusters en los diferentes soportes y mercados, para ganar copiosa audiencia adolescente y hacer plata como cancha. El cine y la tele de aventuras sustituyen al texto escrito, con el efecto colateral aprovechable de desplazar el polo lector al hogar. Claro, eso si los papis están en la nota aventurera y en las dinámicas visual y lectora, lo que les exige estar vivos y actuantes. Se trata de poner coto a la personalización de la pantalla, de modo que no se llegue al extremo ludópata, y chequear bien chequeados esos video-juegos de aventura, como Zelda, Warcraft y unos cuantos miles más. La diferencia entre video-juegos con cine, TV y libros está en la interactividad, que exige distintos y mayores compromisos neuro-musculares.

Pero lo que no cambia es la trama, el guión, el argumento, el movimiento, lo que pasa, ocurre y acontece en el libro, la película, el programa de televisión o el video-juego. De ahí que resulte importante revisar siempre los parámetros de la novela de aventura, que no es nada vetusta como se cree a veces, ni se ha muerto. Por el contrario, los argumentos tienden a repetirse y encontramos en lois libros la mayor parte de lo que hay en manga, video-juegos, cómics, películas o series. Así que, papis y mamis, ustedes no están quedados sin remedio. Por el contrario, es más que probable que ustedes sean los expertos en el tema este de las aventuras. Les comento que así me pasa con mi hijo Alejandro, un artista del manga, con el que discuto los códigos literarios de la aventura, que él entiende mejor que yo.  

II
Los Tres Mosqueteros / Veinte Años Después / El Vizconde de Bragelonne
(Alejandro Dumas padre).

Se recuerda poco en estas épocas que los editores españoles y latinoamericanos solían hasta no hace mucho pedirle a los obispos católicos un checking del texto que publicaban, dando fe que su contenido no chocaba con las verdades promovidas por la Santa Religión Católica, Apostólica y Romana. Cuando era el caso aparecía en las primeras páginas el Nihil Obstat (Nada Impide), que indicaba a los católicos que podían leer el libro sin riesgo para su salvación eterna. Los editores más acuciosos añadían al Nada impide el Imprimátur (Imprímase), sutil orden, no sólo permiso, de lectura. Esto constituía un auspicio de la autoridad eclesiástica, lectura no sólo permitida sino casi impuesta a través de la sacrosanta Que se Imprima. Supongo que los editores estaban felices por los lectores que se sentían autorizados por su Iglesia para ejercer la lectura y por ende comprar el libro. Los libros que ostentaran el Imprimátur serían lectura casi edificante según la jerarquía eclesiástica, casi obligatoria para los que sujetaran su juicio al de la jerarquía. Allá al fondo acechaba el Índex Librorum Prohibitorum, lista de libros a los que ningún católico debía acceder sin arriesgar su salvación eterna, según criterio de los censores. La Iglesia Católica ejercía la censura no prohibiendo sino desaconsejando ciertas lecturas. Ustedes dirán que a qué cuento viene esto de la censura respecto a Alejandro Dumas y las aventuras de Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan en Los Tres Mosqueteros y sus continuaciones. Lo diremos con claridad de agua bendita: La mayor parte de las ediciones de Los Tres Mosqueteros en castellano se censuraron y mutilaron. Partes enteras figuraban en el Índex, en especial las que sugerían o relataban las aventuras sexuales de Milady con Athos y D´Artagnan, al marido de Constance consintiendo en la sacada de vuelta de ésta con D´Artagnan, así como las que simpatizaban con los Hugonotes protestantes. Y esa fue la primera versión que leí, concentrada en las aventuras de D´Artagnan y sus compañeros, pobre en la intriga y sugerente que la ejecución extrajudicial de Milady por los Tres Mosqueteros, Lord de Winter, los lacayos y el verdugo de Lille se justificaba en el pecado de Milady, el ser ligera de cascos y mala esposa del Conde de la Fère.

La primera vez que leí Los Tres Mosqueteros tal como la escribió Dumas yo ya andaba por mis treinta años, y era otra cosa de lo que había leído en mi niñez. En España e Hispanoamérica muchísimas obras literarias fueron censuradas y mutiladas por el control eclesiástico apoyado en el autoritarismo franquista español y de sus aliados conservadores en América Latina. Los editores fueron víctimas, pero también en algo cómplices, y dicho esto, podemos continuar con Los Tres Mosqueteros y sus continuaciones tal como fueron escritas. Las aventuras de D´Artagnan, Athos, Porthos y Aramis; no se escribieron para jóvenes, sino para el público adulto francés, que los editores de la Tercera República veían ansiosos de leer sobre la vida de antes de la Revolución Francesa. Estas novelas no ocultan nada, y lo que me permitió descubrir este asunto de la censura fue que me leí Veinte Años Después, continuación de Los Tres Mosqueteros, y era tan buena que parecía de otro autor que el de Los Tres Mosqueteros. En la práctica los editores hicieron puré de Los Tres Mosqueteros, y eso que leí ya no era Dumas. La edición de Oveja Negra a la que accedí era tres veces más grande que la que leí antes, y mostraba la realidad del liberal sexo de entonces, la discriminación a los gascones, las jesuitas hipocresías de Aramis, el matrimonio por conveniencia de Porthos. Me pregunto a qué le tenían miedo los censores, y a que se lo tienen, pues las versiones cinematográficas actuales también censuran, como en La máscara de Hierro, de Randall Wallace – guionista culpable de falsear la Historia escocesa en el Corazón Valiente de Mel Gibson –, y ello a pesar de Leonardo Di Caprio (Philip / Louis), Jeremy Irons (Aramis), Gerard Depardieu (Porthos), Gabriel Byrne (D´Artagnan) y en especial el magnífico Athos construido por John Malcovich. No sé cuál sea peor: La censura eclesiástica de antes o la autocensura de los productores, directores, guionistas y demás yerbas cinematográficas y de la TV de hoy. Porque solamente leyendo las tres obras nos enteraremos por qué son Los Tres Mosqueteros, y no los Cuatro del Uno para Todos y Todos para Uno: Al final de la última novela - El Vizconde de Bragelonne – Aramis, que ahora es General de los Jesuitas, voltea casaca, traiciona y enfrenta a sus amigos, y al final los Tres mueren honorablemente. Por alguna razón que nunca comprenderé se pretende proteger a los jóvenes de que hay traiciones e hipocresías. Qué absurdo. Como si no lo vieran diario en la vida cotidiana.         

III
Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino / La Isla Misteriosa; y en otra línea Los Hijos del capitán Grant (Julio Verne)

En estas Crónicas de Lecturas me he referido in extenso a Julio Verne, pero siempre podemos ir un poco más allá. La serie de novelas a que me refiero ahora surgió de forma peculiar, pues Julio Verne no tenía intención de escribirla. Es decir que cuando se mandó con Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino no sabía que escribía el primer libro de una serie. Se ve ello en la extensión de la obra y la maestría con la que cierra los hechos que narra. Como obra es redonda, tanto que debe ser una de las novelas mejor escritas en la historia. El contrapunto entre Pierre Aronnax (narrador en primera persona) y el capitán Nemo da sentido a toda la novela, lo que a Verne no le costó nada, a fuer como quien esto escribe, de gran aficionado al mar y a la navegación. El viaje de iniciación del francés a bordo del extraordinario submarino Nautilus marca el paso de una infantil admiración por el Sabio al desencanto de notar la tortura emocional en que se debate Nemo, su no resuelta confrontación con los demonios del pasado de los que trata de escapar en lo profundo del mar. Demonios que le alcanzan en la forma de las fragatas inglesas de guerra que Nemo, ante el horror de Aronnax, Conseil y Ned Land, hunde sin piedad con el espolón de su portentoso buque submarino. El capitán Nemo no se reconoce parte de una humanidad que siente le rechaza, que le niega patria y nacionalidad, y Aronnax se separa de esta exigente figura paterna. La novela culmina en la catástrofe de la desaparición del Nautilus en el remolino Maelström de las Islas Löfoten, que a más de ser guiño y homenaje al Edgar Allan Poe de Un descenso al Maelström, desaparece a Nemo de la escena sin matarlo. La obra termina así con brillantez, hasta con cita bíblica del Libro de Job. En cambio, la serie Los Hijos del capitán Grant sí parece haberse pensado como serie dirigida a jóvenes, en especial por la iniciación del joven Robert Grant. La historia es tan extensa como la de Veinte Mil Leguas …, por lo que se edita en tres novelas, o como una gran novela en Tres partes: La búsqueda en América del Sur, Australia y el Océano Pacífico del Capitán Grant por sus hijos, generosamente auspiciados por el aristócrata Glenarvan y su entorno, que incluye al geógrafo francés Santiago Paganel. El largo periplo culmina con un final desdichado y otro feliz, en uno el traidor Ayrton a.k.a. Ben Joyce es abandonado en una isla desierta para expiar sus culpas, en el otro los hijos se reúnen con el padre perdido, con matrimonios por medio y hasta el galán cómico (Paganel) encuentra tarde, pero encuentra, a su dama cómica (Lady Arabella). Ahora bien, ¿qué podrían tener así en común Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino con Los Hijos del capitán Grant? Pues de arranque, nada. Me ocurrió como a todos los lectores de Verne, que no me enteré de nada hasta que leí La Isla Misteriosa.

Estoy casi seguro que a Julio Verne tampoco se le ocurrió atar cabos sueltos sino cuando estaba escribiendo el segundo tercio de La Isla Misteriosa. La anécdota del principio era más que suficiente para la aventura: Prisioneros unionistas de la Guerra de Secesión encerrados en Richmond escapan en globo, tropiezan con un huracán que los arrastra al Pacífico Sur, hasta una pequeña y deshabitada isla volcánica, que bautizan Isla de Lincoln. Ahí vivirán a lo Robinson Crusoe, que inspira esta obra. Hay cuando menos un personaje muy bueno: el Ingeniero Cyrus Smith, que representa brillantemente al paradigma del progreso y la revolución industrial. Pero tengo para mí que acá Julio Verne se tropieza con que tiene a sus personajes en el Pacífico Sur, está en una isla … y … ¿por qué no enlazar los cabos sueltos …? Desde el final de Los hijos del capitán Grant, Ayrton sigue en la Isla Tabor / María Teresa, a pocas millas de la Isla de Lincoln, cuyo origen volcánico deja jugar con la idea de súbitos surgimiento y desaparición. Y ahí es que se le debe haber venido a la cabeza el capitán Nemo, el Nautilus y el Maelström. No había cometido el error de Arthur Conan Doyle en Reichenbach y Nemo estaba disponible para traerlo y utilizarlo como deus ex machina … y ya está. Solamente hubo de superar el inconveniente de que al no haber planeado la serie se le enredaban las fechas, que no cuadraban ni con la mejor buena voluntad, lo que resolvió bonitamente con notas al pie de página, introduciendo sin percatarse un “universo paralelo”, truco y técnica hoy bien conocida de escritores y editores, que no estoy seguro fuera tan evidente en los tiempos de Julio Verne.

IV
Las Minas del rey Salomón / Allan Quatermain / La Guerra Zulú  (Henry Ridder Haggard)

He leído y releído Las Minas del Rey Salomón ad náuseam. La culpa es de la solvencia con la que Henry Ridder Haggard escribe en primera persona. Un escritor del siglo XIX  de antes del cine y la televisión estaba obligado a ser eficiente y específico en la composición del lugar, en la descripción y la narración de hechos consecutivos o no. Qué podemos decir sino que la narrativa y descriptiva de Ridder Haggard parecen escritas antes de ayer. No es raro que se hayan hecho tantas versiones en cine de sus libros. Abundan incluso los pastiches, entre ellos el cómic pastiche Los Caballeros de la Liga Extraordinaria que, discúlpenme, no me cuaja ni convertido en la película de última La Liga Extraordinaria, que a pesar de Sean Connery en el papel del legendario cazador no le hace la más mínima justicia. Para mis lectores que ignoran lo que es un pastiche, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice Imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente. Y así sucede con continuaciones espurias de ciertas obras literarias escritas por autores de segunda o tercera categoría ávidos de un poco de fama o de ingresos (Nunca segundas partes fueron buenas, Cervantes dixit), tales como pergeñar las aventuras de Planchet, Grimaud, Mosquetón y Bazin, lacayos de Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan; o qué pasó con Ishmael tras el hundimiento del Pequod; o cómo Paco Yunque se metió al Partido Comunista. Dumas, Melville y Vallejo dejaron ahí a sus personajes, y bien dejados estuvieron. La línea que separa una obra bien escrita de un pastiche es tenue. Si está bien hecho, el pastiche tiene cierto artesanal encanto. También es pastiche tomar personajes de ficción y combinarlos con otros o con personajes reales, como para ver qué pasa al juntar al cocainómano Sherlock Holmes con el psicoanalista Sigmund Freud, en la novela Elemental, Doctor Freud, del Director de Cine Nicholas Meyer. En la novela de Umberto Eco La Isla del Día de Antes se toma a Biscarat, un muy menor personaje de Dumas en Los Tres Mosqueteros, como antagonista. En todo caso, a Allan Quatermain le han hecho de todo en el mundo anglosajón, hasta cambiarle el nombre a Quartermain, y ello porque el personaje en sí mismo es interesante, se come la novela y cualquier versión en cine, porque los guiones a veces se apartan demasiado del sentido de la obra original, y para salvar el asunto hay que cambiar el personaje. 
 
Se puede decir de Ridder Haggard un par de cosas: Creó a Quatermain, y qué bien narra en primera persona el maldito, qué fluido, directo y excelente descriptor de la naturaleza y las situaciones. Conserva estas fortalezas con pocas excepciones en la serie de Allan Quatermain como en la serie Ella, excelente también por donde se le mire. Pensemos algo en esto: Narrar en primera persona algo que ha pasado es como servir una sopita fría, es casi empezar por el final, porque ya sabemos que si el narrador está narrando es que está allí para contarlo, no importa qué terribles riesgos o peligros haya vivido, no se ha muerto, y esto no es poco en una novela de aventuras. Así que la narración se desliza a cómo la hizo para salir bien del asunto. Porque si de aventuras se trata, pocos han vivido tantas como Allan Quatermain, que representa una especie de oda al colonialismo liberal británico del siglo XIX en la extensa África inglesa, en especial Sudáfrica. Ridder Haggard no hace el papel de propagandista barato de la civilización inglesa, en el que sí se siente cómodo Rudyard Kipling en Kim, El Libro de la Jungla y otras obras ambientadas en la India. Se le creen a Allan Quatermain sus increíbles aventuras porque él es verosímil, porque piensa y habla y actúa como un hombre que conoce la realidad, con opiniones propias, y que va a contramano de los muchos ingleses dedicados a explotar y disfrutar su imperio colonial sin considerar nada de lo que hoy llamamos interculturalidad. De ahí que, a diferencia de sus contemporáneos, sus valoraciones sobre los nativos africanos sean escandalosas para su tiempo (¿Qué es un gentleman? (…) no lo sé y, sin embargo he tenido que tratar con negros … Pero no, voy a tachar la palabra ´negros´ porque no me gusta. He conocido nativos que lo eran (gentlemen) (…) y blancos inteligentes, de buena familia y con dinero que no lo eran), e incluso ventajosas para los africanos, como en la comparación entre el valiente amazulu Umslopogaas y el cobarde europeo Alphonse en la novela Allan Quatermain. La calidad de la narración no decae nunca, y abarca todo el periplo vital de Quatermain, hombre de 55 años de edad en Las Minas del Rey Salomón, cuando nos es presentado. El éxito del libro llevó a Ridder Haggard a escribirle secuelas, como Allan Quatermain; así como lo que hoy se llama “precuelas” (odioso término), tales como La guerra Zulú, La esposa de Allan y La venganza de Maiwa, entre otras. Así podemos conocer la biografía completa de los 18 a los 68 años de este personaje, coincidente con el apogeo del Imperio Británico en África.      

