60 al 69 - CRÓNICAS DE LECTURAS

Crónicas de Lecturas - 60
Lecturas Infames

I
De qué va la Infamia

Arranco esta Crónica de manera poco elegante, con una cita del artículo De qué va la lectura: algunas verdades políticamente incorrectas de alguien que no soy yo: El estudioso de la Lectura Juan Domingo Argüelles. Dice el caballero lo siguiente: Hay que liberar al arte y a la cultura de esas nociones fetichistas que ponen a La Obra por encima de las personas. Ningún libro es mejor que la vida (…) ninguna obra puede estar por encima de la ética. Las obras de arte que sobreviven a sus autores están vivas (…) por sus cualidades éticas: por lo que enseñan y siguen enseñando a las nuevas generaciones, (…). Sin la atrocidad del nazismo, el Diario de Ana Frank no existiría. (…) resulta obvio que un lector con ética mil veces preferiría que este extraordinario libro jamás se hubiera escrito y que la joven y bella Ana hubiera vivido feliz en el más hondo olvido. Ahora bien, ¿por qué recurro a una auctoritas en franca y repudiable renuncia a mi propia capacidad de argumentación? Simple, mi conjunta me armó un problema de polendas cuando le dije que andaba en esta Crónica de Lecturas Infames. Ella no cree que haya tales lecturas, las rinde a la intención del que lee. No carece de razón en algún aspecto, pero no consigo controlar su tendencia al comisariato político confrontando los conceptos libro y lectura; o planteando la imposible objetividad de la relación entre autores y lectores; o diferenciando los poemas de la oficina de Benedetti del Baldor de Trigonometría; ni alejando el escribir del arte por hacer uso de palabras. Claro que esta discusión entre neorrealismo y postmodernidad es parte de nuestras intimidades y las cuento para hacerme el interesante y meter contenido a esta Crónica de Lecturas Infames. Pero al final sí sirvió: Tras la bronca, la susodicha conchabóse con nuestra hija (suelen hacerlo), y aprovecharon ladinamente de mi cumpleaños para obsequiarme con proyección reconciliadora un libro de la misma Alice Munro que acaba de ganar el Nobel. Ese es un obsequió perfecto para este humilde servidor, ese par de sinvergüenzas saben qué me gusta. Pero no se crea que se compró así mi silencio o mi honestidad intelectual, para eso necesítanse cuando menos las Obras Completas…

Hasta el siglo XIX se usó el término Libros infames para estigmatizar a los que dinamitaban la religión, la moral y las buenas costumbres del Ancient Regime. Para la presente Crónica acepto el criterio de Argüelles: ningún libro puede estar por sobre la ética ni la moral, y usaré de este criterio para discernir reglas éticas objetivas; la primera de ellas contra prohibiciones y censuras, leer un libro - aún el más infame - no puede prohibirse. Nada más penoso y francamente idiota que “proteger” a niños y jóvenes de los libros, mientras se les deja a merced de la TV Basura y el periodismo fascista: Los buscadores de “infiltración marxista” en los textos escolares hacen el ridículo con vista al mar. Pero a la vez no podemos dejar solos a niños y adolescentes, y hay que ser claro en la valoración moral y ética. Por ende lo que sí cambia y debe cambiar es la intención de la Lectura: Un libro no es malo o bueno en sí mismo, sino en el uso que se le dé: La Biblia, el Corán, el Tao-Te-King pueden usarse para justificar cualquier cosa adentrándose en sus contradicciones y agarrándose de su aura de sacralidad. Acorde al Diccionario Manual de la Lengua Española de la Editorial Larousse, Infamia es la Ofensa Pública que sufre la fama, el honor o la dignidad de una persona; como una Acción mala y despreciable. Para definir las Lecturas Infames es útil unir la segunda acepción de la definición Larousse con la ética de Argüelles: Una Lectura Infame es la que provoca acciones malas y despreciables. Por supuesto hay gradaciones y considerandos, eso de decir provoca sé que es un terreno complejo, pero estamos para dilucidar. Hay libros que nadie confiesa leer, les da vergüenza o descaro ideológico, como Veladas de San Petersburgo de Joseph De Maistre, Camino de José María Escrivá de Balaguer o los textos de Mussolini, Abimael Guzmán o Pol Pot, que evidencian cercanías non sanctas. Por otro lado, se puede leer Los 120 Días de Sodoma del Marqués de Sade para contar los pronombres personales, y digo Sade porque se le condenó por su obra “infame” según la vieja acepción. Si estoy en política, me conviene leer el Mein Kampf (Mi Lucha), de Adolfo Hitler, lo que no me hará miembro del partido Nazi (no a mí cuando menos), y conoceré mejor lo que combato, porque las consecuencias del Nazismo son tan claras como las de Sendero Luminoso. Hay aquí decisión política, y quien dice política en este contexto dice ética y moral. Y no hay tu tía.

II
Mi Lucha, de Adolfo Hitler

Se justifica leer Mi Lucha no porque tenga valor ético, Hitler no le concedía a la vida ajena ningún valor, no nos tapamos los ojos para buscar ejemplos morales en él. Lo podemos usar para dilucidar la verdad más allá de fáciles condenas, y para saber qué había en la cabeza del asesino serial más exitoso de la Historia. La historia oficiosa actual de la derrota de Adolfo Hitler y los Nazis silencia todo aporte de la Izquierda, cosa difícil, pues no se oculta fácil con un dedo 20 millones de cadáveres soviéticos acumulados antes de la Victoria de 1945, ni se pueden eliminar los testimonios escritos y gráficos, apenas relegarlos. Es más sencillo ocultar que la Izquierda germana – particularmente los antecesores del actual SPD alemán – fue la principal víctima de la barbarie nazi junto con judíos, gitanos y personas con discapacidad; los infames Campos de Concentración se inventaron para ellos. La Izquierda fue el verdadero enemigo de los nazis, la derecha se dejó absorber por el nazismo con más o menos lasitud, y no se caracterizó por defender la República de Weimar. Los socialistas lucharon solos por una democracia en la que sólo ellos creían, el comunismo alemán estaba en la línea revolucionaria y espartaquista. Hace poco se produjo la serie Hitler, The rise of evil, poco fiel y muy sesgada, según ellos no había izquierda en Alemania, y el Mariscal Hindenburg era un paladín demócrata, nada más falso. Se rescata la soberbia actuación de Robert Carlyle como el Führer, y la lección de que suprimir segmentos de verdad para crear un mundito propio es tan letal como nombrar Canciller a Hitler.      