V
Colofón

Pienso que nos gustarán siempre las novelas de aventuras. Hay una cierta necesidad eterna en el ser humano de vencer dificultades, de mostrar logros, de atravesar por circunstancias difíciles y superarlas. Cuando no podemos vivir esas aventuras por nosotros mismos, tratamos de hacerlo por interpósitas personas. Sea en la realidad o en los libros necesitamos vivirlas, y no tenemos que ser adolescentes para ello. Así que ya saben: El que tenga Ojos, que Lea.




CRÓNICAS DE LECTURAS – 34
Historias en mi Tierra

I
Exotismo, Distanciamiento, Estereotipos

Que los peruanos escriban sobre el Perú no es nada extraordinario, ni que los franceses escriban sobre Francia y los nigerianos sobre Nigeria. La razón más obvia es que la vida ocurre en alguna parte, que quieras o no está presente en lo que hagas. Así ambientes tu ficción en el Calicut del siglo XVII o en la órbita de alguna estrella errante en el medio del Brazo Estelar de Eridanus, tu casa está presente. Además de las cuestiones prácticas involucradas: Los que te leen casi siempre son de tu barrio, la economía de una historia o estudio académico exige que no cuentes todo, que te guardes algo. Si tu historia se ambienta en la plaza Unión, o en el ómnibus que va a Canta, es probable que tus lectores tengan más referentes que si empezaras diciendo “caminaba de la mano de Lakmé por las riberas del Brahmaputra” o “la nave soslayaba la  materia oscura entre Procyón y el Saco de Carbón”. Claro, si eres del valle del Brahmaputra o de Procyón, ahí sí. Por otra parte hay un tema crematístico, porque si vendes tus libros o esperas hacerlo, tratas que te lo compren, y una manera es tener referentes con los que tus potenciales lectores te identifiquen. Y así el ubicar tu historia en parte que no sea la tuya de ti es raro, especial, curioso. Puedes tener buenas razones para hacerlo, como por ejemplo que quieres “exotismo”, o de repente quieres “distanciamiento” (Verfremdungseffekt, es decir efecto de extrañeza, o, claro, distanciamiento) y por ejemplo eso hacía Bertolt Brecht al ubicarte una obra en la provincia china de Szezhuan. En el cine un equivalente aproximado es el concepto del soviético Dziga Vertov de Kino-Pravda, o Cine-Verdad, y en ambos casos tratas de evitar la catarsis, de sacarte del sueño, de meterte en la fantasía, no te olvides que estás en la realidad. Es decir, lo contrario de lo que propone Hollywood y el 99 % de los cineastas, literatos y demás creadores de fantasías que son en el mundo.

Para aclarar la vaina: Trato de hablar de autores que nada tengan con nuestro país, pero que lo empleen para ambientar su obra, que no se dirijan al público peruano, y traten que su lector descentre su atención de lo evidente, para exotizarlo, extrañarlo, distanciarlo, re-enfocarlo. Así elimino de plano a todos los autores peruanos sin excepción; incluyendo las Crónicas sobre el Perú escritas por los españoles durante la Conquista y el Virreinato; a todos los viajeros escritores que han escrito como tales, etcétera. Lo esencial aquí es saber qué no entra. Porque tratar de decirlo por la positiva no me funca tanto, fuera del Distanciamiento y el Exotismo. Si hay algo más por ahí no lo sé tanto. Acotar un tema puede ser complicado como el diablo, y eso que se supone que se los enseño a mis alumnos de Lógica, Filosofía, Metodología del Estudio y la Investigación y demás yerbas. Tratemos otra formulación positiva: Imaginemos historias ambientadas acá en la sociedad y geografía del Perú; que por ese contexto exótico o distante le dé a los sucesos contados un sabor particular, exótico o distante, irresistible para los lectores extranjeros de Extranjia (Un país inmenso que abarca a todos los que no son el Perú). Los autores de estas narrativas o bien conocen el país de primera mano porque han estado aquí, o no lo conocen y lo que saben es de segunda mano, o como turistas que no lo manyan. Todo es relativo. Cuando un peruano lee a quien no lo es ambientando su historia acá, es inavitable que compare la historia y los datos, sonría con suficiencia si el autor la embarra, se escandalice si miente. Algo de ésto veremos en las obras que he escogido para esta Crónica.

II
Julio Verne: Martín Paz y el Exotismo

Yo tenía un danés de vecino. No tengo nada ni contra los vecinos ni contra los daneses.Vecinos he tenido siempre, y en cuanto a daneses, mi hija por su madre es nieta de daneses. Mi vecino el danés era buena persona, de los que ponen su saber al servicio de los pobres, en vez de usar de su saber para poner a los pobres a su servicio, como por cierto también los nacionales hacen. Él y su flamante esposa ocupaban el departamento arriba del mío, y compartíamos la cuenta de la luz. Sé que hay personas decentes y sinvergüenzas en todo grupo humano, sin diferencias perceptibles en color o diseño, y creer lo contrario suele indicar estereotipia, ignorancia o estupidez. Mi vecino danés vivía en la ciudad, votaba, sacaba su basura a la hora, hacía lo que hace un ciudadano consciente y mejor que muchos. Derecho a pitear tenía, como cualquiera de nosotros. Pero no me gustaba oírlo, aunque sus comentarios los podría haber firmado yo. Me daba PICA que viniera un extranjero del Autosuficiente Reino de Extranjia a decirnos qué mal estamos, me cargan los patriotas en patria ajena descritos por Ricardo Palma, así que un día que el vikingo fregaba más que de costumbre, y que yo estaba particularmente sensible, parafraseé y modernicé a Palma, y como soy picón dije: Vecino, tienes razón. Todo acá es malo, malísimo, pésimo, peor no puede ser … pero en el Perú hay algo buenísimo, magnífico e insuperable: Un excelente aeropuerto internacional de primera clase con vuelos de salida hacia todas partes, para que se vayan todos a los que no les guste … Aunque no soy patriotero y creo en la hermandad de la raza humana, canto con entusiasmo la Internacional y me computo humanista de alto vuelo y ciudadano del mundo, me RE-VIEN-TA que Julio Verne escribiera una novela ambientada en la Lima de primeros años de la república, que aunque fallara en puntos evidentes, a la vez pintaba un escenario social y político horroroso, pero completamente acertado: El amor contrariado por barreras sociales e insoportablemente romántico entre un indio y una española, en el contexto de una sangrienta rebelión indígena en trance de estallar en la Fiesta de Amancaes. Había españoles blancos con algo de poder, un sector mestizo y otro judío usurero emergente – Verne era antisemita y racista social, como toda su sociedad  - capaz de cualquier cosa por plata. Me saca pica y recontrapica que Julio Verne la tuviera tan clara, mientras que muchos políticos e intelectuales nieguen la realidad tan brutamente. Que en Extranjia nos conozcan por nuestra desigualdad e injusticia social me joroba, en especial cuando vienen a decirnos qué hacer a respecto. Me da ganas de repetir lo que le dije al danés, y a la vez ganas de hacer la revolución social, yo solito y sobre la marcha. ´Tá qué vaina.

Julio Verne debe haberse leído las Peregrinaciones de una paria de Flora Tristán, y se documentó con relatos de viajeros franceses. Veamos una descripción calcada de estos relatos: A los pies de los espectadores extendíase la antigua Ciudad de los Reyes, cuyas torres y campanarios llenos de sonoras campanas, elevábanse osadamente hacia el cielo. San Pedro, San Agustín y la catedral atraían las miradas hacia sus torres, que brillaban heridas por los rayos del sol. Santo Domingo, la rica iglesia cuya Virgen no lleva jamás dos días seguidos el mismo manto, levantaba más que sus vecinas la flecha elegante de su campanario. A la derecha, el océano Pacífico hacía ondular sus extensas llanuras azules al soplo de la brisa, y la vista, volviendo del Callao a Lima, deleitábase en la contemplación de todos aquellos monumentos funerarios que contenían los restos de la gran dinastía de los Incas. En la lejanía el gran cabo Morro-Solar encerraba como en un cuadro los esplendores de aquel espectáculo. En la descripción se ven los prejuicios literarios y sociales de la época, así como un huachafo romanticismo: - Señor ladrón, ¿por qué no roba usted los diamantes que están sobre esa mesa? (…) – Señor, si repite usted semejante insulto, me daré muerte a sus pies. Verne creía con su época que algunas razas degeneraban y otras se agostaban, requeridas de ser reconstituidas con migrantes blancos, en particular los robustos y muy civilizados trabajadores franceses. Así vemos en el diálogo entre el español Marqués de Vegal con el Indio Martín Paz: Ya ves cómo vuestros intereses desaparecen en medio de las revoluciones perpetuas de las que es teatro el Perú: revoluciones que perderán al mismo tiempo a los Indios y a los españoles, en beneficio de los mestizos. (…) Lo digo con dolor, pero a (…) los españoles, hijos degenerados de una raza poderosa, nos falta la energía necesaria para levantar un Estado, y, por consiguiente a vosotros os toca triunfar de este desdichado americanismo que tiende a rechazar a los colonos extranjeros (…) sólo una inmigración europea puede salvar el antiguo imperio peruano (…) debéis tender francamente la mano a los hombres trabajadores del Viejo Mundo. Qué bueno que esta exótica novela no tenga película. Tras ver El Puente de San Luis Rey, con buen guión y excelente Dirección y actores como la imbatible Kathy Bates, no quiero pensar como se vería el Perú en un Martín Paz de película. No es lo mejor de Verne, le sirvió para agarrar oficio, y eso es bastante. Su interés está más en presentar los prejuicios de la época que en su calidad o profundidad literaria, lejana de sus Viajes Extraordinarios. A los peruanos nos saca de cuadro, eso le da interés pero con errores: En la primera línea Verne mete una geográfica e inconmensurable pata impensable en otras novelas: El dorado disco del sol habíase ocultado tras los elevados picos de las cordilleras …, cuando sabemos que en Lima el Sol se pone en el mar. Martín Paz combate y mata un tiburón en la ría del caudaloso río Rímac, que baña a una Lima fundada el 6 de enero de 1534. No son errores graves, pero dejan mal a quien se haría conocido por la exactitud de su data. Y creo que es todo lo que vale la pena decir.

III
Thornton Wilder: El Puente de San Luis Rey y el Distanciamiento

Thortorn Wilder escribe sobre lo más manoseado, trivial y primario. Como no estoy acá para jugar a adivinanzas o hacerme el interesante, diré sencillamente que Thortorn Wilder debe ser el literato que mejor ha escrito sobre el Amor, e importa poquísimo desde qué lugar lo haga, pues lo hace desde el corazón, y eso basta y sobra. No lo haría mejor si viniera o lo ambientara en las montañas de Bulgaria o Uzbekia, o en los desiertos del Magueb o la costa del Pacífico, o en una isla perdida en el Atlántico o Índico. Importa poco de dónde venga el hombre, y dónde ambiente El Puente de San Luis Rey. Pero lo hizo. Y lo hizo en el sitio menos sospechoso de albergar al Amor: La Lima del Perú del siglo XVIII. Un Perú que sí se parece al de a de veras, ma non troppo; con sitios de problemática existencia, pero verosímiles como el limeñísimo Convento de Santa María Rosa de las Rosas, o el serrano balneario de Santa María de Cluxambuca. Puestos a encontrar faltas, el mesmísimo Puente de San Luis Rey. En la película Harvey Keitel hace el papel de su vida como el Tío Pío, así como Kathy Bates de Marquesa de Montemayor. Me imagino a los grandes actores haciendo cola y pidiendo sitio para actuarla: Murray Abraham, Robert De Niro, Gabriel Byrne, Geraldine Chaplin. Lo lograron, aunque la película termine por ser un facilista panfleto contra la Inquisición. En fin, todo no se puede, volvamos al libro y al autor, Thortorn Wilder, que no tiene más que un solo tema: El amor; y un solo estilo, el suyo; y un modo de contarlo, el humano. Convengamos en que una vez no es fácil, así que dos es extraordinario, y Wilder lo consiguió con su obra teatral Nuestro Pueblo, donde los temas gemelos del Amor y de la Muerte alcanzan inesperada plenitud. Escuchemos el diálogo: Emily.-  … ¿Nunca puede un ser humano darse cuenta de la vida mientras la vive, en cada ... en cada minuto? Director de Escena.- No. (Pausa) Tal vez los santos y los poetas … un poco. Considerando que Emily está muerta y que el Director de Escena no actúa, eso que decíamos del Distanciamiento, la Extrañeza y el Re-enfoque pueden ser pertinentes: Sí, algo circula atrás de los aburridisímos hechos de la vida ordinaria (como los de Nuestro Pueblo), tanto como de los extraordinarios (la caída del Puente de San Luis Rey, donde mueren cinco personas). Algo hay ahí flotando que le presta sentido al todo:   … casi nadie, a no ser yo, recuerda a Esteban y a Pepita. Sólo Camila recuerda a su Tío Pío y a su hijo; esta mujer, a su madre. Pero pronto moriremos y con nosotras todo el recuerdo de aquellos cinco que dejaron la tierra, y a nosotras mismas nos amarán un poco de tiempo y nos olvidarán. Mas el amor habrá bastado (…). Ni siquiera el recuerdo es necesario para el amor. Hay una tierra de los vivos y una tierra de los muertos, y el puente que las une es el amor, lo único que sobrevive, lo único que tiene sentido.

El puente de San Luis Rey, segunda novela de Thorton Wilder, valió un Pulitzer: No es la caída de un Puente, son cinco historias entrelazadas, de cinco personas. Se busca el sentido a este suceso: Fray Junípero reúne información sobre esas vidas para ver si hay algo más que azar en lo que los llevó al Puente justo cuando decide poner fin a su resistencia. Si Dios estuvo en el hecho, si intervino. Aunque la lectura nos arrastre como el Puente a sus viandantes, se hace el casi doloroso esfuerzo de saborear cada frase y a veces cada palabra que Wilder elige: … hay ocasiones en que se requiere un valor extraordinario para decir trivialidades (…) Todos hacemos lo que podemos, Esteban. Al fin y al cabo, no se nos pide otra cosa que seguir tirando. Y, después de todo, no es por mucho tiempo, ¿sabes? El tiempo pasa más de prisa de lo que parece. Los viajeros saben de lo doloroso y extremo del abandono, el desamor, de la fundamental soledad sin fantasías ni pretextos ni consuelos. Cuando el Puente cae todos vivían una esperanza que se frustró, pues los muertos no llegan a destino. Los personajes: la Marquesa de Montemayor, Pepita, Esteban, el Tío Pío y el pequeño Jaime, todos hablan, pero tenemos la opción de no creerles. Todo se siente real en el extraño sentido de que el lector sólo puede querer que lo contado sea real, intenso como se cuenta, en especial para los sobrevivientes de la caída del Puente, lo que nos incluye a los que vivimos en la Lima del Perú. Wilder eligió Lima como escogió Grover ´s Corners en New Hampshire, como Nuestro Pueblo, pues los sobrevivientes de todas partes tratamos de encontrar sentido en lo que no lo tiene: Madre María del Pilar (uno de esos seres que han consentido en la anulación de su vida, por haberse enamorado de una idea varios siglos antes del momento fijado para su orto (…) conferir una cierta dignidad a la mujer); el capitán Alvarado (¡Qué falso, qué irreal! Exclamó (…) ¡Felices los ahogados, Esteban!); el propio Fray Junípero, quemado por hereje en la Plaza Mayor de Lima junto con su libro sobre el Puente de San Luis Rey  - no podemos decir que les sobreviviera (… dispuesto estaba (…) a sacrificar su vida por la pureza de la Iglesia, pero habría deseado oír una voz que atestiguara por él que su intención, cuando menos, había sido a favor de la fe); y sobre todo la personaje principal, tan bien conocida de los peruanos y presunta responsable de que Wilder se enamorara de estos parajes: la rayada y descocadísima Micaela Villegas, la mismísima Camila Perrichola, quien más perdió en el Puente: ¡Madre, madre!, ¿qué debo hacer? Estoy sola, sola … No tengo nada en el mundo. (…) ¿Qué debo hacer, Madre?

Trato de hablar del Amor, pero me quedo corto. No sé en verdad qué es, trato de hallarlo presente en mi presente, que mi pasado ya fue, y mi futuro es cada vez más corto. Haber leído y releído El Puente de San Luis Rey, como ver ciertas películas, tratar con ciertas personas, vivir la experiencia de la soledad como el Tío Pío, que ha vivido y no se la cuentan; me lleva a salirme de la impersonalidad del pretencioso escribidor sobre libros. Así me empodero en el texto y digo que el amor es una suerte de dolencia cruel, que los escogidos tienen que pasar al final de su juventud y de la que salen pálidos y estrujados, pero prontos para el negocio de vivir (…) (existe) un amplio repertorio de errores misericordiosamente imposibles a los seres humanos que lograran recobrarse de aquella enfermedad. Por desgracia, aún les quedaban un sinfín de flaquezas, pero cuando menos (…) (conservan) una cierta gentileza (…) y jamás se les ocurriría considerar ningún ser humano, fuera príncipe o lacayo, como un simple objeto (…). Detesto percatarme de haber vivido la enfermedad y participar de una pavorosa aristocracia, pues aquellos que no tenían capacidad alguna para el amor (…) no podía decirse que estuvieran vivos (…). Eran (…) una especie de población flotante, que llenaban el mundo con  sus risas y lágrimas y parlerías sin sentido, acabando por desvanecerse … . Pero el amor siempre es más que nosotros, siempre reventará nuestros límites porque en el amor, nuestros mismos errores no parecen capaces de perdurar largo tiempo. Y ahí te dejo, Camila.  

IV
Otros más, menos importantes, no puedo no contarlos

Seguramente no agotaré el tema de las menciones de ambientes literarios peruanos. Pero ya dí mis dos ejemplos importantes, el Exótico de Martín Paz y el Distanciado de El Puente de San Luis Rey. No sé si es importante mencionar a Pedro Calderón de la Barca y su pieza La aurora en Copacabana, ficción del origen del culto a la imagen de la Virgen de Copacabana, donde sobre la base del Inca Garcilaso de la Vega, de Ramos Gavilán y de Alonso de Ercilla, se hace teatro presentando en escena a Guáscar y Atahualpa, a Almagro y Pizarro. Calderón se permite cambiar la Historia y por ello merece un lugarcito en esta recopilación, junto con Tirso de Molina y Luis Vélez de Guevara, que en apariencia fueron contratados por los herederos del Marqués Gobernador para mejorar la imagen familiar dañada por la Rebelión de Gonzalo Pizarro y las habladurías de la época, y elaboraron sus piezas teatrales ambientadas en el Perú, pero no las  conozco. Espero un alma compasiva que me haga llegar alguna de estas obras. Miguel de Cervantes menciona de pasada en sus Novelas Ejemplares alguno de sus personajes que se ha enriquecido en el Perú. Saltamos al Siglo de las Luces, y François Marie Arouet (a) Voltaire lleva a Cándido, protagonista de la obra de ese nombre, a la patria original de los Incas, la región de El Dorado de la que los Incas nunca debieron salir. Esta patria original de los Incas es el único lugar del mundo donde todo es perfecto, y la intención volteriana es irónica a más no poder. Otras insólitas menciones al Perú en la literatura universal: Somos vampiros en un caso resuelto por el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, el Perú es sinónimo de exotismo. En la novela Resurrección, León Tolstoi critica a los presumidos peruanos de París que ni siquiera hablan bien el francés, lo que me trae al recuerdo menciones al provincialismo peruano en el París en el siglo XIX, contado por Ventura García Calderón. En Moby Dick, Herman Melville menciona la tristísima atmósfera de Lima, interesante pues Melville conocía la costa peruana. Thomas Mann coloca unos pacientes peruanos fallecidos de frío en el sanatorio de La montaña mágica. Pareciera que cuando del Perú se trata los autores se movieran siempre entre el exotismo, la crítica social, el estereotipo o el distanciamiento.

Benito Pérez Galdós hace una excepción en el episodio Dos de Mayo de sus Episodios Nacionales, es curioso leer cómo se percibió desde el otro lado la Guerra con España, que termina en la epopeya del Dos de Mayo de 1866. George Bernard Shaw se ubica de nuevo entre el exotismo y la crítica en las muy laterales observaciones sobre el Inca de Perusalem, personaje ficticio que reúne rasgos de dictador y tirano. Esta asociación es sumamente desagradable para nosotros, pero por desgracia consistente con la mirada que los viajeros europeos más observadores y perspicaces hacen, entre los que contamos a Charles Darwin, que narra algo de Lima y el Callao en su Viaje de un Naturalista alrededor del Mundo. Emilio Salgari hace pocas alusiones a los Incas y los tesoros ocultos o los eldorados, pero la selva del Perú que describe se parece más a la selva malaya de Sandokán. Julio Verne menciona un matrimonio peruano embarcado en el Great Eastern, que pasa el charco en Una Ciudad Flotante, peruanos que se casaron en el Perú, se adoraron en Francia, se aburrieron en Inglaterra y se divorciarán en América. Federico García Lorca dedica un poema a Carmela, la peruana: Oh Perú de metal y melancolía. No debería mencionar aquí a Marcos Aguinis, pues su conocimiento del Perú es muy bueno, y no cae ni en el exotismo ni en el estereotipo fácil, así que al mencionarlo no lo menciono. En la Ciencia Ficción se menciona mucho al Perú, en especial en las ucronías, como las de la Patrulla del Tiempo de Poul Anderson: El Año del Rescate, referido al Inca Atahualpa y los españoles en Cajamarca. La novela Un caso de conciencia, de James Blish (Premio Hugo 1959), no tiene lugar en el Perú sino en otras partes de nuestro planeta, en particular Roma, y en el remoto planeta Litina; pero su protagonista, el padre Ruiz-Sánchez, es un jesuita  peruano. Este libro es ejemplo interesante de cómo se venden gato por pericote: La celebrada película Avatar es calcada de esta historia, incluyendo sus resonancias místicas, si bien volteada del cristianismo al new age, con argumento simplificado para hacerlo comprensible a las masas, pero la novela es mejor: El árbol de las comunicaciones de Litina es más interesante que el místico árbol de la vida de los habitantes de Pandora, los que son excesivamente mamíferos y antropomorfos para mi gusto. Pero qué le vamos a hacer. El consagrado Robert Silverberg conoce el Perú, aunque no sé en qué circunstancias, y está enamorado de la geografía de su costa, así como del pasado incaico, que emplea en sus ucronías. H.P. Lovecraft menciona que el Necronomicón solo tiene unas pocas copias en el mundo, una de ellas en la Universidad de Lima, en Perú. Podemos añadir, casi por útlimo que Las Cartas de la Ayahuasca, de William Burroughs con la colaboración de Allen Ginsberg tienen lugar en la selva del Perú. Asimismo, hay menciones a los magos peruanos en las obras de J.K. Rowling de la serie Harry Potter, uno de los principales equipos de Quidditch del Mundo es el Tarapoto Tree-Skimmers, y los Vipertooths son Dragones oriundos del Perú. 

V
Colofón

Nuestro lugar en el mundo no siempre es claro, aunque siempre esté allí. He tratado de mostrar al Perú exótico, distante o estereotipado de la literatura universal previa aún a la acumulación del todo en la licuadora de la globalización. Por supuesto falta. Pero creo que esta Crónica nos da una idea. Lee como quieras.  


Crónicas de Lecturas - 35
Leer Mapas y Gráficos
I
Una habilidad curiosa

De niño me interesé sobremanera en los mapas. Digo mal, porque cualquiera se interesa. Yo me obsesioné con los mapas. Los miré, remiré, contemplé y los hice tratando de representar mis fantasías en ellos. Un marcado recuerdo de mi infancia es el Hermano Herminio ampayándome en clase haciendo mapas sobre una hoja de papel, una guerra naval de mi completa invención en un momento que el Hermano Herminio trataba de hacer clase. Digo en mi descargo que yo sigo en esto de los mapas, en cambio de la clase del Hermano Herminio no guardo el más mínimo recuerdo, ni de qué curso dictaba, ni en qué grado estaba cuando ocurrió el percance. Sí recuerdo la total sorpresa al serme arrebatado el lápiz con el que estaba dibujando el mapa, muy concentrado yo, y cómo el Hermano Herminio se burlaba de lo que yo dibujaba (Una versión libre de la Batalla de Trafalgar y cómo la hubieran ganado los franco-españoles). Hubo risa general entre mis compañeros de clase, lo que me produjo gran vergüenza y reforzó la autopercepción de mi persona como bicho raro. Pero no recarguemos las tintas: Eran peores las levantadas de patillas que el Hermano Dante propinaba, en especial porque las justificaba en el crimen de existir sin su permiso. Mi recuerdo de las intenciones pedagógicas de Herminio y Dante es tan difuso que no tengo ninguno, andan tras la vergüenza en un caso y el dolor físico en el otro. En otras palabras, y lo diremos bien claro, no existe justificación pedagógica para el bullying institucionalizado en la gloriosa frase La letra con sangre entra, en la que muchos aún creen, y que por desgracia era de común aceptación en las épocas en que yo padecía el sistema educativo de nuestra patria.

En todo caso, cabía hacerse mejores preguntas: Por qué un chico de nueve años de edad puede obsesionarse tanto con las representaciones bidimensionales, mapas, cartas y planos, hasta el extremo de dibujar su salón de clase estando en el salón de clase. Interesante pregunta que no responderé ahora, porque no tengo por qué ir regando por ahí mis intimidades cognitivo-emocionales, pero que fue parte de ese caro y complicado esfuerzo de desenredarse que constituye una terapia psicoanalítica. Hasta ahí llegará el nivel de mi confesión en tal aspecto, el que espere más se frustrará. Sin embargo, el tema tiene que hacer con la lectura, o por lo menos con ciertas habilidades cognitivas asociadas con las de la lectura, así que ahí voy. Esto de operar con mapas era considerado por mis mayores como una reverenda pelotudez, lo que me transmitían. Por ende nunca vi el asunto como una posibilidad sobre algo qué hacer o a lo qué dedicarme, era una pelotudez y punto. Pero se me aparecía reiteradamente que podría constituir algún tipo de futuro para mí, así que por algún tiempo me computé como futuro Cartógrafo. Tal elección de carrera me fue firmemente desalentada, aunque no recuerdo quiénes ni  cómo, ni sobre todo en nombre de qué. ¿Olvido Traumático? Probablemente. Cuando tuve firmemente en mis manos la conducción de mi propia vida, y quise eventualmente retomar el hilo de mi vocación cartográfica, estaba de moda la Ingeniería Geográfica, que uno o dos amigos emprendieron. Para mí era demasiado tarde, aunque hoy me arrepiento de no haberlo intentado, pero tenía que ganarme la vida y mantener con algún decoro a mis pequeños monstruos. Los años pasaron cada vez más rápidos, el tiempo corrió. (Paréntesis: Por cierto, siempre me hace gracia que “corría el año tal”, pues nadie ha visto nunca “correr un año”. Los años miden todos lo mismo, nosotros más bien corremos cada vez más rápido). Al final el destino me alcanzó. Como siempre sucede: ¿Es casual que yo terminara de profesor de Historia y GEOGRAFÍA? ¿Es casual que aunque soy bastante bueno enseñando Historia, soy muchísimo mejor enseñando Geografía, perdonen la inmodestia? ¿Es una casualidad que haya torturado a todos mis alumnos de primaria, secundaria y superior con la obligatoria elaboración de mapas temáticos y de varias otras clases? Como en la revocatoria, diré que NO, que nada es casual en esta cochina existencia.

II
Atlas Geográficos

En la actualidad, que tengo que viajar mucho por razones de trabajo y por muchas y diversas zonas del territorio nacional, me resulta difícil hacerme la composición del lugar a donde voy a no ser que pueda observar con detenimiento una representación gráfica del lugar, léase carta, mapa o plano. Y dicho sea de paso, el Google Maps constituye un aporte de maravilla a esto, por lo que aprovecho la ocasión para rendirle mi más sentido homenaje tanto al programa como a sus creadores. Viajo siempre con el mapa correspondiente y de su interpretación saco la mayor parte de las características del territorio que visito, y por supuesto disfruto muchísimo al encontrarlas en la realidad, en especial si los mapas son fieles. Jamás me aburro al viajar, ni siquiera en los trilladísimos senderos de mi propio barrio. Hay algo en esto de representarse el mundo y trato de hacerlo todo el tiempo, conmigo en él. Si puedo elegir cómo viajar lo hago por tierra y de día, y no me pierdo nada de lo que me rodea, no hay nada más aburrido en el universo que un largo viaje nocturno (útil para echar la pestaña correspondiente), incómodo aún en las mejores condiciones. Así y todo el destino me hizo recorrer por tierra, agua y aire una sección sustancial del planeta donde he nacido, lo he disfrutado enormemente y seguiré en lo que Marguerite Yourcenar da en llamar Una vuelta por mi cárcel. Establecido el punto, miremos un poco de Atlas geográficos, y otro poco del cielo estrellado, porque hay relación entre unos y otros. No hace mucho pasé por Talara, extremo occidental del territorio peruano y sudamericano, y me sorprende que no se emplee para asegurar un par de docenas de visitas turísticas y un par de puestos de trabajo que podría crear, porque está precisamente en el extremo occidental del territorio sudamericano. Si son inteligentes, me harán caso.

En el transcurrir de los años he coleccionado mapas. Tengo preferencia por los que muestran detalles y rasgos que así nomás no encuentras. Algunos nos muestran realidades francamente espeluznantes, como es el caso de los mapas batimétricos de los fondos marinos. Fascinan y son extremadamente útiles si sabes qué hacer con ellos. En todo caso de chibolo mi atención se dirigía a los Atlas Geográficos, y por supuesto los primeros de los que tengo memoria son los Atlas escolares. No había Internet en aquellos días, y por ende mi idea del mundo era lo que se veía en el dibujito. Esas cosas marcan más de lo que uno cree. Recuerdo muchísimo que los mapas políticos eran los más importantes, lo que si uno lo piensa cuatro segundos es contrabando ideológico de la peor especie. Los Atlas del profesor Rubén Romero Méndez no estaban mal, pero uno no aprendía de ellos nada útil fuera de los puntos cardinales. Los mapas políticos calatos no te dejan hacerte la composición del lugar, porque los límites políticos en el Perú no tienen lógica económica racional, provienen de visiones del territorio basadas en la mejor manera de explotar a los indios, o de la manera como el estado puede esquilmar eficientemente a sus habitantes. Del primer rasgo vinieron los corregimientos, base de nuestras actuales provincias; y del segundo las Intendencias, base de nuestros actuales e híbridos Departamentos / Regiones. En las muchas provincias que he trabajado me sorprende encontrar tan poquísimo conocimiento de la realidad geográfica de la propia circunscripción política. El saber se detiene casi siempre en la propia quebrada y en la ruta hacia la cabeza de distrito o provincia. Sin haber estudiado Ingeniería Geográfica digo que necesitamos en nuestras representaciones geográficas amarrarnos a las cuencas, a la distribución de las tierras, a la estructura de nuestros pisos altitudinales, a la anfractuosidad del territorio, a la periodicidad de las lluvias. A pesar de haber recorrido muchas provincias y distritos del Perú, haber trabajado con sus municipalidades y autoridades educativas, son contadas aquellas con una autorrepresentación geográfica clara, lo que conspira contra una visión adecuada de la gestión del territorio y desarrollo sostenible, atribución que tienen nuestras municipalidades en la actualidad.   
   