Mi Lucha trata de combinar la autobiografía de Adolf Hitler (1889 - 1945) con la exposición de las ideas del nacional socialismo, basadas en el odio al comunismo y al judaísmo, puestos en el mismo saco. Emplea fuentes panfletarias como El judío internacional, de Henry Ford; y los Protocolos de los Sabios de Sión, de la Policía Secreta Zarista, que reseñamos después. El surgimiento del nacionalsocialismo alemán reconoce muchos factores como el descrédito de la democracia liberal, la derrota germana en la Primera Guerra Mundial y la tesis hechiza de la “puñalada por la espalda”, la crisis de los valores del racionalismo, el auge del fascismo italiano, el culto de la guerra y la violencia, el Führerprinzip, la popularidad del racismo y el darwinismo social y el tradicional autoritarismo prusiano, entre otros. Hitler no explica muy bien las cosas en el libro, la explicación no es su fuerte, sino lo altisonante que da la sensación de sinceridad, pero no nos engañemos: La mentira es esencial al nazismo: Hitler no escribió Mi Lucha por sí solo en su cárcel dorada tipo Diroes, buena parte la redactó el número dos del Partido, Rudolf Hess. Al revés de la información que se dijo, las ventas fueron erráticas entre la primera edición de 1925 a 1933, que los nazis tomaron el poder y las ventas dispararon a un millón al año hasta 1945, así hizo plata Hitler, pues se acostumbró obsequiar un ejemplar a los recién casados y a los estudiantes graduados, y se tradujo a 16 idiomas, aunque las versiones se diferencian mucho entre sí.

Hoy en día los derechos sobre el Mein Kampf (nombre alemán de Mi Lucha) pertenecen legalmente al Estado de Baviera, y expiran en 2015. Ni el gobierno bávaro ni el gobierno federal alemán permiten imprimir, vender o poseer el libro. Lo tienen algunas Bibliotecas pero no se le hallará en las librerías alemanas. Hay variantes según el país, los Países Bajos no lo permiten para nada, en tanto que en otros está más o menos tolerado. Las versiones en internet son casi todas hechizas, hay poco respeto por la verdad, lo que es, por cierto, consistente con el autor. El franquismo español conchabado con editoriales españolas y latinoamericanas infiltró algunas ediciones más o menos clandestinas de Mi Lucha en varias colecciones para la Argentina y Chile básicamente, que de ahí rebotaron al resto de América Latina. Se puede decir a estas alturas que la obra de marras alcanza solamente a servir como testimonio de la deformación ideológica que arrasó con toda una época. Los más de 60 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, los niveles de barbarie y salvajismo que se alcanzaron en esas desgraciadas épocas son argumento de condena más que suficiente. No nos ayudará demasiado este libro a conocer al monstruo, los hay mucho mejores. Para conocer mejor a Hitler podemos acudir a sus mejores biografías, de los británicos Ian Kershaw y Alan Bullock. En cuanto al régimen nazi y sus características fundamentales, son recomendables entre otros El Tercer Reich, ascensión y caída del régimen nazi, del alemán H. S. Hegner; y La Alemania Nazi, de Enzo Collotti
 
III
Los Protocolos de los Sabios de Sión

Probablemente una de las obras más infames que hayan sido malparidas, los Protocolos de los Sabios de Sión se suponen ser un programa de dominio mundial elaborado por una sociedad secreta judía que usaba de fachada al Sionismo de Theodor Herzl. Dícese que el panfleto se elaboró en Basilea en paralelo al Primer Congreso Sionista de 1897. Sabemos hoy que es un panfleto antisemita diseñado para justificar los pogromos y la persecución que la Rusia zarista le propinaba a su minoría judía, por ser nido de revolucionarios. Lo fabricó a pedido la Okhrana, Policía Secreta de los Zares, para difamar en la etnia a los revolucionarios rusos, en especial los judíos Trotsky y Kerensky. No se publicitó mucho antes de la revolución bolchevique, pero entre 1917 y 1933 los contrarrevolucionarios editaron millones de ejemplares en todas las lenguas europeas (33 ediciones en alemán, eso antes de Hitler) y en árabe. Resulta difícil creer que esto fuera espontáneo. Si lo fue, muestra el cómo “esto que le gusta a la gente” puede pasar por alto cualquier categoría moral. Los que no creemos en pajaritos sabemos que traducciones y difusión no se financiaron desde la nube 47, sino desde las arcas del millonario filo-fascista estadounidense Henry Ford, a quien se admira y endiosa por ciertos logros visionarios, lo que prueba que los seres humanos somos a la vez luz y sombra. Entre los que desenmascararon la farsa están el periodista inglés Philip Graves, que en varios artículos en el Times de Londres en 1921 dejó claro que los protocolos (…) son sólo un torpe fraude escrito por un plagiario inconsciente que parafraseó un libro publicado en Bruselas en 1865. En enero de 1938, el sacerdote católico francés Pierre Charlés publica en la revista Nouvelle Revue Théologique, a la letra: … los Protocolos [...] son sólo (…) divagaciones sin importancia, que delatan a cada momento la incoherencia del redactor y su ignorancia de las nociones más elementales. Nadie podría jamás llevar a ejecución ese programa, porque hormiguea de contradicciones y de visible insania. Está comprobado que estos Protocolos son una falsificación, plagiada torpemente a partir de la obra satírica de Maurice Jolý y compuesta con el fin de hacer odiosos a los judíos.