III
Más sobre Atlas, Geografía y Programas

Aunado a mis gustos geográficos – tal vez inconsciente necesidad infantil de conocer cuál era mi lugar en el mundo – estaba incorporado mi gusto por la Historia, que por cierto compartíamos con algunos amigos del cole. Podríase decir que así como un Atlas Geográfico te da una idea de tu lugar en el mundo, un Atlas Histórico le añade a la cosa la dimensión temporal, y tal vez puedes encontrar así tu lugar en el tiempo, tal como lo hallaste en el espacio. Si pienso en el hecho que mi familia proviene de diversos lugares del planeta, puedo seguir la peripecia vital de mis antecesores, aunque se necesita cierto concepto de identidad que no es tan común como se cree. La verdad es que así nomás uno no capta a la primera qué significa tener ancestros provenientes de otras partes. Pero aún así para poder hacer el click necesario necesité que apareciera en el colegio un vendedor de libros que colocó un libro de Cartografía. No recuerdo el autor, pero el libro era muy bueno y todos los adquirieron. Y yo aprendí de ahí la base de la Cartografía que hasta ahora sé. Pero fui afortunado, pues continué mi aprendizaje cartográfico con la Introducción a la Astronomía de Cecilia Payne-Gaposchkin, los mapas y revistas de National Geographic, y los Almanaques Mundiales, cuya primera edición adquirí en 1969, y la última el 2006. A partir de ahí la Internet proporciona mucho mayor cantidad y calidad de información cartográfica, y así suspendí mi compra de Almanaques Mundiales y/o Universales. La Internet proporciona la mayor parte de Información necesaria y suficiente para efectos cartográficos. Uno de los últimos libros que compré para el efecto, ya a guisa de compendio, fue la Geografía Cartográfica de Walter Alva.   

La Geografía ha evolucionado, y hoy son los programas de software lo que cuenta tanto para mapas geográficos y estelares, como para otros efectos. La investigación de la distribución de las estrellas, planetas y demás cuerpos en la bóveda celeste constituyen eventos previsibles gracias a Kepler y Newton. En lo personal sigo amarrado a mi Stellarium, programa que me permite chequear la posición de los cuerpos del cielo, a pesar que hay mucho mejores programas hoy en día. Además los textos sobre Cartografía y Geografía se han centrado en aspectos más diversificados, particularmente los nuevos conceptos de la ciencia geográfica en vigencia. Aprecio en particular a Javier Pulgar Vidal y su Geografía del Perú, libro de Geografía hoy clásico, que presenta las famosas Ocho Regiones Naturales transversales al territorio peruano, la propuesta de regionalización transversal y la microregionalización. Antonio Brack y Cecilia Mendiola escriben Ecología del Perú, imprescindible hoy en día, así como Perú: Diez Mil Años de Domesticación, en este caso solamente de Antonio Brack. No dejaré de mencionar la Iniciación a la meteorología de Mariano Medina, de la Editorial Salvat, en referencia a los mapas meteorológicos, fascinantes con sus frentes frío y caliente que muestran las diferencias de presión y temperatura. Como parte del curso de Geografía debo decir que siempre disfruto de explicar esta parte a mis alumnos.      

IV
Diagramas y Esquemas

Hay un resultado lateral de mi histórica obsesión con mapas, cartas y planos, la adquisición de la habilidad de operar con los diversos tipos de esquemas que se pueden utilizar para expresar conjuntos de ideas. Es algo relativamente nuevo, apenas me enteré de esto hace unos 20 años, de eso a lo que hoy en día llamamos “organizadores visuales”, y aprovecho de la ocasión para mencionar el que quizá sea el mejor libro de compilación de éstos que he visto, que fue escrito por mi buen amigo y colega Bladimiro Soto Medrano: Organizadores del Conocimiento y su importancia para el aprendizaje – estrategias y técnicas visuales aplicables a educación inicial, primaria, secundaria y superior, en donde propone 64 tipos diferentes de Organizadores Visuales para empleo de los colegas de la Primaria, la Secundaria y la Superior. Hoy, por cierto, esto de los Organizadores Visuales no sorprende a nadie, ya se afincó. Pero cuando yo estudiaba en la Universidad había empezado a hacer algunos de estos dibujitos de manera espontánea, pues era una manera de operar que me venía bien para fijar los principales conceptos de los muchos textos que debía enfrentar. Claro que, para mis adentros, me parecía un tanto tonto y bastante infantil recurrir a “dibujitos”, motivo por el que trataba de ocultarlos de otras personas. Sin embargo, tuve buena suerte: una persona mayor que respetaba por sus conocimientos, observó por encima de mi hombro casualmente este proceso de leer y a la vez elaborar un diagrama relacionando los principales conceptos del texto que trataba de aprenderme, y que por cierto en aquella ocasión era para un curso de microeconomía – y aprobarlo reflexivamente. Qué diferencia con el hermano Herminio que he mencionado líneas arriba. Cuando se es niño y joven la aprobación de las personas mayores – las que uno respeta – es invalorable. Temo que no encontré mucho de eso en mi propia familia, aunque a estas alturas supongo que es algo tarde para quejarse.    

La base cognitiva y la validez del empleo de Diagramas y Esquemas para Organizar Ideas está en la misma naturaleza de la mente humana, instrumento multiuso que cuenta con diversas estrategias para establecer los criterios para el almacenaje de información, así como para atesorarla en sus celdillas de memoria. No significa que para todo el mundo serán igual de útiles los Organizadores Visuales, pero sí que pueden resultar esenciales como un modo de guardar información, por lo menos en la medida que la visión siga siendo el principal canal de aprendizaje. Por otra parte, cuando la sociedad tiene modos de aprender propios – en el caso nuestro caracterizado por el masivo empleo del bullying emocional y cognitivo expresado en el aprecio a la memoria eidética – establecidos por la inercia de decenios o de siglos, romperlo siempre es complicado. Vale decir encontramos diversas respuestas sociales a la innovación en estos casos, pero la principal es aceptar la moda y aplicarla en contexto reducido y autoritario. Trabajar con ideas en un contexto autoritario solamente significa una cosa: Que existe una auctoritas que aspira a seguir siéndolo. Y no basta con tener esquemas y diagramas, hay que saber qué poner en ellos. Y ese es un tema que no arregla solamente cambiando las formas. Pero en todo caso es preferible conocer que no conocer diversos modos de relacionarse con los diversos planteamientos sobre el tema, y en ese sentido siempre me ayudan dos compendios que recomiendo con calor a mis colegas: El Diseño Instruccional de Aprendizaje por Competencias de Liliana Galván y Jonathan Golergant, editado por la UPC;  y el manual para Talleres de Capacitación Con la Salud sí se juega, de Kallpa; que aunque le gusta cambiarle los nombres a las cosas, sin embargo es un compendio muy completo.      

V
Colofón

Leer no es solamente decodificar / comprender letras, palabras, oraciones, párrafos, capítulos y libros. No se puede hoy en día limitar la lectura al alfabeto. El ejercicio de la lectura es más amplio y abarca más sistemas de expresión. Pienso en este momento por ejemplo en las notas musicales, en las matemáticas y la lógica formal, en el cine, el teatro y la televisión, y me he preguntado qué papel pueden jugar los organizadores visuales en este tema de la lectura, a lo que llegué desde los mapas. Como siempre, lee lo que quieras, como quieras, donde quieras.    


CRÓNICAS DE LECTURAS –  36
Libros de Viajes
I
¿Hay Libros de Viajes todavía…?

Los Libros de Viajes se popularizan cuando los europeos empiezan a romper sus límites. Los imagino a fines del siglo XV, encerrados en la Europa: Al norte hielo, al sur arena y piratas musulmanes, al este más musulmanes, turcos y tártaros y mongoles armados hasta los dientes y otras razas malditas, como decían los cantares de gesta. Hacia el oeste una extensión infinita de agua salada limitaba el firmamento y acababa decíase en una gran catarata. En el frío norte los vikingos aprovechan un optimum climaticum previo al mínimo de Maunder, y atraviesan el Océano por lo más estrecho, pero las gentes en Groenlandia, Hellulandia y Vinlandia no resistieron las bajas temperaturas, sus sociedades violaron la ley del cambio, y se extinguieron. Mientras los supervivientes luchan por su vida en la Última Thule, a fines del siglo XIII en Venecia, la andariega familia de comerciantes Polo produce a quien daría a conocer a Europa los exotismos de las remotas comarcas de Oriente. Marco Polo no fue el único: Hicieron lo suyo el viajero musulmán Ibn Batuta y el gran almirante chino Cheng Du, cuyas rutas fueron tan largas y exóticas como las de Marco Polo. Más cosas hubo para popularizar el relato de Viajes: Los portugueses Diego Cao, Bartolomé Dias, Pedro Alvares Cabral, Vasco Da Gama costean África hasta la India, dan a conocer razas, costumbres y climas extraños, tal vez fueron los primeros en sorprenderse y relatar sus desconciertos. Cristóbal Colón y un puñado de aventureros españoles atraviesan el charco Atlántico y tropiézanse con América, continente olvidado diez mil años atrás cuando parte de la familia emigró por allá. Con los siglos se inventaron buques y astrolabios, se andaron nuevas tierras, se encontraron Otros Hombres y se contaron sus historias. El Mundo entonces era muy grande, hoy ya no estamos tan seguros.  

El antiguo y honorable género de los Libros de Viajes surge con la Odisea y la Eneida, en su base relatos fantaseados y poetizados de viajes. Griegos y romanos eran buenos viajeros, debemos contar entre ellos a Pausanias, Apolonio de Rodas y al mismo Herodoto de Halicarnaso, que disfrazó sus viajes de Libros de Historia. Ellos registraron el destino y la ruta, al modo de la Ítaca de Kavafis. Yo me he dado algunas vueltas por mi cárcel, he vuelto a sitios por donde circulé tres o cuatro décadas atrás y atestiguo con nostalgia y su poco de acritud los grandes cambios que todo sufre: Lo que eran dos o tres jornadas a lomo de bestia, accesible sólo a los valientes, es hoy cuatro horas en pista asfaltada. Lo que estaba incontaminado de presencia humana es hoy emporio turístico donde se toman fotos para Féisbuk y se bebe agua de botella plástica que terminará en un ecológico tacho. Ya no es posible disfrutar la experiencia de viajar sin intermediarla con Android o iPad. El verdadero Libro de Viajes y Relato de Experiencias hoy es Facebook. A algunos les extraña no verme cámara de fotos o video, es que no tengo. No sé qué filósofo griego dijo todo lo llevo conmigo, y yo no pierdo tiempo registrando lo irregistrable. Escribirlo sí me interesa, así piensas el tiempo y los sucesos y la gente con la que estás. Contar la experiencia es síntesis de sentido más allá del dato bruto, una fotografía no dice nada sin el narrador que la narre. Herodoto viaja y cuenta la Historia; los Cronistas de México y Perú (Me fascinan Pedro Cieza de León y Bernal Díaz del Castillo) cuentan de hazañas y asombros; Alejandro de Humboldt cuenta lo que ve y analiza, para hallar el encuadre de los hechos. Todos dan a conocer a los que son “como nosotros” cómo es que son “los que no son como nosotros”. Dicen: “Vean lo diferente, exótico, distinto, LO OTRO”. Evocar el recuerdo es tan importante como el recuerdo mismo, por ello el Libro de Viaje se extingue, y reaparecerá cuando el Turismo Espacial abarate y los extraterrestres acepten que les pongamos Hostales en sus planetas. Porque un Libro de Viaje necesita al Primero de Nosotros en llegar Allá, al Viajero que experimenta lo Nuevo, al que dé cuenta de lo que ha Vivido.

  II
Turismo, Aventura, Contemplación

Soy viajero experimentado y he trabajado harto en Turismo, algo me sé qué se traen Viajeros y Turistas, siempre prefiero el Viaje. Me sorprende qué rápido pasa el tiempo entre los últimos Viajeros y los primeros Turistas; cómo a los Libros de Viajes les siguen los brochures, boletos turísticos, guías. Me sorprenden mapas y brújulas en desuso, que no se mire a las estrellas en el cielo, que se atiendan las señalizaciones. La aventura se evaporó con la Globalización y el crecimiento demográfico. Pisé Machu Picchu por vez primera en 1973, fue aventura. Para 1981 lo había visitado una docena de veces y aún era aventura. La última vez que fui hace tres o cuatro años no fue aventura sino trekking, no me podía detener, tapaba a los fotógrafos. Cada vez que llego donde estuve, conmigo va el recuerdo del otro viaje, la primera contemplación frente a frente. No es lo mismo mirar por el rabo del ojo, apurado por cuarenta gallos que se atropellan por tomar la foto del siglo, corriendo a ver cuánto toma dar la vuelta a Machu Picchu. No sé ustedes, para mí la cosa es contemplar, perder el tiempo, concentrarme y meterte en lo que está ahí, el turista se lo pierde porque la primera vez pasa sólo una vez, después es karma. En donde estuve y estoy de nuevo comparo lo que siento con lo sentido, si los Turistas me dejan. Esa es la diferencia entre Viajar y Hacer Turismo. En mi país aún hay sitios donde no es fácil llegar, sin gentes atropellándose. Tampoco culpo a los nativos por ganarse la vida, poner en valor lo que poseen, mejorar sus condiciones de vida, están en el derecho de vivir mejor usando sus recursos a mano, no deploro eso. Tal vez se puede hacer mejor, eso sí, rescatar el “ver por primera vez”. La última vez que me ocurrió fue amanecer en el llamado “Balcón” entre Quiruvilca y Huamachuco - 4000 m.s.n.m. -, con el Sol a través de la neblina sobre los cerros tras los que el Marañón lleva las aguas del Perú al Atlántico; hacia el norte Cajabamba, al sur la Cordillera Blanca como nunca la vi, a mis espaldas la cabecera de cuenca. Eso cambiará, espero verlo otra vez y recorrer esa ruta de nuevo antes que sea tarde.      

La Literatura de Viajes es hoy un pobre sustituto del hecho, más aún cuando abundan los testimonios gráficos que enseñan aquello que de otro modo nunca verías, pero sin poesía. Todo el mundo ha visto la Torre Eiffel en París, la Plaza Roja en Moscú, la cumbre del Everest, el fondo del Gran Cañón del Colorado, no hay cómo soslayarlo. Ni modo. Pero tiene su gracia leer los estertores de un género no despreciado por literatos conocidos, como Leandro Fernández de Moratín, Pedro Antonio de Alarcón, Juan Valera, Emilio Castelar, Vicente Blasco Ibáñez, Azorín, Enrique Jardiel Poncela, Miguel de Unamuno para hablar de los de lengua española, que van hasta el mismo siglo XX. En otras lenguas hay André Gide, Alberto Moravia, Mark Twain, Julio Verne, Robert Kaplan, Eça de Queirós, Joseph Conrad, etcétera. Los exploradores empleaban sus notas de viaje para publicaciones que al lograr éxito servían para publicitar y/o financiar viajes posteriores. Así fue con James Cook, Fridtjof Nansen, Robert Fitzroy, Robert Falcon Scott, Thomas Edward Lawrence (a.k.a. Lawrence de Arabia, cuyos Siete Pilares de la Sabiduría compendian sus hazañas en la Gran Guerra), Ernest Shackleton, David Livingstone, Richard Burton, Roald Amundsend, el periodista Henry Morton Stanley, Enrico Nóbile, etcétera. Los géneros se cruzan, hay literatos que fueron exploradores y viceversa; hay los que al narrar su experiencia se escapan lel género de Viajes y crean gran Narrativa de su experiencia, como John Byron, Herman Melville, Karen Blixen (a.k.a. Isak Dinesen, y su novela Memorias de África), Jerome K, Jerome en humorístico, Ernest Hemingway (que conoce Las Nieves del Kilimanjaro), Robert Louis Stevenson. Hay grandes libros que pertenecen más a la literatura que a los Viajes, me eximo de tratarlos hoy.        