Que no se pretenda darle coartada a la falacia y la mentira reaccionaria, la denuncia no puede mediatizarse: Entre otros crímenes atribuibles a los autores mediatos e inmediatos de este panfleto están la histeria en la Rusia Blanca de 1917 y la consiguiente masacre de 60,000 judíos, el empleo de los protocolos como propaganda nazi para justificar la persecución antisemita, su uso como lectura obligatoria para envenenar las mentes de dos generaciones de jóvenes alemanes y para justificar el genocidio de seis millones de seres humanos, más el engaño y manipulación de las mentes de millones de jóvenes árabes y de otras etnias y culturas esparcidas en todo el mundo, con el fin de esparcir falsedades y fomentar el odio a los judíos. Dos cosas sabemos de cierto sobre los tales protocolos: No tienen justificación moral, y son completamente falsos. Ahora bien, ¿qué dicen los protocolos? Presentan a los malvados conspiradores judíos hablando sin caretas de cómo van a conquistar el mundo. Es gracioso que los que pretenden conquistar el mundo tiendan siempre a acusar a otros de querer conquistar el mundo, como Adolfo Hitler y su muchachada nazi. Otro rasgo de estos libelos es que se hacen según cierto manual de estilo, que se reconoce en los psicosociales y manipulaciones fujimontesinistas de la prensa manejada por la Derecha Bruta y Achorada. Siempre están al servicio de grupos dominantes para lograr objetivos de control político, y por eso los encontramos entre los extremismos de derecha, los grupos supremacistas, los racistas de toda calaña, los gobiernos dictatoriales y/o autoritarios del Oriente Medio, ciertos grupos fundamentalistas cristianos y musulmanes, y en general en la mollera de gente estúpida o engañada, que se cree que lo escrito es verdad por estar escrito. Estos panfletos infames no se preocupan por la exactitud de la data, son adecuados para influir en las gentes acríticas, así mantenidas para explotarlos mejor. La Rusia de los Zares y su 90 % o más de analfabetismo fueron presa fácil; sorprende que los alemanes pisaran el palito. Parece que debemos revisar nuestro concepto de “ser culto” o asignarle a la propaganda más poder del que creíamos. Es un hecho vergonzoso que se puedan encontrar los protocolos con demasiada facilidad en internet. Pero esperemos que eso sea porque los que viven de eso necesitan justificar los pingües sueldos que les sacan a sus amos.

IV
Malleus Maleficarum, de Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger

Una de las características de las Edades Media y Moderna europea fue su desaforada religiosidad, desaforada para el bien y desaforada para el mal. La búsqueda constante y obsesiva de Dios sólo cedía a la búsqueda aún más obsesa y constante de espíritus malignos vinculados al diablo, demonio, Lucifer, Satanás, etcétera – que con estos nombres y muchísimos más se le conoce. La obsesión de las gentes por el castigo eterno en los Infiernos y la secular efectividad del control por el miedo venía de entender la vida como un tránsito, un paso del casi-no-ser de esta vida cochina y malvada al ser-pleno que se produciría en el Otro Mundo, todos esperaban que en el Paraíso, pero a muchos les tocaría en el Infierno, que ancha es la senda que lleva a la perdición. La Divina Comedia del inmenso Dante Alighieri, que comentamos en otra Crónica, no era alegoría ni símbolo, describía la realidad del Universo. Es decir, las gentes de la Edad Media sabían en positivo que el Paraíso está en el mismo plano de realidad que el mundo cotidiano; pero allá arriba, encima de todas las esferas que giran alrededor del Mundo. El infierno por supuesto está abajo, en el centro de la tierra, se llega a él por los volcanes. Arthur Koestler en Los Sonámbulos constata que para el Pedro Nadie de entonces la cosmología del Universo no era Geocéntrica, sino Diablocéntrica: Las erupciones volcánicas mostraban los tormentos del infierno, y sus espantosos ruidos los lamentos de los condenados. En un mundo así estar del lado del diablo es terrible, en especial si ya no tienes remedio, si ya pecaste tanto que no te perdona ni tu madre. Pero en ese caso…  puede haber salida en hacerse obsecuente servidor de Su Majestad Infernal, las posibilidades de un razonable buen pasar para la eternidad mejoran. En todo caso con intentar no se pierde nada.

Así hay espacio para brujos y brujas, ritos y creencias asociados a la Magia, la Hechicería y la Brujería, tres ideas que no dilucidaremos acá, nos interesa el último por su vínculo con el Culto al Diablo. Como la misma Iglesia sostenía la realidad del Diablo, estar de su lado podía ser casi ortodoxo, aunque parece que los fieles de entonces no captaban muy bien eso del Monoteísmo. Las Iglesias por supuesto no toleraban este culto que afecta de raíz el control por el miedo, y tomaron serias medidas contra él: El dominico catalán Nicholas Eymeric escribe en 1376 un popular manual para inquisidores, el Directorium Inquisitorium, donde tipifica la brujería y separa a los que controlan al Diablo de aquellos que se someten a él. Hacia el siglo XV la histeria colectiva aumenta, producto de la espantosa inseguridad que se vivía, entre guerras, epidemias y hambrunas; incluso en 1431 se acusó de Brujería y se ejecutó a Juana de Arco. Las apariciones de brujas y los procesos legales al respecto se hacen tan comunes que en 1484 el Papa Inocencio VIII emite la Bula Summis Desiderantis Affectibus que reconoce la existencia de la Brujería:  (…)en los últimos tiempos llegó a Nuestros oídos (…) la noticia de que (…) muchas personas de uno y otro sexo, despreocupadas de su salvación y apartadas de la Fe Católica, se abandonaron a demonios, íncubos y súcubos, y con sus encantamientos, hechizos, conjuraciones y otros execrables embrujos y artificios, enormidades y horrendas ofensas. En 1486 se edita el más famoso de los libros sobre brujería, el que marcó la pauta para los demás: Malleus Maleficarum (El martillo de los brujos), escrito por dos monjes dominicos. Califica como lectura infame pues a lo largo de los tres siglos siguientes se convirtió en el manual indispensable y la autoridad final para todos los jueces, inquisidores, magistrados y sacerdotes, tanto católicos como reformados, en la lucha contra la brujería en Europa.  

En él encontrábanse las justificaciones legales para declarar a una persona o grupo como Brujas, lo que a veces se hizo masivamente, en grupos de mil o más; se describía con todo detalle las relaciones con el demonio, sus prácticas y poderes; y en lo principal funcionaba como manual de instrucción para el maltrato y tortura mental y física de los sospechosos, a fin de arrancarles sus confesiones; detallando cuándo y cómo debía quebrantarse huesos, y cuándo y cómo condenar a muerte, e incluso las instrucciones para la Hoguera. Hay pocas cifras realmente confiables para la época, pero se ha hablado de decenas de millones de mujeres quemadas vivas bajo la acusación de brujería. Lo cierto es que la suma de sufrimiento humano que este Libro hizo posible hace que no se le pueda leer ni tocar sino con tiento y algo de aprensión. No se distingue qué se le pueda extraer a esta lectura de positivo, fuera de información. Leerlo puede servir para una investigación, pero luego habrá que tomarse un tranquilizante y aprender a qué puede llevar la ignorancia y el fanatismo.   

V
Colofón

Recapitulemos:  Las Lecturas Infames no son necesariamente desagradables o chocantes por su forma: los Libros Negros de los crímenes nazis editados en la Segunda Guerra Mundial, o ciertas partes del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación son chocantes más no infames, se limitan a narrar hechos que deben conocerse. Por otra parte, las actas de la Conferencia de Wannsee que planeaban la Solución Final, o los Manuales para Torturadores empleados en las dictaduras chilena, argentina y uruguaya son un modelo de detalle y pulcritud verbal, pero Infames por definición. Para redondear esta Crónica: Ningún libro es mejor que la vida (…) ninguna obra puede estar por encima de la ética.  



CRÓNICAS DE LECTURAS – 61
Ciencia Ficción Clásica (Parte Dos)

I
El main stream en la Ciencia Ficción

Yo no les quito un ápice a los clásicos. En otra Crónica presenté a tres autores clásicos de la Ciencia Ficción: Clifford Simak, Ray Bradbury y la pareja Larry Niven – Jerry Pournelle. Pero un género tan expandido y popularizado como la Ciencia Ficción tiene muchísimos más héroes que se merecen absolutamente ser cronicados. Así empiezo a quitarme el sambenito con Asimov, Heinlein y Clarke, y reservándome a Sturgeon, Ballard, Lem, Silverberg, Dick, Farmer, Anderson y demás para otra ocasión. Y aún así el subgénero da para muchísimo más, quién me mandó meterme en esto de las Crónicas de Lecturas, pero creo que ya es algo tarde para quejarse. Empecemos por la corriente principal de la Ciencia Ficción (Science Fiction Main Stream en english), un circuito de escritores norteamericanos o británicos, o por lo menos de lengua inglesa, que se criaron en las décadas de los ´20 a los ´40, y la mayoría estudió en la Universidad Ciencias Duras (Física, Química, Geología, Ingeniería, etcétera). El porqué no hallaron chamba en lo suyo es un misterio que tal vez sea mejor no remover, no nos encontremos el cadáver de Jimmy Hoffa. Muchos de estos escritores son muy sinceros con las dificultades de sus comienzos y sus finales, hasta el extremo del chisme, como Isaac Asimov mismo, que hace casi autobiografías en sus compilaciones, como también Arthur Clarke, Harlan Ellison y otros. De resultas de esto hay más información disponible sobre ellos de la que necesitamos, y por ese mundano y ocioso motivo no me concentraré demasiado en biografías que ya sus autores hicieron de dominio público.

He tratado de no elegir necesariamente las grandes obras de todos conocidas, aquellas que están precisamente en el mainstream. Tratamos de dejar aparte el Universo de Asimov, Heinlein o Clarke. Nos acercamos en lo posible a obras menos “representativas”, y así no nos metemos en las larguísimas series de las Fundaciones y los Robots de Asimov; ni en las principales obras de Heinlein, ni en el grupo de Rama o de las Odiseas del Espacio de Clarke. Es posible que las tratemos como grupo en otras Crónicas o no, ya veré. Los libros que escojo, aunque premiados y populares no formaron parte de series o universos muy desarrollados. Es decir se publicó una sola de estas obras, su trama y personajes empiezan y terminan con ella. Las elegimos porque nos gustaron, interesaron o consideramos que de una u otra manera pueden ser importantes para entender la bibliografía general del autor. Seguramente nuestra elección puede ser relativamente equivocada, porque de verdad tanto, tanto, no sabemos. Pero igual lo intentaremos y esperamos que no nos vaya del todo mal. Y por eso afrontaremos este asunto con El Hombre Bicentenario, Tropas del Espacio y Las Fuentes del Paraíso.