III
Viaje de un naturalista alrededor del Mundo (Charles Darwin); y Tres hombres a bordo del Beagle (Richard Lee Marks)

En el mundo anglosajón los relatos de Viajes tienden a producir más secuelas que en el mundo latino. Parece que italianos, españoles, franceses, portugueses y americanos del sur agotaran su ímpetu en los siglos XVI y XVII; y fueran relevados por alemanes, ingleses, escandinavos, holandeses y americanos del norte en los siglos XVIII y XIX. El proceso coincide con las Revoluciones Científica e Industrial y seguro no es casual, pues que los últimos Libros de Viaje los escriben antropólogos, arqueólogos y otros Científicos Sociales, como Margaret Mead (Adolescencia, Sexo y Cultura en Samoa; Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas), y Bronislaw Malinowski (La familia entre los aborígenes australianos, La vida sexual de los salvajes del Noroeste de la Melanesia). Vemos como están presentes los términos primitivo, salvaje, aborigen en los títulos de la literatura científica, lo que no escandalizaba a nadie. Observamos lo arcano de revelar el sexo en sociedades remotas, como si fuera necesario mirarlo “desde fuera” para luego poderlo ver “en nosotros” y generalizarlo. Razones ha de haber para ello. Sin Margaret Mead, Malinowski, Frazer, Benedict y más no habría Masters y Johnson, Terman, o reporte Kinsey. El primero de todos parece haber sido Charles Darwin con su Viaje de un naturalista alrededor del mundo, que años después generaliza la experiencia en El Origen de las Especies. El Viaje tiene gran valor por sus observaciones, percepciones y sensaciones, por el orden con que narra, por el detalle. En lo personal tengo que este libro lo encontré en casa a mis diez años de edad, reconocí el nombre de Charles Darwin por estar en mi panteón científico y aunque quedé ligeramente decepcionado, aprendí que la gran revelación nunca llega. Era mi primer libro de Viajes de autor – Julio Verne no cuenta, son novelas; El Mundo Pintoresco tampoco, es Enciclopedia – y lo devoré con entusiasmo, superando los problemas de comprensión lectora de sus partes complicadas (en esas felices épocas uno se saltaba esas partes), y cuando supe que Darwin había estado en el Perú sentí la primera temprana vergüenza de ser peruano. Darwin tenía mejor idea de Chile que del Perú, y escribe palabras de menosprecio hacia mi país: Ninguna nación de la América del Sur ha estado más que el Perú sumida en la anarquía desde la declaración de su independencia. En la época de nuestra visita había cuatro partidos en armas que se disputaban el poder. Si uno de estos partidos vence, los otros se coligan contra él; pero así que a su vez son victoriosos se dividen inmediatamente. Creo que fue la primera vez que leí textos desfavorables hacia el Perú, y la primera vez que pensé en ello, que no ha sido la última. Encontré esa diferencia ético-moral entre “lo que quiero” y “lo que es”, me di cuenta que no siempre tenemos lo que deseamos, ni lo que creemos ser es lo que somos. Hay una distancia entre ser y querer ser; y no eres tú quien la establece ni quien fija los parámetros y modelos. Lo hace quien puede hacerlo, y los criterios que emplea no son los tuyos. Esto fue decisivo en mi formación moral, aprendí del mejor a hacerle caso más a mis ojos y mi criterio que a la autoridad. Y de entonces acá no me he arrepentido. Pero había más en el Viaje: Cinco largos años en alta mar en un buque, entre los 22 y los 27 años, como para ansiar vivir la experiencia, clavo q            ue me saqué muchos años después, en distintas circunstancias y tiempos.  
    
Tres Hombres a bordo del Beagle es obra epígona del Viaje, y le sigue el rastro a los tres personajes más interesantes del Viaje: El propio Charles Darwin;  Robert FitzRoy, capitán del Beagle; y Jemmy Button, nativo fueguino recogido por FitzRoy en un viaje anterior, y que tras algún tiempo de ser procesado para alcanzar el estadio de “civilizado” en la propia Inglaterra, era devuelto a su tierra para constituir una suerte de apoyo para los ingleses en la misma. Este libro es suficiente, pero no excelente. Lo mejor que hace es informar sobre los hechos posteriores a los que Darwin cuenta, aunque sus explicaciones se sienten inferiores, pese al siglo y medio entre ambos. Pero Richard Marks no es pretencioso ni trata de enmendarle la plana a nadie, mucho logra al presentar los hechos de manera simple, en particular el desastrado papel de Jemmy Button en los dramáticos acontecimientos posteriores al periplo del Beagle. Así muestra las incomprensiones entre las expectativas de grupos humanos diferentes: ingleses y fueguinos no piensan del mismo modo. La obra alcanza por momentos ecos líricos en la sencillez con que narra la heroica muerte de los misioneros expedicionarios de la Misión de la Patagonia en el solitario Spaniard Harbor. Tampoco carga las tintas ni ejerce sensacionalismo de tabloide, irrespetuoso y patriotero, al presentar las crisis y dificultades que Robert FitzRoy atravesó tras dejar el mando del Beagle, las que culminaron mucho después en su suicidio. He leído opiniones muy críticas sobre FitzRoy con las que no puedo coincidir, no consideran las circunstancias de la época y son demasiado postmodernos juzgando hechos y dichos de las gentes del pasado con criterios actuales. Sin avalar nada y sin exagerar, presentando los hechos, Marks explica con respeto y dignidad la suerte desdichada de un hombre que tuvo que pasar por graves dificultades y problemas, que siempre trató de cumplir su deber tal como lo entendía, lo que lo abrumó. El  Capitán del Beagle fue así presa de una desgraciada dolencia nerviosa que provocó que se quitara la vida, pero sin duda el amigo íntimo de Charles Darwin fue un gran marino y explorador de los tiempos modernos.

IV
El Millón (Marco Polo); y La Odisea de Marco Polo (Harry Rutstein)

Nadie puede decir que ha leído un Libro de Viajes si no ha leído El Millón, también conocido como El Libro de las Maravillas, de Marco Polo, hijo y sobrino de dos comerciantes venecianos, Nicolás y Maffeo Polo, para mí los verdaderos héroes de estos viajes. Pensemos en ello, todo el mundo dice que Marco Polo aquí y que Marco Polo allá, y hasta tiene su jueguito de piscina, vaya uno a saber por qué; pero cuando el joven Marco inició su Gran Viaje, ya el papi y el tío estaban de ida y vuelta, lo que resalta la importancia de las “conferencias de prensa”, pues nunca hubiéramos sabido nada de la movida de Nicolás y Maffeo si no fuera por la casualidad de que Marco a la vuelta cumplió su deber patriótico, cayó prisionero, y para no aburrirse en la canasta donde lo tenían narró sus historias a su compinche de celda, el pisano Rusticello, que daría cuenta de ellas al mundo europeo. Siempre me ha dado qué pensar el hecho que entonces hubo muchos Viajeros en las rutas de Marco Polo e Ibn-Batuta, y muchos más que hacían rutas importantes aunque más cortas. Había caravanas a Tombuctú, Delhi, Cambaluc y Samarcanda; París y Londres eran sitios exóticos para árabes y turcos, más para persas, chinos y mongoles. Viajar debió ser arriesgado y tomaría tiempo, una vida no debía alcanzar para muchos viajes. Los viajeros se encontrarían en Ventas y Posadas y cambiarían notas y grandes mentiras, como siempre ha sido: Y sabed también que en mi opinión no hay ciudad en el mundo (Cambaluc, la Beijing de hoy) a la que vayan tantos mercaderes (…) Y tened por cierto que a esta ciudad entran diariamente más de mil carretas cargadas únicamente de seda. Observaciones de viajero, que tiene algo de espía y mucho de comerciante de ojos bien abiertos. Nunca se sabe si eso que te enteras te será útil algún día: Y tened por cierto que en toda la provincia de Catay hay una clase de piedras negras que se extraen de las montañas y que arden haciendo llamas como leños: se consumen completamente como el carbón de madera. Mantienen el fuego y producen la cocción mejor que la madera. Por lo demás, Marco Polo ni fue el único ni el más importante. Ya hemos visto que el padre y el tío se movieron más que él. Ibn-Batuta hizo más ruta que Marco Polo y por más tiempo. Cheng Du condujo una flota impresionante hasta las costas africanas y sus memorias quedaron para pasmo y admiración de las siguientes generaciones. Marco Polo viajó joven, tuvo tiempo y energías para mirar mucho y ser funcionario del emperador mongol Kublai Khan, lo que le permitió recorrer Asia y ver cosas sorprendentes, y aunque exagerado, no es raro que se creyera que no hubo jamás hombre alguno, ni cristiano, ni sarraceno, ni tártaro, ni pagano que que haya visitado nunca tan vastas regiones del mundo como hizo Micer Marco, hijo de Micer Niccolo Polo, noble y gran ciudadano de la ciudad de Venecia.     

El libro de Harry Rutstein, La Odisea de Marco Polo, no tiene pretensiones literarias y se ciñe al aspecto aventurero, lo que a mi entender lo califica bien, pues no pretende ser más de lo que es, es decir la glosa de lo que sería en pleno  Siglo XX realizar el Viaje por la misma – o muy parecida - ruta de Marco Polo. Sé que decir “no pretende ser más de lo que es” suele reducir el valor de lo afirmado, pero aún así esta es una glosa escrita más de 700 años después del viaje que le dio origen, por una ruta que no ha sido común ni entonces ni ahora. Posteriormente al Viaje de Rutstein se han construido modernísimas carreteras y el Viaje se ha reducido en tiempo y dificultades. Asimismo, la influencia de Occidente penetra a través de carreteras y medios de comunicación, y así lo que se narra en este libro, pues ya cambió. Aún así se disfruta mucho el libro, se ubica muy en lo que fue el viaje de Polo,  que cuando el autor hizo la ruta en el último tercio del siglo pasado todavía bastante era más como en época de Marco Polo que como la actual. Entre los años 70 y 80 y la actualidad las cosas cambiaron, nos tememos, más que en los últimos 700 años. Si Marco Polo viajaba en 1975 hubiese reconocido más de lo que reconocería hoy en día. El subtítulo de Rutstein lo dice: Tras los pasos del mercader que cambió el mundo, un fantástico viaje de aventura de Venecia a Pekín siguiendo la fascinante ruta de Marco Polo. Y esto que le pasaría a Marco Polo de repetir el viaje, estoy seguro le pasaría en el Perú a Gonzalo Pizarro, Cieza de León, Humboldt, Darwin, Tschudi, Wiener, Raimondi, etcétera. Me pasa a mí, y creedme que aunque no soy Marco Polo, tened por cierto que por entonces las carreteras eran de tierra que se afirmaba y apisonaba con instrumentos aparejados al efecto por hombres de aquellas tierras, y que no habían teléfonos en las rutas y apenas de vez en cuando cruzábamonos con emisarios y propios…    

V
Colofón

Termino por el principio. He mencionado El Mundo Pintoresco en una de mis primeras Crónicas, si bien al paso. Y me saco el clavo de estos Nueve tomos, editados en la Argentina: “Este libro se terminó de imprimir el día 20 de abril de 1946, en los Talleres gráficos de la Editorial JACKSON, calle Perú 1186 – Buenos Aires – República Argentina”. Y digo que acabo por el principio porque esta enciclopedia de nueve tomos fue lo primero que leí como Libros de Viajes. Cómo llegó a casa es un misterio, de seguro llegó antes que yo, y sigue en estos momentos aquí. Y ya saben: Lean, que por ahí cae un Libro de Viajes. …


CRÓNICAS DE LECTURAS – 37
Mo Yan, Premio Nobel 2012: Política, Traducción y Literatura

I
Vocación, Premio Nóbel, hipocresía política

Si un autor ha ganado el Premio Nobel de Literatura es que es importante. El universo de lo escrito con ansiedad literaria es amplio, abarca a todos esos autodefinidos escritores y a sus demonios internos. Hay ganancia secundaria si aparte del acto de la creación, del orgasmo interior, de la sensación de integridad y plenitud, además te ganas los frejoles con eso. En la práctica escribir es lo que haces cuando no trabajas, y la chamba el precio a pagar por ser humano: Se trabaja, después se escribe, la vida es justamente transar con esas cosas. Ahora bien, recibir un premio cualquiera – Planeta, Alfaguara, Príncipe de Asturias, Hugo, Nebula, Nobel, etcétera –, es publicidad que permite vender Libros, y plata no esperada, se puede uno hasta creer que la sociedad quiere que uno escriba. Como remuneración siempre llega con retraso, a veces póstumo, pero más vale tarde que nunca, y se espera que lo agradezcas. Creo que al único al que eso le llegó al quinto forro del abrigo fue a Jean Paul Sartre, que no fue a recoger su Premio Nobel porque le gustaba más mostrarse con la Simone de Beauvoir en el café de la paix, el Nobel le importaba tres pepas secas de naranja. Boris Pasternak tampoco fue a recogerlo, pero dudo que haya sido porque no le importara, eso de tener encima al Partido Comunista de la Unión Soviética, que sabía lo que nos conviene a todos, pues que determinó que asistir fuera para Boris un gesto burgués, intrascendente y sin importancia. No sé si a Boris se lo preguntaron…  

Seamos ingenuos un rato: No siempre se piensa en plata, excepto si se necesita: es decir siempre. Testigo es Jack London, que al triunfar como escritor dejó la miseria para alcanzar la no tan ventajosa condición del eterno endeudado. Es decir, como todos nosotros hoy en día. London era un magnífico escritor que vendía como pan caliente, pero así como ganaba la plata se la gastaba con la misma; tenía una recatafila de familiares, amigos y hueleguisos que colaboraba gustoso a dejarlo sin liquidez. Hoy tendría cinco tarjetas de crédito y escribiría como mercenario. En fin, si eres joven y soñador puedes abstraerte de esa subalterna consideración de la plata, lo que es una bobada, pues hasta sin oxígeno se puede vivir pero no sin dinero, Chéjov dixit. Algunos invisibilizan el tema por ciertos enredos ético-axiologico-morales adquiridos en tiempos de su amaestramiento escolar, y hablar de plata les afecta la ecología interior de sus almas, no concilian el sueño a no ser hagan esfuerzos más o menos inconsciente para seguir inconscientes en la vigilia. Los niños en general son más inteligentes que los adultos y entienden mucho mejor el valor del dinero. Pero ya me fui por las ramas y mejor vuelvo a la perspectiva estética y ética, a la vocación de tontear con las palabras, al hecho de ganar un premio haciéndolo. Porque en esta Crónica quiero tratar de Mo Yan, Premio Nobel de Literatura 2012, a quien por casual casualidad leí antes que le dieran bola por estas latitudes, ya les cuento. Ahora importa decir que Mo Yan es un chino de esa China donde hay más gente que renacuajos, de economía que crece como la espuma, y gobernada por el Partido Comunista. Mo Yan no sólo no está preso sino que vive de su pluma, no tiene controversia con el gobierno, no es mártir de la libertad y muestra cada día algo que a la Derecha Internacional Bruta y Achorada le sabe a chicharrón de sebo: Que en “ese” lado del mundo hay gente vulgar y silvestre, no FuManchús prestos a conquistar el mundo mientras se solazan en la represión del justo anhelo capitalista del pueblo chino, cuyo deseo más profundo es ser Occidental. Mo Yan se permite de paso escribir maravillosamente bien y reírse del seudodebate generado en torno a la hipocresía política de pensar que puedes juzgar a los orientales con parámetros occidentales. Para aprender de China parece mejor oir a los japoneses, singaporenses, coreanos, vietnamitas, indios y, claro, a los chinos mismos.   

 II
Mo Yan

Mo Yan escribe sobre lo que todo el mundo ve y vive, la vida cotidiana, lo que ha visto y sentido cuando vio y vivió. Este ser humano de ojos rasgados y piel amarilla conoce la condición humana, escapa a los estereotipos. Nació en familia de agricultores en Shandong, uno de muchos millones. Trabajó de campesino, obrero y soldado y empezó a escribir por pura distracción. Leyó a García Márquez, a Tolstoi, a Faulkner, suponemos en sus traducciones. Como todo el que escribe, su materia prima primigenia fue su infancia, su pueblo natal y sus narrativas populares: Lo que hice fue muy sencillo: contar mis cuentos a mi manera. Mi manera es la misma de los cuentacuentos del mercado de mi pueblo, a quienes conocía muy bien; es también la manera de mis abuelos y los ancianos de mi pueblo natal. Así de simple. Por supuesto tiene deuda con la tradición china, en especial el budismo, el filósofo Lao-Tsé, los escritores Sheng CongWen y Pu SongLing, su profesor Huaizhong Xu. Trata de ponerse “por encima” de la política pero sin dejar la literatura, y por eso produce cosas como Baladas del Ajo, pero a la vez hace lo que quiere hacer con lo que escribe. Es engañosamente simple al narrar, y lo sencillo es difícil, y leyéndolo, horriblemente difícil. Esa estudiada simpleza le vale que lo comparen con Kafka, lo que no me suena justo ni para Kafka ni para Mo Yan. Sí se parecen en que dicen exacta y precisamente lo que quieren decir. Estamos frente a maestros.