II
Isaac Asimov y El Hombre Bicentenario

Hay tanto publicado sobre Isaac Asimov (1920 – 1992), incluso por él mismo, que en realidad es ocioso hablar de él. Si quieren ustedes realmente saber más léanse cualquier introducción a cualquier antología manejada por él. O mejor aún, gugléenlo, encontrarán ustedes información ad náuseam. Elegí la novela corta El Hombre Bicentenario (También traducible como El Hombre del Bicentenario) a pesar que se le hizo película en 1999, porque el filme está muy distante de la novela, tan distante que podemos hablar de dos obras distintas aunque con ciertos aspectos en común. Toma también como base El hombre positrónico, obra de Asimov y Robert Silverberg al alimón, posiblemente para darle parte a Silverberg en las ganancias de la película. Por poco que la veamos la veremos adaptada a una audiencia estereotipada. No desmerezco las soberbias actuaciones de Robin Williams y Sam Neill, pero sí el guión archisimplificado, pseudo-políticamente correcto y mercantilistamente adaptado de la película llamada El Hombre Bicentenario. Señalemos de pasada que los guionistas fueron precisamente Asimov y Silverberg, tengo la sensación que trataron de hacer unos dólares más, lo que no es en definitiva incorrecto. Si ellos no son puristas no veo por qué nosotros tendríamos que serlo. Pero no se filmó la novela El Hombre del Bicentenario, sino otra cosa que pagó peaje a los estereotipos de un segmento del mercado y a la expresividad cinematográfica. Así, vemos un robot que se enamora, quiere casarse y le gusta el sexo – exploración que Asimov y autores como Bradbury han llevado a cabo en relatos más verosímiles – y así se roba el show, aunque para mí eso no llega ni a anteproyecto de parodia del tipo del Bender de Futurama. No se hace ni la finta de explicar las Tres Leyes de la Robótica, centro de la narrativa asimoviana de robots. En la novela el sexo es tema tangencial, el Robot NDR Andrew Martin inventa prótesis que eventualmente incluirían genitales si se adecúan a mis planes. Mi cuerpo es una tela sobre la que me propongo dibujar…  (un hombre), y las Tres Leyes se mencionan un párrafo sí y el otro también. Es central el deseo del robot  Andrew Martin de ser declarado humano legalmente, lo que se relaciona con una importante discusión política y jurídica sobre las tres leyes y el sentido de la Libertad. La argumentación viene a cuento por la ocasión en que se escribe: 1976, Bicentenario de la Revolución Americana y de la Independencia de los Estados Unidos. Además, El Hombre Bicentenario (O El Hombre del Bicentenario) es en realidad el relato principal de un total de once, más un jocoso poema dedicado a los que no creían que existía el viejo Asimov: La primavera de la vida.

Estos relatos cortos – el más largo y da nombre al libro es precisamente El hombre del bicentenario – ganaron un Premio Hugo en 1977 y un Nébula el año siguiente, que es como ganarse el Nobel y el Oscar de la Ciencia Ficción. La mayor parte de estos cuentos son de primerísimo nivel: Tengo especial gusto por Intuición Femenina, la historia de un robot femenino, y el último saludo en el escenario de la roboticista estrella de Asimov, Susan Calvin, horriblemente mal representada en el bodrio peliculero Yo, robot. Qué es el hombre resulta en una inquietante profecía, una variante pesimista de un universo alterno al universo oficial de Asimov en sus series de Robots y las Fundaciones, pero que deja ahí y no la desarrolla, pero que es realmente inquietante: (Dice el robot George Diez) nos consideramos seres humanos incluidos en el contenido de las Tres Leyes y, además, unos seres humanos que deben gozar de prioridad frente a todos los otros. La Criba denuncia la hipocresía de los políticos frente a los problemas globales, y delinea el deber moral del científico de no permitir ser utilizado por el poder político. Los demás relatos son algo desiguales, aunque dentro de la impronta asimoviana. Indudablemente el más conmovedor es El Hombre Bicentenario. Andrew es un talentoso robot capaz de crear arte y ganar dinero con ello, gracias a un casual diseño generalista de su cerebro positrónico. Por ello, y por órdenes más o menos contradictorias que recibe, compulsivas para él – consecuencia de las Tres Leyes – de una manera inimaginable para los seres humanos (Asimov no lo evidencia, supongo que espera que el lector atento lo note), aspira a ser libre: ¿Qué más podrías hacer si fueses libre? – Tal vez no más de lo que hago ahora, señoría, pero lo haría con mayor satisfacción. En este tribunal se ha dicho que sólo un ser humano puede ser libre. Yo diría que sólo quien desee la libertad puede ser libre. Yo deseo la libertad. Y el relato continuará a lo largo de dos siglos, con la evolución de la actitud del robot libre que busca más y más se le reconozca su Humanidad: Lo cierto es que quiero ser un hombre. Lo he deseado durante seis generaciones de seres humanos. Por supuesto, si quieren conocer el final, ya saben, lean el relato. Se le puede encontrar aquí: http://bdigital.binal.ac.pa/VALENZANI%20POR%20ORGANIZAR/ORDENADO../1OTROS%20DOCUMENTOS/ASIMOV,%20Isaac%20[Biblioteca]/6%20-%20ISAAC%20ASIMOV-PDF/Isaac%20Asimov%20-%20(varios%20cuentos)%20Varias%20Historias.pdf

III
Robert Heinlein y Tropas del Espacio

Robert Heinlein (1907 – 1988) es un escritor que levanta polémica por principio, pues se zurra en lo políticamente correcto y a veces parece más fascista que Mussolini. En cualquier caso es un individualista nato. Su novela Tropas del Espacio gana el Premio Hugo en 1960 y además resultó extremada y hasta violentamente polémica, y ambas cosas sorprendieron al mismo Heinlein, que no era particularmente autoritario ni militarista en sus ideas, sino que construye un sistema así a modo de ficción verosímil. En cualquier caso cualquiera que haya prestado servicios militares reconocería fácilmente el sistema norteamericano propio de la Infantería de Marina. Y si además, como Heinlein, se es Infante de Marina veterano, pues que no es para menos, la Infantería Móvil (IM) de la ficción tiene las mismas iniciales, es obviamente lo mismo y seguramente trata de rendirle un homenaje. Es 1960 además, otra época. Pero se ha dicho de todo de esta obra: Que es una novela simplista, sin profundidad psicológica, que Johnny Rico – el protagonista – es un imbécil cognitivo y moral, que se olvidó Heinlein de narrar una historia, que todo el mensaje es lo bonito que es ser soldado, que demasiados flash-backs, que hay una irreal ausencia de sexualidad, una mínima reflexión moral, y quizá las críticas más mordaces e incisivas se refieren a la descarada propaganda del militarismo y el fascismo. Escritores veteranos de Vietnam han acusado a la novela de glorificar e idealizar la guerra y las fuerzas armadas, y que la ficcional Federación Terrena es fascista, entre otras cosas por la machacona insistencia en que la ciudadanía solo es para el veterano. La idea, por cierto, no la saca Heinlein de Alemania, Italia o Japón sino de Suiza.  En las tres películas que Paul Verhoeven filmó con el trasfondo de la novela, a la que es bastante fiel en lo posible, emplea uniformes que recuerdan los de la Wehrmacht, la Kriegsmarine y la Luftwaffe; así como presenta claras estrategias propagandísticas fascistas de control de los medios de comunicación.

Y ahora que le he dado un parrafote a las críticas, rompamos ahora una lanza a favor de esta novela, porque hay varios hechos para resaltar, cuando menos que a mí me gustó lo suficiente para releerla varias veces, considerando que tras medio siglo de escrita pues que parece gozar de magnífica salud, se le ha traducido a montones de idiomas y editado y leído profusamente; se recomienda inclusive como lectura para las fuerzas armadas de varios países. Por lo demás, muchas de las acusaciones parecen exageradas, lo narrado y descrito en el libro no plantea la Guerra como actividad noble y bacán, al modo fascista, es más bien un mal necesario a tolerarse, no a fomentarse. La Federación Terrena es un estado estacionado en un difuso límite entre la Democracia y el Autoritarismo, pero así y todo es liberal e igualitario, y si en algo se diferencia de las democracias actuales es en la constante insistencia que la ciudadanía y el sufragio no son derechos sino privilegios acordados a los que han cumplido con el deber. Además me parece que es reivindicativa del hombre común del bajo pueblo, la Infantería de a pie, el hombre común que se recluta y arma para ir a la guerra, y que no son normalmente los universitarios ni los chicos bien, sino la carne de cañón. Para mí posee la virtud de ser profundamente plebeya. En la antigüedad sería la narración de la guerra y el conflicto mirados desde el punto de vista de los remeros de los trirremes y quinquerremes. Hay demasiada tendencia a olvidar a quienes se ensucian las manos cuando las papas queman, y en cierto modo en esta novela se les devuelve la dignidad de hombres libres que combaten y se ganan su ciudadanía a pulso. Porque el soldado que lucha en la amarga guerra contra las Chinches es voluntario, puede retirarse en cualquier momento, nadie lo obliga y nadie lo fuerza a quedarse, y si se acobarda y no quiere pelear, se le paga y deja ir y nunca puede votar. Porque el soldado que muere, aunque no haya votado nunca, votó cada vez que hizo “una bajada” (aterrizaje en un planeta, combinación entre Desembarco Anfibio y Lanzamiento en paracaídas). Otros aspectos interesantes son los exoesqueletos empleados así como los puntos de vista sobre la virtud civil, la guerra, la pena capital y los castigos corporales. La obra está en   http://ateo-inteligente.com/Busateo/Biblioteca/H/H/Heinlein,%20Robert%20A%20-%20Tropas%20del%20espacio.pdf  

IV
Arthur C. Clarke y Las Fuentes del Paraíso

Esta novela está tan fuera del mainstream de Arthur C. Clarke (1917 - 2008) que no tiene antecedentes ni secuelas, aunque es una de las novelas más vendidas de este egregio autor. Pertenece a un conjunto de novelas curiosamente caracterizada por no haber sido tremendos exitazos de librería, pero a diferencia de Las Fuentes del Paraíso, varias de estas novelas, la mayoría en realidad, fueron muy pero que muy flojas, y si no alcanzaban la categoría de best-sellers era por méritos propios. Se nota que su objetivo al editarse era explotar un nicho de mercado conformado por gente que de todas maneras compraría la obra por más mediocre y hasta mala que fuera, porque Clarke es Clarke. Para ser justos pertenezco a ese grupo, y por eso tengo títulos que son bodrios relativos, como El león de Comarre, El Martillo de Dios y A la caída de la noche, relatos más o menos flojos, construidos a veces alrededor de anécdotas a las que Arthur les saca el máximo jugo posible, pero que no tienen mucho y como él es él se los publican y con eso paraba el presupuesto de uno o dos años más. No se le puede culpar de balancear sus ingresos, pero Las Fuentes del Paraíso es tal vez una de sus novelas más geniales. Distínguese en el desenvolvimiento literario de Clarke tres etapas: Al principio es marcadamente humanista y centrado en un optimismo científico un tanto ingenuo, es el tiempo de sus grandes obras 2001: Odisea del Espacio y El fin de la Infancia. Luego aterrizará en el rigor científico, a tono con su formación científica hard, de este tiempo son Cita con Rama y Fuentes del Paraíso. Por último se echa sobre su nombre y vive de sus rentas, a veces de manera facilista presta su bien ganada fama, y la chamba en serio se la dará a otros como Gentry Lee, coautor de los siguientes títulos de la serie Rama (Rama II, El Jardín de Rama, Rama revelada); Stephen Baxter (Luz de Otros Tiempos, El Ojo del Tiempo); y Mike McQuay (Sismo Grado 10), entre otros.