Tampoco es el primer chino en ganar el Premio Nobel. Gao XinJian lo ganó en el 2000, pero XinJian es un escritor bilingüe, que vive como francés desde 1986 y que es un apestado para la quisquillosísima República Popular, a diferencia del cuentacuentos Mo Yan, que parece pasea Beijing sin más problemas que los del tránsito. Pero ser chino en Occidente es un problema. Hay estereotipos de los que en el Perú tampoco nos libramos, pese a nuestra numerosa población de peruanos de origen chino. La supuesta sabiduría e impenetrabilidad oriental con la que adornamos a los orientales determina que leer a un chino impique buscarle cosas que puede no tenga, como si tuviera la obligación de representar a toda la cultura china frente a Occidente. No se les cargó así a Rabelais y Montaigne respecto de Francia, ni se les impuso a Twain y Poe la pesada carga de presentar los Estados Unidos al mundo. El exotismo y los prejuicios políticos y literarios dan pie a simplificaciones del tipo “los chinos son así o asá”, o “el régimen chino es así o asá”. Si eres chino, lo políticamente correcto es que el régimen dictatorial y represivo de la República Popular te prohíba y censure, así venderás más en Occidente. Si no estás prohibido eres maoísta. Si te prohíben un rato y luego te levantan la prohibición – cosa que parece común allá - pues eres un “escritor censurado”, y las editoriales respiran.  Al revés de XinJian, Mo Yan escapa al estereotipo por eso de ser medio occidental, medio budista, medio oriental.

III
Mo Yan y el problema de traducir el Chino

Hasta hace un par de meses no advertí que Mo Yan ganó el premio Nobel de Literatura 2012. En 2010 fue del peruano Vargas Llosa, en 2011 del poeta sueco Transtörmer, que me deja mudo pues no lo conozco y me suena a Transformer. Mo Yan, ya dije que no es el primer chino en ganar el premio Nobel de Literatura, pero agudizó el problema de las traducciones. La dificultad es traducir lo que no es mainstream a las lenguas - meta que sí lo son, donde resulta más rentable traducir, en particular al inglés. En el 2000 el nobel Gao XinJian planteaba un problema de costos a los editores: Es más caro traducir del chino mandarín al castellano que tomar una traducción del autor chino al Inglés o al Francés, y retraducirla al castellano. Es una salvajada intelectual por supuesto, pero las editoriales están sobremanera interesadas en sus utilidades. La montaña del alma, densa novela de XinJian se tradujo al castellano no del chino sino del francés, y se vendió “traducida” del chino. Ello pasa de un problema de Traducción, donde  el asunto ya era crimen de lesa cultura, para ser tema de estafa y engaño, ahí la cosa es de ley infringida, de venta de gato por liebre. Por supuesto, eventualmente puede haber Traducción Indirecta cuando no se puede hacer Directa. Si no hay originales disponibles o no hay más remedio, ni modo, así se tradujeron al castellano la mayor parte de las literaturas orientales, incluyendo a las Mil y Una Noches y los Robaiyat de Omar Khayyam, que llegaron a Occidente en traducciones Indirectas. Pero si una Traducción es Indirecta, le llamas Traducción Indirecta, y si siéndolo no la llamas así incurres en estafa, en “Traducción Indirecta Camuflada”. Fuentes especializadas señalan que desde el 2001 más de la mitad de las traducciones literarias del chino mandarín al castellano fueron “Camufladas” de la forma más ridículamente sencilla: En la página de créditos aparece el título original chino y el traductor español, se omite el título del texto mediador en inglés o francés, y se pasa por alto al traductor de la primera traducción. Se falsifican así los datos en Bibliotecas y en la Base de Datos ISBN. La Editorial Kailas publicó así varias novelas de Mo Yan, entre ellas Sorgo Rojo; Baladas del Ajo; La vida y la muerte me están desgastando; Grandes pechos, amplias caderas; La república del vino; Shi Fu harías cualquier cosa por divertirte.

No sólo tema de costo sino de tiempo para hallar un buen Traductor del Chino Mandarín al Castellano: ¿Cuánto se demora un Traductor en traducir del chino al castellano? Podemos imaginarnos a los editores enterándose de un Premio Nóbel chino, como se jalan los pelos y estiran las comisuras de los ojos tratando de ofrecer al público los libros del chino en cuestión antes que la competencia. Por cierto, se encuentra a los Traductores de los libros en las bases de datos ISBN, las que hay que consultar si se quiere saber si existen los tales traductores y las obras que han traducido. El rigor en las traducciones es un tema más importante de lo que parece. En las traducciones al inglés desde el Chino Mandarín hay características clave que modifican seriamente el texto en relación con la traducción castellana. Debido a las diferencias entre los idiomas, los autores autorizan a sus Traductores a realizar el denominado editing, modificaciones autorizadas del original, a veces notables, a veces sutiles, debidas a las distintas características de las lenguas origen y meta. Estas modificaciones suelen implicar abreviaciones, supresiones, paráfrasis, cambios de orden de diversas unidades (palabras, frases, oraciones, incluso párrafos), e incluso ciertos añadidos explicativos aparte de los señalados con la conocida N. del T. (Nota del Traductor). Si traduces el texto en inglés traducido del Chino mandarín, partes de una versión alterada del original, filtrada y enfocada a un público cuyos referentes lingüísticos son muy diferentes a los de los castellanolectores. Si el Traductor carece de experiencia y rigor, la Traducción de la Traducción pasa sin tamiz no sólo las modificaciones para el inglés o el francés, sino los errores lingüísticos o extra-lingüísticos propios del idioma castellano, por desconocimiento de la lengua y cultura chinas, o por falta de capacidad o habilidad traductora. Menos mal la novelita de corta extensión Cambios, que me poseo, editada por Seix Barral, se tradujo directamente del chino por Anne-Hélène Suárez Girard, conocida traductora del mandarín al castellano.

IV
Su poco de crítica literaria

¿Qué apreciamos nosotros de un escritor? Pues me parece a mí que en esencia dos cosas: Qué dice, y cómo lo dice. Mo Yan posee a mi entender la increíblemente imposible cualidad de la sencillez. Hasta pareciera natural en él si no fuera por lo que yo sé que me cuesta mantener estas Crónicas lo más sencillas posibles, sin lograr lo que quiero más que en contadas ocasiones. La sencillez se trabaja, necesitas saber con precisión de nanómetro qué quieres decir y con qué palabras, giros, frases, signos de puntuación, tiempos y modos verbales, actitudes y emociones- Hay ciertas precisiones e intenciones en lo que quieres decir, y no digo que lo sepas con puntos y comas sino que poseas el estado de ánimo que te permita estar conectado con el momento en que estás conectado, y tratar de no desconectarte. Y todo eso, y algunas cosas más, parece que al Premio Nobel Mo Yan no le da ninguna chamba. Y eso me da cosa, me da pica, me molesta, me indigna, me da envidia. El talento literario no basta, decía Charles Chaplin que talento todo el mundo tiene, lo que diferencia a unos de otros es el trabajo, pero no parecepara Mo Yan, ese chino de miércoles cuya insultante sencillez me cautiva, peyorativa combinación entre García Márquez, Faulkner, Kafka y quién sabe quién más. Mo Yan te convence que es mujer en Grandes pechos, amplias caderas; y a la vez está metido en cómo se sufre la miseria causada por la insensible corrupción de los sucios burócratas que anuncian al universo su omnipotencia digitando la siembra de ajos, en Las Baladas del Ajo. Lo peor del asunto es que antes que te des cuenta ya estás en el asunto:  

El padre de He Zhiwu era un viejo obrero agrícola que había trabajado durante décadas para un terrateniente. La madre era el miembro más antiguo del Partido Comunista de nuestro pueblo. Tenía la cara toda picada de viruela, los pies grandes y el temperamento explosivo. A menudo se subía a la muela de piedra que tenían delante de la puerta y se ponía a echar bronca a la gente sin razón particular, con una mano a la cintura y la otra en alto parecía una tetera a la antigua.


Puedo ver a la vieja medio chiflada como la militante comunista más vetusta y antediluviana de ese pueblo. Veo la ligera ironía propia del muchacho más vivo de la clase, y a la vez la humanización de esa mujer que parece una tetera a la antigua cuando denosta a los viandantes desde su demencia senil. Y así le pasa también al chico de provincia que llega a la mítica capital de su país por vez  primera, que me recuerda la letra de ese huayno mañana me voy a Lima, Rosaura: ¡Pekín, cielos, estábamos en Pekín! ¿Quién me iba a decir que un pobre chaval de campo como yo, de Dongbeixiang, distrito de Gaomi, llegaría a Pekín un dieciocho de enero de 1978, que vería tantos coches blancos, negros, y tantos jeeps verdes, que vería tantos edificios altos y monumentales, que vería a tantos extranjeros de nariz alta y ojos azules?  Así es, este chino simple, simplísimo, es engañosamente simple. Tengo que agradecerle a Mirtha, periodista especializada en el lejano oriente por haber puesto a mi alcance sin saberlo a Mo Yan antes que ganara el Nobel. Ella nunca supo que su hijo – muchacho brillante, muy rayado y roquero, de quien fui preceptor – me los pasaba diciendo qué bacán este chino. No le di tanta bola al asunto, compartía el prejuicio, pero aprendes en los sitios menos sospechosos.     

V
Colofón


Agrada ver que los referentes literarios de otras latitudes no son tan diferentes de los nuestros. Nos solazamos en el común acervo humano y nos da lo mismo que el autor sea chino. En general las ideologías dividen, mientras que la Literatura – la Buena Literatura – nos une. El que tenga ojos, que Lea sin miedo.  


CRÓNICAS DE LECTURAS - 38
Clásicos (II)

I
Los Clásicos y la delicia de la relectura

Conforme pasan los años encuentro que me provoca leer y releer libros clásicos que por angas o por mangas no he podido leer, o que he leído pero me he olvidado y es como si no los hubiera leído. Me gustaría saber por qué lo hago, pero más interesante me parece dilucidar los criterios para determinar cuáles libros y lecturas se emprenderán o reemprenderán. Como todo el mundo que lee tengo mi lista de libros qué leer, soy consciente que hay mucho de obligatorio y de interesante que no he leído, y hay algunos libros de los que probablemente jamás tendré noticia y que me moriré sin haber leído. Horribles límites de la condición humana, aunque si tratamos de salvarlas hay ciertas cosas que de cajón uno siente que debe leer por razones profesionales y laborales, incluyendo las que de todos modos uno debe enterarse para hacer su trabajo más o menos coherente: En esta categoría entran todas las actualizaciones, artículos nuevos y libros editados recientemente en los temas en los que uno está vinculado e interesado por laburo. Y de eso no te libras ni a cañones. Por el otro lado, la lectura que podríamos llamar de cultura general y/o entretenimiento – he explicado en alguna otra parte lo idiota de separar la Cultura del Entretenimiento - presenta muchas obras y autores de las que tengo referencias, y que sé de algún modo que quiero leer, aunque no con la misma urgencia, necesidad, obsesión o ansiedad que los anteriores. Y son esas lecturas las que por angas o por mangas no puedo emprender por diversas razones, de las que la principal por lo general es la falta de disponibilidad de los libros por su elevado costo, aunque esto pueda relativizarse. Cuando se tienen gastos, gastar en libros no se puede, del mismo modo que cuando no te puedes tomar una chela pues no te la tomas, o no vas a ver los conciertos de tu vida porque no se puede, y ya. Y eso lo entenderá cualquier persona que conozca las viscisitudes de la vida, que los que no las conocen creen por tener zapatos que el suelo es de cuero.

Entre algunos autores que se me ocurren ahorita, y que no he abordado aún, están Paul Auster, Ayn Rand y Stieg Larsson, los que no he leído y por los que siento curiosidad. De otros he leído alguna que otra cosa, pero no me conquistan, a pesar de lo que me cuentan algunos amigos. Por otra parte, hay relecturas obligadas: Releí a la velocidad de la luz El Hobbit, de J.R.R. Tolkien, dado que no quería ver la película sin antes haberme refrescado esta lectura y poder hacer las comparaciones correspondientes. Por otra parte es interesante cada cierto tiempo releer Clásicos. Se me ha hecho costumbre cada cierto número de años releer la Odisea de Homero; La Divina Comedia de Dante Alighieri; el Fausto de Goethe; e igualmente El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes, algunos de estos los he mencionado junto con el Poema del Cid en otra Crónica, incluyendo algunas buenas razones personales para releerlos. Pero ¿a qué libros llamamos Clásicos? La antigüedad tiene que ver, indudablemente. Pero Herodoto y Homero son clásicos, tanto como Rabelais, Shakespeare, Milton y Víctor Hugo, pero entre unos y otros hay hasta milenios de diferencia. Me da la impresión que lo que está en el pasado se ve como la Historia en general, es decir como una pantalla tridimensional donde se ubican ciertos acontecimientos siguiendo criterios objetivos (su antigüedad real) y subjetivos (su importancia para uno). Así  puede resultar que uno sienta “más cerca” la Odisea que Ivanhoe, por ejemplo, aunque la primera es más “vieja”. Y debido a esa subjetividad parece natural que uno se plantee su propio concepto e idea de lo que es Clásico. Y así yo diría que es un Clásico toda aquella obra que nos dice algo importante y permanente sobre los valores humanos, empleando a su vez una forma y estilo de superior calidad. Y por ello debo confiar tanto en mi propio criterio como en el de filólogos, editores y literatos; amén de los especialistas en diversos temas, porque hay Clásicos de la Pedagogía como el Emilio de Rousseau, o de la Historia, como Vidas Paralelas de Plutarco; o de la Historia Natural, como El Origen de las Especies de Charles Darwin, de la Sociología como Las Reglas del Método Sociológico de Emile Durkheim, de la Antropología como La Rama Dorada de James George Frazer o de la literatura gauchesca como Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes. Parece que abundan los Clásicos, y aspirar a leerlos puede ser un programa de vida, aunque uno se pregunte por la finalidad de semejante programa. Yo entiendo que a uno le tiene que gustar la cosa para darse el esfuerzo. No basta para ser Clásico plantear valores fundamentales y/o trascendentales y ser estéticamente convincente; se debe pasar la prueba generacional: Superar la generación del escritor y continuar superando generación tras generación victoriosamente, sólo así estamos seguros de que tal obra es universal. Es un hecho que hay Clásicos que mueren; y es más, deben morir tal como las obras de Galileo o Copérnico; que ya envejecieron, pues lo importante en ellas se asimiló a toda la Cultura. Es decir, la Astronomía o la Física de estos autores se integró a textos más modernos que incorporan lo posterior. No pasa esto con la Literatura, sin embargo, o si pasa, es más lento, y el Decamerón, la Epopeya de Gilgamesh y Os Lusíadas pueden seguir leyéndose hoy en día, aunque en versiones actualizadas. Si la obra se sigue leyendo es porque los valores que representa mantienen validez y permanencia para determinados grupos humanos.