Es curioso que Las Fuentes del Paraíso no tenga secuelas, aunque ganara el premio Nébula en 1979 y el Hugo en 1980. O si las tiene no son de Clarke. Es posible que tenga que ver con ello la muerte del protagonista, el Ingeniero Vannevar Morgan, al final de la novela, como Cervantes a Alonso Quijano El Bueno, y fallidamente Conan Doyle a Sherlock Holmes. O de repente la profesión de fe ateísta. Los personajes de Clarke son estereotipos, sus protagonistas se parecen mucho entre sí, calcados unos de otros: el Capitán Norton de la Nave Newton que llega a Rama, se parece al Frank Poole de las Odiseas o al Capitán Robert Singh de El martillo de Dios. Los verdaderos protagonistas de Clarke no son los seres humanos sino los logros tecnológicos, las creaciones humanas que conquistan nuevas fronteras: La nave Discovery de 2001 y la Leonov de 2010; el casco de ingreso neural, la portentosa espacionave Rama, las ciudades de Diaspar y Lys, y posiblemente la más imponente de todas: El Ascensor Espacial de Las Fuentes del Paraíso, ambientada por cierto en el Siglo XXII. Y he aquí por qué funciona tan bien la novela: El conjunto que forman el personaje Vannevar Morgan y el Ascensor Espacial con que corona su carrera, extraordinaria desde el Puente sobre el Estrecho de Gibraltar. El notorio y algo ingenuo ateísmo de Clarke se junta a su proverbial optimismo de primer mundo y da por resultado que la humanidad abandone la religión por sucesos que la llevarán a ello, en la novela esto ocurre cuando la nave espacial extraterrestre Velero Estelar entre en órbita solar y converse con los terrícolas, reduciendo al absurdo toda la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino: (…) entre los incontables efectos que ocasionó sobre la cultura humana, el velero había llevado a su punto culminante un proceso que ya estaba en marcha. Acababa de poner fin a los billones de chácharas piadosas con que hombres de aparente inteligencia se habían aturdido por muchos siglos.  Interesante frase del hombre que escribió Los Nueve Mil Millones de Nombres de Dios. Me parece a estas alturas que he dado suficientes claves para provocar la salivación en mis lectores, pero allá va la última: Para rendir debido homenaje al Sri Lanka donde vivió la segunda mitad de su vida, Arthur Clarke la “movió” de lugar y la pone en la ficción cerca a la Línea Ecuatorial, para hacer verosímil la construcción de la gran Torre de Kalidasa y el Ascensor Espacial. Uno de los conflictos será con el Monasterio propietario de los terrenos para construir el Ascensor. Y para data ya me parece mucha. Lean la obra: 

V
Colofón


Hemos presentado tres grandes autores clásicos de la Ciencia Ficción. Habrá más Crónicas sobre más autores y libros de Ciencia Ficción, un subgénero que se difumina hoy en día y se combina y recombina con otros. Ya hablaremos de ellos. Por ahora, adieu.


CRÓNICAS DE LECTURAS – 63
Biografías de Religión

I
Religión, Historia, Hagiografía, Biografía

Que no se debe hablar de Religión es algo de lo que mi Santa Abuela – descansen en paz sus santos huesos – nunca se cansó de prevenirme. Esté donde esté me perdonará que lo haga porque no hubo cosa que no me perdonara, ni nunca el perdón fue tan sanador, lección de vida que me dejó la Anciana Señora y que hoy en día debiera aplicarse más. Pero la experiencia ni es gripe ni se contagia, así que sigo adelante: Entre los personajes propios de la Religión hay caracteres especialmente curiosos, que conforman en sí mismos todo un Universo: ángeles y arcángeles de los diversos coros celestiales, demonios de diversos rangos, profetas de varios tipos, escritores sagrados, discípulos y apóstoles, predicadores y por supuesto santos y fundadores de religiones. De entre todos estos hay muchos que existieron de verdad sin duda alguna, como Ignacio de Loyola, Maximiliano Kolbe, el Bab o Juan Calvino. De otros estamos igualmente seguros en su existencia, pero sabemos casi sólo lo que sus seguidores querían, creo que el Baha´ullah de los baha´is está en ese caso, así como Kung-Fu-Tze e incluso Francisco de Asís; en tanto que otros son definitivamente legendarios, como San Cristóbal el patrón de viajeros y caminantes o Arjuna, el santo guerrero del Baghavad-Gitä. Escribir Biografías sobre ellos - en la medida que tratan de ser Historia, esto es relatos fidedignos – tendrá dificultades fuera de las tradicionales  de la investigación histórica, como los ataques contra su verosimilitud. El tema religioso está muy manoseado, la vieja separación entre el fuero individual y el colectivo tiene más bisagras y roces de los que se suponían, y las creencias de hoy, más relativas que nunca, juegan en una especie de walk-over axiológico.

En teoría el fuero interno de las personas es sagrado por ser aposento de la libertad de conciencia, e incluso se reconoce la libertad negativa de guardar reserva de las propias convicciones si ello sometiera a algún riesgo a la persona; y tal riesgo existe. La intolerancia en materia religiosa está desagradablemente extendida, aún en personas cuya posición las hace supuestamente tolerantes. Parece que estamos de vuelta de esas bobadas del respeto al derecho ajeno, y la postmodernidad – como constatan los pensadores más lúcidos en la actualidad - no deriva en la coexistencia pacífica sino en la imposición del más fuerte, normalmente el que más plata tiene. Así a nadie llama hoy la atención que se elija Religión por necesidad económica, y que la intolerancia sirva más bien a los que lucran con ella que a los defensores de la libertad de conciencia de cualquier credo. Hace pocos días fui amenazado de represalias si cometía el crimen de realizar un acto de conversión, el que manifesté como eventual y medio en broma medio en serio. Y la tal amenaza a la libertad de mi conciencia vino de alguien que no solamente se computa supertolerante, sino que sostiene – o sostenía - sentir afecto por mi humilde persona, y de esto hago cuestión de estado aunque a otros no les parezca. Creo que lo único que cabe concluir es que ese afecto es análogo al expresado por la criollísima frase No es amor al chancho sino al chicharrón. Vale decir: Te quiero mientras pienses, sientas y hagas como yo quiero. No sé qué pensarán mis lectores, pero en mi modestísima opinión quien no te respeta no te quiere aunque lo jure ante el altar.