II
La Divina Comedia (Dante Alighieri)

Entiendo que considerar épica a la Divina Comedia es un abusivo empleo del concepto, pero que es Clásico, es Clásico. A más de la incomparable belleza de la forma – visible aún en las traducciones castellanas, en especial en verso -, se enfoca en el tema del Camino de la Vida, que es tema de  todo ser humano, y en el problema esencial de nuestro destino más allá de la muerte: la cuestión de nuestra salvación eterna. Aunque es obvio que no creemos, como Dante y los demás hombres y mujeres de la Edad Media, en la realidad física del cielo, el purgatorio y el infierno; podemos aceptarlos como alegoría, aunque eso a muchos no los tranquilice. Detengámonos un momento aquí, y abundemos un poco en esto: He ido a la Iglesia de Andahuaylillas un par de veces en mi vida, y la segunda vez me entregué a mí mismo el obsequio de observar detenidamente las pinturas que adornan las paredes de este monumento religioso colonial del Perú, tratando de sentir lo que sentían las gentes al ver las representaciones del cielo y el infierno combinadas con las representaciones alegóricas de los caminos ancho y estrecho (Ancho es el camino que lleva a la perdición, cito la Biblia de memoria). Dichos caminos alegóricos eran entendidos como alegoría por los que veían las pinturas hace 200 o 300 años, pero ellos mismos asumían reales los tormentos del Infierno y las delicias del Paraíso, igual que los primeros lectores de las “dantescas” descripciones de Dite y los tormentos de los diversos círculos del infierno de La Divina Comedia: Eran realidades en el mismo plano que la realidad que experimentamos al presente. Para tratar de hacer entender la pervivencia de estas imágenes e ideas, siempre hago el ejercicio de preguntar a mis alumnos y expectadores de mis conferencias (y me atrevo a preguntarte, lector): ¿Dónde está Dios? Y te apuesto doble contra sencillo que miraste arriba, tal como invariablemente todos me señalan. Igual pasa con el Diablo, y apuesto que mirarás hacia abajo. No es solamente una cuestión de la topografía del Mundo, sino una Filosofía sobre la realidad que le debía casi todas sus ideas a Aristóteles. Un libro que me ayudó sobremanera a entender muy bien esta manera de pensar, y las escisiones mentales producidas al respecto, fue Los Sonámbulos, de Arthur Koestler, cuya lectura por supuesto recomiendo.

El hecho es que, tomada a lo alegórico o a lo real o en combinación, La Divina Comedia sigue siendo un clásico estremecedor. Compuesta entre 1304 y 1321 más o menos, ya tiene siete siglos de permanencia. Se llama Comedia debido a los cánones tradicionales, pues Tragedia no podía ser, ya que termina con la salvación eterna del Dante. Vale la pena en este punto rendir homenaje al fallecido estudioso Leopoldo Chiappo, intelectual peruano profundo conocedor de esta obra, a quien tuve el gusto de escuchar sobre este tema y otros. Consta La Divina Comedia de tres grandes partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso, divididos en cien tercetos – las traducciones castellanas en verso los mantienen, pero por lo general varían la métrica acomodándola a la castellana – y cada una de estas grandes partes culminan en la palabra stella: estrellas, lo que nos habla del conocimiento que el Dante tenía del cielo, y cómo pensaba en cosmológico mientras componía su poema. También pensaba en numérico, influido por Pitágoras y sus conceptos metafísicos sobre los números: El número tres de la Trinidad está en las tres partes del poema, como en los tres personajes principales: El Dante, que perdido en el camino de la vida, es protegido por su amada Beatriz (La Fe) desde el Cielo, quien le encarga al poeta clásico romano Virgilio (La Razón) que guíe y proteja a Dante.  El número cabalístico Diez está presente en los cien cantos (33 en cada parte, más uno de introducción), y en los nueve círculos del infierno, diez con el anteinfierno. Es notable lo que un gran poeta puede hacer con tan poco material: Los personajes antiguos y modernos que pueblan el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso son representados vívidamente, y de acuerdo a la situación en la que están: Desesperación absoluta en el Infierno; sufrimiento esperanzado en el Purgatorio; alegorías sobre lo indecible en el paraíso. El último verso nos remite al Amor: L'amor che muove el sole e l'altre stelle (Amor, que mueve al Sol y a las Otras Estrellas).

III
La Guerra y la Paz (León Tolstoi)

No sé si los rusos de principios del siglo XIX eran como los peruanos de principios del siglo XXI, a veces me parece que sí, a juzgar por la manera como esta sociedad se desenvolvía, tal como se lee en los autores rusos del Siglo XIX: Dostoiévsky, Krylov, Gorki, Pushkin, Gogol, Turgueniev, Bunin, Chéjov y otros más. Entre esta pléyade de excelentes escritores destaca León Tolstoi, que en los ránkings de La Mejor Novela Jamás Escrita tiene a su obra La Guerra y la Paz compitiendo con el Ulises, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Rojo y Negro o Los Miserables. Aunque tales ránkings me parecen un poco sonsos, nos dan ciertas pistas acerca de la consideración que una novela puede tener por parte de un cierto público o de unos editores en particular. Que León Tolstoi conocía bien la sociedad de la que hablaba se distingue en que aunque su novela tiene carácter histórico y narra con lujo de detalles la epopeya nacional rusa contra la invasión de la Grande Armée del invicto Emperador Napoleón, abunda en la descripción de situaciones y en personajes muy bien delineados. Las partes en las que divide el libro nos presentan a sus grandes personajes Pierre Besukhoff, los príncipes Volkonsky, Nicolai y Natalia Rostov, el general Kutuzov, y muchos otros precisamente en el Antes, el Durante y el Después de la Invasión Napoleónica, complaciéndose en mostrarnos su intimidad, sus pensamientos, sus sentimientos gastados por el paso del tiempo y las circunstancias, conforme aumentan en edad y experiencias. Es magistral la pintura del desgaste prematuro de los sentimientos de una Natalia Rostov que al final de la obra arroja al mundo en un suspiro su frase: Nunca pensé que se pudiera ser tan feliz. Y asimismo, el final, puesto en boca del jovencísimo Príncipe Nicolasito: Haré algo más grande que los hombres de Plutarco, y mi hazaña se popularizará, me amará el pueblo y todos hablarán con elogio de mí.

Nos resulta difícil de creer en la actualidad que esta super-novela fuera escrita por entregas, y publicada por puchitos en revistas. Así se acostumbraba en el Siglo XIX, y parece esto continuó en las seriales cinematográficas de principios del siglo XX, y de ahí a las series de televisión de hoy en día, que se dividen en episodios y temporadas del mismo modo que las obras literarias que publicaban las revistas se dividían en entregas y capítulos. Hoy en día un escritor tiene que escribir para la televisión si quiere ganarse la vida y ser regularmente conocido, parece que la novela por entregas era la forma de hacerse conocido entonces, particularmente importante para anglosajones y franceses, pero también para los rusos. Cosas del mercado, que no entiendes pero igual es caro. Si tu novela era interesante la gente le seguía el argumento y esperaba la continuación en el siguiente número de la revista, la que adquiría precisamente para poderla leer. Y por supuesto, así se entiende que se escribieran historias cortas, que tenían su inicio, nudo y desenlace en la misma entrega, como se entiende que se contaran historias largas, que seguían la línea gloriosa abierta desde Las Mil y Una Noches, donde el argumento principal incluye precisamente interrumpir la historia en el medio para dejar al Sultán intrigado por el final, y así impedirle que le diera por cortar cabezas. Un algo de esto tiene La Guerra y la Paz, aunque no en la forma, pues resulta difícil soltarla, es la típica novela que se puede tener en la propia recámara, como para leerse algunas páginas antes de dormir. Y ello también es por la importancia del tema: Una epopeya patriótica que movilizó a todo y a todos tiene que haber marcado a profundidad a sus participantes. Y ello explica por qué Tolstoi, siguiendo en esto posiblemente a Víctor Hugo, se detiene a pontificar durante algunas páginas como historiador o filósofo, aunque por lo menos a mí nunca me cae pesado y algunas de esas páginas están entre las mejores del libro. Por cierto, este carácter también es compartido por los modernos Alejo Carpentier, Milan Kundera y Umberto Eco, a los que se les da por interrumpir la narración y hacer disgresiones de diverso carácter.   

IV
Fausto (Johann Wolfgang von Goethe)

No hace mucho reemprendí la lectura del Fausto. Creo que es en esta obra que se plantea completa por primera vez la leyenda clásica alemana del ser humano que, insatisfecho y presa de la frustración, vende su alma al Diablo a cambio de una respuesta económica al aquí y ahora que le permita disfrutar la vida, motivo por el que casi siempre hay una cláusula que contiene el tema de la eterna juventud. Es que dejándonos de vainas, eso de que te ofrezcan una eternidad de goce y pachanga celestial a cambio de unas cuantas decenas de años de sufrimientos, frustraciones y complicaciones, en los que encima hay que portarse bien y estarse quietecito, suena en abstracto como un magnífico negocio en el largo plazo, pero no se siente igual cuando estás subido en la mula. En el muy presente corto plazo uno tiene que sobrevivir y mantener gente, y esas complicaciones del hoy pueden ser muy complicadas. A largo plazo todos estaremos muertos y así no vale. Por eso no carece de atractivo venderle el alma al Diablo (O a quien sea, la cosa es que haya quien te la compre), cosa que además, por poco que observemos, parece que todos están ansiosos por hacer, y si no lo hacen no es por falta de demanda sino porque el Diablo ya no aparece por esta parte del camino como lo solía hacer. Así que existe una cierta tendencia a ajustar todo de manera que podamos tener ambas cosas, como por cierto logra Fausto, dejando al pobre Mefistófeles con un palmo de narices. Resulta obvio que Goethe inspiró su Fausto en la Historia Bíblica de Job, aunque volteada, zurcida y retorcida; pues el Job de la Biblia es básicamente un pobre diablo al que Dios no se digna dar una respuesta, con lo que el tema del mal en el mundo queda en ahí veremos. En el medio de esta contradicción, sazonada con el tema de la sabiduría, el poder y la satisfacción de los placeres sensoriales, es que Goethe inserta esto de vender la propia alma al Diablo. En medio hay más temas y alusiones, entre las que destaca la del eterno femenino que nos salva, representada en la desventurada Margarita (Gretchen), víctima de ese par de sinvergüenzas, Fausto y Mefistófeles.

Entre las muchas obras que se han escrito y filmado con este tema, me vienen a la memoria un par de piezas literarias en las que la anécdota se repite, aunque de modo muy diferente. Es que, claro, en ambos casos está al servicio de diferentes objetivos literarios y responde a los muy diferentes estilos de los autores. El estadounidense Stephen Vincent Benét emplea la anécdota en El Diablo y Daniel Webster, relato corto de 1941, de épica folklórica destinada a elevar el patriotismo de guerra, y en que con su algo de ironía el héroe que vencerá al Diablo será el patriarca estadounidense Daniel Webster, personaje histórico presentado como caballero medieval (sus caballos se llaman Constitución y Constelación; y su Caña de Pescar, cuál Espada de Héroe, llámase Killal y las truchas no la pueden resistir y se arrojan ellas solas al zurrón de Daniel) que defenderá en juicio a Jabez Stone, hombre con simple mala suerte que aspira a cambiarla (Juro que esto es suficiente para hacer que un hombre quiera vender su alma al diablo. Y yo lo haría si me diera dos centavos), demostrando que el Contrato firmado entre Stone y el Diablo es írrito: si queremos brujas en este estado podemos criarlas nosotros mismos sin ayuda de extraños. Y yo añado: God Bless America. El tradicionista peruano Ricardo Palma toma el tema en su tradición Don Dimas de la Tijereta, narrando como un escribano limeño consigue engañar al demonio empleando un retruécano verbal que modifica el contrato mismo. Muy criollo, aunque no consigue más que una ventaja individual, muy distinta de la declaración de principios que Bénet llega a plantear y que tiene la marca de la grandeza. Claro, las comparaciones son odiosas, pero es que no es para nada lo mismo decir Esa prenda se llama almilla, y eso es lo que he vendido y a lo que estoy obligado (…) Repase usted, señor diabolín, los términos del contrato, y si tiene conciencia se dará por bien pagado; que decir: (Jabez Stone) un hombre común (que) iba a ser castigado para la eternidad. (…) Era triste ser hombre, pero también constituía un orgullo (…) Si, aún en el infierno, si un hombre era un hombre, se sabía. La idea del Fausto es mostrar una elección entre el Hoy y el Futuro, y mientras Bénet consigue convertirlo en una epopeya de la libertad del ser humano, nuestro Ricardo Palma apenas puede sacarle la lección de la viveza criolla, y una extraña protesta: ¡Para ceñirse a la ley y huir de lo que huele a arbitrariedad y despotismo, el demonio!  

V
Colofón

Tres Grandes Clásicos, Tres Grandes Temas: El camino de la vida; lo que cambia y lo que permanece; y la elección entre el sacrificio del Hoy y la felicidad del Mañana. Y hay más, mucho más: Lee lo que quieras, como quieras, donde quieras. Lee Clásicos. 

CRÓNICAS DE LECTURAS – 39
Lecturas Soviéticas

I
La Lectura, lo Soviético y el realismo socialista

Como todos saben o deberían saber, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas resultó de la Revolución Bolchevique de 1917, y culminó de modo poco elegante su existencia en 1991. Por tres cuartos de siglo fue un actor fundamental en la política internacional y pareció que había llegado para quedarse. Era expresión política de las ideas de Carlos Marx y Federico Engels, opuestas a las del dominante capitalismo, y que iniciaron la caudalosa corriente delMarxismo, que llegó a encuadrar autores más o menos cercanos y/o encontrados entre sí, comoVladimir Ilitch LeninPierre ProudhónKarl Kautsky, Mao Ze Dong y Antonio Gramsci. La posterior Escuela de Frankfurt hegeliana y marxista tomó distancia de la Ortodoxia marxista-leninista de la URSS, entre sus representantes se encuentran Jürgen HabermasHans HorkheimerTheodor AdornoHerbert MarcuseErich FrommWalter Benjamin, y un gran etcétera. El experimento de los Soviets (“Asambleas” en ruso) sumó los planteos deVladimir Ilitch Lenin a los de Marx y Engels; que también dieron base a la República Popular China, que además integró importantes aportes de Mao Ze Dong y otros. La primera generación post colapso soviético del siglo XXI ha sido educada en el pensamiento único del capitalismo neoliberal, empleo el término neoliberal a propósito. El capitalismo actual no es el mercantil del siglo XVIII, el Industrial del siglo XIX o el Financiero post crisis de 1930 y 1945. Hoy se dice que el Capitalismo ya fue, pero todos los desempleados de los últimos treinta años la tienen más clara: Tal vez no exista el consenso de Washington pero funciona muy bien: los ricos son cada vez más ricos y a la inversa. La Historia repite sus trucos, la realidad de hoy se parece a la que recibía a un niño a fines del siglo XIX, aunque hay cosas que han cambiado su poco, la gente emigraba del campo a la ciudad, dejaba las tierras y se iba a buscar chamba a la ciudad. Hoy, en cambio… todavía esto pasa, pero en grande. Parece que los procesos sociales evidenciados por Marx & Engels y los marxistas siguen ahí, y así el Fracaso y la Muerte del Marxismo parece una forma de wishful thinking de los que se beneficiarían de ello.  

Pero una cosa es el Marxismo y otra bien distinta la Unión Soviética. El marxismo sobrevive a la URSS, pero no se le hubiera dado mucha bola a Marx & Engels sin la URSS, China, Cuba, Yugoslavia, eso sin contar con los héroes y mártires de la religión roja: Bela KunChapaievRosa LuxemburgoJorge DimitrovVicente RojoKarl LiebknechtAntonio GramsciChu Teh,Dolores IbárruriVo Nguyen GiapHo Chi MinhClara ZetkinFidel Castro, el Ché Guevara y un larguísimo etcétera que incluye a casi todos los héroes y mártires de todas las causas justas del pasado y el presente, desde Espartaco hasta Nelson Mandela. Nadie acepta el martirio en nombre de las utilidades de las grandes corporaciones, mucho mejor es el día que el triunfo alcancemos / ni esclavos ni dueños habrá / los males que al mundo envenenan / al punto se extinguirán. En el vasto Campo Socialista se pasó por alto la brecha entre teoría y práctica, entre La Internacional y la triste realidad de Stalin y el Archipiélago Gulag, título de la novela deAlexander Solzhenitsyn, lectura que me dio mucho qué pensar y orientación para investigar: La Colectivización Forzosa, los Juicios de Moscú, las Purgas, la represión del Socialismo de Rostro Humano y otros hechos de la misma calaña se estibaron a la prepo en el clóset soviético, y hablar de ellos abiertamente se consideró hacerle el juego a la Derecha. O un costo terrible, pero necesario para alcanzar el paraíso en la Tierra.

El sovietismo realmente existente presentó además el realismo socialista. Ingrediente de toda revolución que se respete es la irrestricta libertad creativa, en especial en donde tiene más sentido: En la educación, el arte y la cultura entendidas al modo de nuestro Comunista y Entrañable Cholo VallejoTodo arte o voz genial viene del pueblo y va hacia él. Los primeros años de la revolución bolchevique fueron extraordinarios pese a la guerra civil y los desórdenes, epidemias, hambrunas y demás circunstancias usualmente vinculadas a las revoluciones. Tales circunstancias son lo más interesante de los tiempos interesantes con que los chinos te maldicen cuando realmente te odian. Este primer realismo socialista fue una explosión de creatividad cultural sin parangón, que floreció en colectivos como el Proletkult, el Kino-Pravda y los de teatro y ballet; en los días gloriosos de Lunacharski y Vygotsky; de la Alfabetización masiva; de GorkiShostakovich,KataevBlok, MaiakóvskiStanislavskyMeyerholdTairovVertov, Eisenstein. Pero ciertos elementos del partido vivían incómodos con lo heterodoxo y lo subjetivo, tachado de burgués, como si ser uno mismo fuera privilegio burgués, o el proletario no tuviera personalidad. Hacia 1932 algo llamado realismo socialista se convirtió en política oficial del estado soviético para mantener a todo el mundo cultural en la sartén y temeroso de caer al fuego. Según parece no arrancó muy mal: La madre, novela de Máximo Gorki, es la primera excelente obra del realismo socialista. Y sin embargo había algo perverso en un “realismo” estalinista que no se atrevía a mostrar la realidad “real” de obreros o campesinos, sino lo que sería la realidad de estas clases con el comunismo instaurado, o con el socialismo hecho real. Y si eso es realismo, pues los significados de los significados están un poco raros. En la práctica el realismo socialistafueron los parámetros a los que todo creador debía someterse si quería existir como artista. Los burócratas definían qué era arte y cultura, buena razón entre otras para tildar de totalitario el régimen de José Stalin.   

II
Mi tío Lucho / Reforma o Revolución

Me he referido antes a mi tío Luis de los Heros y lo haré una vez más, merece el homenaje. Cada cierto tiempo mi tío aparecía para enseñarme a jugar ajedrez o regalarme una compacta colección de libros baratos, de los que así nomás no parecían por casa. Aprendí que la intención contaba, nunca he mirado facturas para medir el valor de un libro o cuánto afecto me tienen, tal vez para otros sea importante. Entre las colecciones que me obsequió estaba la editada en 1964 - época de la escisión maoísta - por el promoscovita Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad de San Marcos. El Comunismo hasta entonces había sido monolítico, a diferencia del Socialismo. Nadie lo vio entonces, pero era el principio del fin de la URSS, yo tenía diez años y era ajeno a estos ideológicos debates, e igual me devoré los libros accediendo así a datos a los que así nomás no se accedía. Capté a la primera eso del “realismo socialista”, y me pareció intrascendente. Los libros que me trajo Luchoeran de teatro (El león de la plazaIlya Ehrenburg traducido por Isabel Vicente para “Literatura Soviética”); poesía (Antología de Evgueni Evtushenko, traducción de los cubanos Heberto PadillaRoberto Fernández Retamar y Pedro Durán Gil; y Poesía de Vladimir Maiakóvski, traducción de Lila Guerrero); novela corta (Mis UniversidadesMáximo Gorki, parece se tradujo sola); cuentos de guerra y ciencia ficción (Cuentos Soviéticos de Boris PolevoiA. y B. Strugatski y Valentina Zhuravliova, traducidos por Aurora Kantorovskaia); y testimonio (El Camino del Cosmos, de Yuri Gagarin, también autotraducida). Había de todo, Lucho recomendó empezar por Gorki pero lo hice por Gagarin, estaba fresco lo de los cosmonautas rusos antes de 1968. Conocer el punto de vista de Gagarin fue interesante aunque algo decepcionante, uno se imagina a cosmonautas, astronautas y taikonautas como héroes. Pero así me enteré que el mundo no era solamente Estados Unidos, aunque muchos a mi alrededor no parecían saber de otra cosa.  

Entre estos libros, el menos “realismo socialista” era Poesía de Vladimir Maiakóvski, hasta hoy conmueven sus broncos llamados al combate: Lo viejo / matadlo / Haced ceniceros con los cráneos / Lavad lo viejo / Por el mundo tronaremos el nuevo mito / y pisaremos la tapia del tiempo; o ¡Esta es / la Revolución / la más sangrienta de las Ilíadas! / ¡Y los años de hambre de su Odisea! El más “realismo socialista” era El león de la plaza, comedia de costumbres escrita por el hábil propagandista soviético Ilya Ehrenburg, revolucionario torpedo de propaganda a la línea de flotación de la Francia de Postguerra donde el agresivo Frente Popular comandado por el PCF estuvo a pulgadas de hacerse del poder. Los personajes son estereotipos presentados con talento: el alcalde “socialista”, el carpetbagger James Law, el intelectual sartriano, la Bouboule, la juventud potencialmente revolucionaria y opuesta a que se lleven el león de la plaza. Termina en una ingenua apoteosis revolucionaria de la Toma del Poder sine sanguine, venta que trataba de hacer una URSS asustada de la violencia revolucionaria marxista-leninista que sus enemigos blandían en su contra: Demasiado tiempo llevan hablando (…) ciento cincuenta años y cinco actos. Ahora hablan otros. La farsa ha terminado. Vale la pena detenerse algo en la reactividad de la propaganda soviética, indicio de falta de proactividad, la que mostraba sutiles debilidades que daban qué pensar sobre donde fallaba el asunto. El problema se distingue mejor en la metáfora de la novela Rebelión en la Granja de George Orwell, donde el liderazgo revolucionario se anquilosa y refleja al capitalismo que pretende sustituir. La crítica a la URSS siempre fue mucho más sólida desde el marxismo que desde el capitalismo. Personalmente no acepté nada a rajatabla y excluyendo mi propio juicio, aunque ello estaba aparentemente de moda entonces. Me resistí a dejarme masticar por las ortodoxas mandíbulas capitalista estadounidense y comunista soviética, a dejarme encerrar en una dicotomía de tercio excluido. Es un problema, porque no hay cómo acomodarse: para los “revolucionarios” eres poco radical y para los “reformistas” lo eres demasiado. Tras varias décadas, veo en los bomberos de hoy varios de mis más incendiarios amigos de ayer, y creo mejor ser un reformo consecuente que un revolucionario arrepentido.   

III
Así se forjó el acero

Toda revolución necesita procesos de iniciación si pretende sobrevivir a su primera y heroica generación. Y así debiera ser con todo régimen político, en especial el democrático. Se necesita asegurar recambio generacional para que la Revolución perviva: Se necesita formar una Guardia Joven sensibilizada y educada para “recibir la antorcha” y retirar sin desajustes a la Guardia Vieja a sus cuarteles de invierno. Si el sistema y los partidos que lo conforman no hacen su tarea el resultado es efímeros clubes electorales. Testigos los partidos que no sobreviven a sus fundadores. Testigo el Partido Socialista Unido de Venezuela, que paga en efectivo el culto a la personalidad deHugo Chávez. Testigo al revés la organización política más exitosa del mundo, le pese a quien le pese: el Partido Comunista Chino, que no soltará las riendas en el futuro previsible pues gobierna y a la vez forma y educa los millones de cuadros políticos que China requiere. La Derecha Bruta y Achorada (DBA) del Perú en las últimas décadas ha desmovilizado políticamente a toda una generación sin darle nada a cambio: Hoy somos millones de crédulos analfabetos políticos. Lo digo sin anestesia, no estoy aquí para ser complaciente: La generación X se compró el relativismo postmoderno y creen que movilización es una página de Facebook y opinión política cualquier expresión de deseo. La Revocatoria en Lima evidenció una manipulable masa de maniobra que dio soporte a la corrupción y las mafias, y dejó a la Democracia indefensa frente a extremismos y “enfermedades infantiles”. Muestra de ello es que se tenga que explicar que pensar no es comerse la propaganda: He tenido entre manos libros de Historia de la Unión Soviética que no mencionan aLeón Trotsky ni otros personajes esenciales de la Revolución, con fotografías trucadas de la Revolución de Octubre para que aparezcan Stalin y Lenin sin Trotsky y otros. Las clases y castas dominantes controlan la Historia para controlar al pueblo, lo que se supone reaccionario, no revolucionario. No puede haber Revolución sin Moral Revolucionaria: Los Juicios de Moscú, elGulag, las Purgas, Lysenko, el realismo socialista instauraron una hipocresía revolucionaria nihilista y amoral, pasmaron la rebeldía, debilitaron la organización revolucionaria y minaron los Valores.Albert Camus lo denuncia claro en El hombre rebelde, y todo esto es historia registrada, a ver si tratamos de no meter la pata de nuevo. No olvidemos cómo era el culto a la personalidad:  http://www.youtube.com/watch?v=_cMlu7tUshg

Nicolai Ostróvsky (1904 – 1936) es una leyenda soviética. Ucraniano él mismo, su libro Así se forjó el Acero es una autobiografía novelada que alcanzó inmensa popularidad, está entre los veinte libros más leídos del mundo. Los años ´20 fueron la época heroica de la revolución soviética, y el libro testimonia la tremenda movilización en los espíritus de entonces: Lo más preciado que posee el hombre es la vida, se le otorga una sola vez y hay que saber vivirla de modo que al final de los días no se sienta pesar por los años pasados en vano, para que no exista una angustia por el tiempo perdido y para que al morir se pueda exclamar “toda mi vida y todas mis fuerzas han sido entregadas a la causa más noble en este mundo, la lucha por la liberación de la humanidad”. Ojalá algún día se escriba una Historia que dé cuenta imparcial de los acontecimientos y tal vez lleguemos a entender esta etapa con relatos provenientes no sólo de sus enemigos: La construcción de la URSS en los primeros años, dirigida por el Partido Comunista anterior a los Juicios de Moscú y las purgas estalinistas, mucho más apoyado en los Socialistas Revolucionarios de lo que quisieran confesar hoy. Un inmediato y tal vez superficial análisis político encuentra aquí uno de los motivos de la Caída de la URSS medio siglo más tarde: A diferencia del PC Chino, el PCUS purgó sus mejores cuadros, se anquilosó en un estilo obediente, de comisarios sin iniciativa y castrados políticamente, al estilo del PC norcoreano de hoy. Así se forjó el acero es una oda al compromiso político, a la participación consciente, a la independencia de mente y a la disciplina autoasumida dentro de un Partido que no solamente aspira, como dice  La Internacional, a ser “la raza humana”, sino a gobernar con eficiencia: ¿Luchaste por el Poder? Entonces úsalo. Para la primera generación de Comunistas gobernar era captar y formar Cuadros Políticos extraídos de un pueblo en el que se forma la materia prima: El Hombre Soviético, el Nuevo Hombre. Este Hombre Nuevo del Socialismo es un potente concepto que retomará con gran fuerza décadas más tarde la Revolución Cubana, a través de Fidel Castro y Ernesto Ché Guevara, y que encontraremos en esa suerte de realismo aspiracional socialista (espero que nadie se ofenda con la comparación, pero los términos cuajan) que es la Nueva Trova cubana de Silvio RodríguezPablo Milanés,Noel NicolaVicente Feliú y otros. La Cuba del último medio siglo resiste el bloqueo norteamericano pese a la caída del gigante soviético, lo que habla claro sobre la diferencia en la calidad de los cuadros políticos.    

IV
El Nuevo Hombre Soviético / La Gran Guerra Patria / El Después

Hemos hablado de la falacia delrealismo socialista y hemos sugerido que en la práctica, más que arte o voz genial, es propaganda. La idea del Nuevo Hombre Soviético (¿Tal vez del Super Hombre Soviético, másNietzsche que Marx?) era parte fundamental, se suponía el producto más acabado de la acción del partido en la sociedad rusa y soviética, tal como dijo Vladimir Ilytch Lenin: un tipo de ser humano completamente nuevo, el Nuevo Hombre Soviético. Observamos el estereotipo en acción en el cuento Nosotros somos hombres soviéticos, de Boris Polevoi, propaganda en estado puro y quintaesenciado destinada a suplantar con una identidad soviética los rasgos nacionales rusos, ucranianos y de otras naciones. Claro que se presenta con talento literario y en forma conmovedora, ambientada en la epopeya nacional de la lucha contra el invasor nazi. Y es insoportablemente simplona en sus planteamientos morales: Los nazis son malos a rajatabla, más malos que la malvada de la telenovela más mala de la Historia; mientras los soviéticos son buenos, buenísimos, recontrarchibuenísimos, heroicos, guapos, inteligentes, cultos, valientes, peculiarmente bien organizados, y todo lo demás de bueno que pueda decirse de ellos. Y el mejor, más lindo, más grande y más brillante de todos ellos, qué duda cabe, es nada más y nada menos que el mismísimoJosé Stalin (Dígame ¿el nombre Iósif en ruso es igual que Jószef en polaco? Porque se lo quiero poner a mi hijo, es un nombre muy bonito). Y es que el realismo socialista no existe sin la iconografía y las imágenes del Gran Timonel, Comandante en Jefe, Líder Indiscutido e Indiscutible del Partido y del  Estado, Zar Rojo de Todas las Rusias. Esto es el culto a la personalidad, denunciado luego por Nikita Khruschev, que constituyó rudo golpe para muchos sinceros militantes comunistas, purgados por no creer que las estrellas brillaban en el trasero del Tío José. Y así lo mejor de los cuadros del PCUS terminó en las fosas comunes o en el GULAG, se perdió la mística y el empuje revolucionario, se ahogó la lógica colectiva y multitudinaria del Partido. Se sustituyó al Partido con Stalin, y se perdió en el cambio. Al final él mismo se lo dijo a los sobrevivientes KhruschevBeriaMalenkovMikoyanVoroschilov¿Qué van a hacer ustedes sin mí …? A la muerte de Stalin la demolición estaba terminada, los cuadros de la Revolución sobrevivientes eran, como Stalin había dicho, poco más que ovejas sin pastor. 

Por otra parte, es detectable un realismo socialistamucho más potable, combinado con la gran tradición literaria rusa y eslava, en especial en la narrativa de guerra. Tal como León Tolstoi hiciera con el conflicto de 1812 en La Guerra y la Paz en el caso de Rusia, se trató de hacer lo mismo con la Segunda Guerra Mundial como epopeya nacional soviética por excelencia, más aún que la Guerra Civil. Y no es extraño, todo país que se construye necesita una epopeya victoriosa, de preferencia que haya significado gran peligro, heroica superación de dificultades insuperables. Por ello el nombre oficial de la guerra de la URSS contra la Alemania Nazi entre 1941 y 1945 es La Gran Guerra de la Patria, y por ello aún hoy se conservan la Hoz y el Martillo como símbolos del Ejército Ruso, heredero de las glorias militares del Ejército Rojo en la lucha contra el Fascismo. La propaganda occidental tiende a olvidar que los soviéticos y el Ejército Rojo pusieron la mayor parte de los muertos en la Segunda Guerra Mundial. La novela de guerra tiene a Mikháil Shólojov como su principal representante en Ellos lucharon por la patria. Claro que se quedó muy acá de Tolstoi, pero que es bueno es bueno. También escribe, en la misma línea, El Don apacible. Tienen, por supuesto, sus películas, bien ortodoxas ellas. Sin embargo, a pesar de cierta creatividad, la expresión más patética del realismo socialista fue su remedo exportado a los países satélites, y copiado en particular por la República Democrática Alemana (RDA). Resultaba penoso observar ese despliegue de auto aminoramiento: el país que produjo a GoetheBeethoven y Schiller, que había dado a Marx y Engels, a Liebcknecht y Rosa Luxemburgo, copiaba las expresiones artísticas de los rusos, como si careciera de modelos propios.    

V
Colofón


Dícese a veces que se retira uno de la Política, lo que sería muy interesante y cierto si la Política hiciera lo mismo y lo dejara a uno en paz. Como con las parejas con las que no puedes vivir pero de quien no puedes separarte, la cosa puede tornarse una obsesión tan complicada como la obsesión por los libros. Yo sé decir que no se puede separar a un ser humano de lo que no le es ajeno. Y con esto digo punto por ahora.