Y a otra cosa, mariposa. Creo que los tres personajes que he elegido para reseñar (Un santo católico, un reformador y un fundador de religión) muestran algunas de estas dificultades y cómo sus autores trataron de superarlas. Ojalá que aprovechen en beneficio de la libertad de toda persona de encontrar su propia verdad espiritual, sin coacciones ni coerciones. 

II
Lutero, de Albert Greiner

Cómo resuelve Albert Greiner el problema de las intenciones en su biografía de Martín Lutero (1483 - 1546) es interesante y aleccionador. Profesor universitario sólidamente instalado dentro del racionalismo francés, a la vez que pastor luterano en el mismo centro de un país eminentemente católico; era de esperar que su obra cabalgaría con cada pie en distinto caballo, entre la Historia y la Apología; y efectivamente se acusó a su libro de hagiografía, véase si no como termina: … es necesario, ante todo, que el Evangelio sea predicado, a fin de que Jesús reine y toda criatura le reconozca como Salvador y Señor. Y sin embargo es un libro simple, escrito sin pretensiones, que reconoce sin mojigaterías la peculiar situación de su escritor. En su Nota previa, Greiner manifiesta conocer qué terreno pisa: Conoce a Cristiani y Lortz, católicos ecuménicos que se esfuerzan por entender honradamente a Lutero; al laico Lucien Febvre en su notable intuición (sobre) la crisis religiosa del monje; así como a sus correligionarios Lilje, Strohl y Kooman, en quienes reconoce la inspiración espiritual. Sí, el historiador y académico ha hecho su tarea, y también es consciente del encargo recibido y de cómo le afecta personalmente como Pastor de una Iglesia, alguien a quien la neutralidad le está vedada: Presentar a su personaje a un vasto público francés que ni le tiene simpatía religiosa al biografiado ni le perdonará al biógrafo no hablar francamente. Así que se aproxima a su objeto de estudio con sencillez, sin aparato crítico ni inútiles arreos que le quiten o le añadan al testimonio de vida de Martín Lutero no en cuanto “reformador”, sino renovador de la vida religiosa. Como historiador y Pastor, Albert Greiner espera inducir con sencillez a que se conozca un poco mejor lo que realmente cuenta: la experiencia religiosa de Martín Lutero. Y así la virtud principal que esta biografía consigue es el equilibrio entre el dato histórico y la necesidad espiritual que este dato ha de satisfacer.

Por eso puede empezar por describir lo que fue espiritualmente la época de Lutero en un capítulo primero titulado La llamada de Dios. La Edad Media se ha resuelto en el Renacimiento y la recuperación del pensamiento; el mundo de los señores y los vasallos está dejando de ser; y nuevos problemas materiales y espirituales sacuden la conciencia de un individuo que recién se descubre como tal. Dos siglos atrás Francisco de Asís había marcado pautas nuevas, pero el impulso parecía haberse pasmado y aún apestaban los restos de la hoguera en la que se quemó a Jan Hüss. La crisis espiritual y religiosa del siglo XVI exigía un profeta y un director de conciencia, y este es el doble ministerio que el Señor de la Historia puso en manos de Martín Lutero. La cólera de Dios, lo irrevocable de su juicio, la inminencia de un Dies Irae (Día de la Ira) donde a duras penas el justo estará seguro; todo esto produce literalmente un miedo de muerte, más espantoso aún porque la misma muerte no se agota en ella misma como antesala del Eterno Castigo. Al joven Martín este temor le lleva al Convento y al sacerdocio, en medio de una durísima lucha interior, en la que a diferencia de los muy convenientes e interesados conflictos de conciencia actuales, no caben componendas ni relativismos y son perfectamente inútiles las autodisculpas convencionales, pues la crisis no se oculta tras palabras o hechos, al final de todo eres tú y sólo tú lo que está en juego y autoengañarse es la más soberana estupidez. Que esta crisis interna no era cosa sólo de Lutero se ve en los combates interiores de muchos otros, entre ellos el monje soldado Iñigo López de Recalde, reflejados en sus Ejercicios Espirituales. Lutero se bancó su crisis él solito sin una orden religiosa que le respaldara, y el resto es Historia que puede leerse en este enlace: http://semla.org/portal/wp-content/uploads/2011/05/Lutero-de-AlbertGreiner.pdf

III
Mahoma, de Washington Irving

En todo momento, el objetivo del autor ha sido resumir en un relato fácil, claro y fluido los hechos conocidos sobre Mahoma, junto con sus leyendas y tradiciones que se han introducido en todo el conjunto de la literatura oriental … . En otras palabras, aunque el autor está tratando de ser fiel a la verdad histórica, pues le pasa lo que a Stefan Zweig con sus biografías, es decir que le gana la literatura, y eso es completamente natural porque esta biografía apenas merece tal nombre, y más bien debiera decírsele, como sugiere el mismo Washington Irving (1783 – 1859), un relato sobre lo que se sabe de Mahoma. Ahora bien, esta obra a mí me gusta  mucho, por el peculiar estilo del autor de los deliciosos Cuentos de la Alhambra, de alguna manera como si fuera un cuento más que no obedece demasiado a los parámetros ni de la Biografía ni de la Historia. Esta es su peculiar manera de resolver el problema de la Verdad Histórica: Prescindir de ella y asumir el asunto como una cuestión de verdad literaria, sin pronunciamientos a favor o en contra de la verdad histórica, narrando lo que se sabe de los hechos de la vida del personaje tal como le llegan, incluyendo las historias y leyendas que se cuentan sobre él. Apenas se puede llamar biografía a esto me parece, porque no cumple con los requerimientos más primarios de la Ciencia de la Historia. Pero a diferencia quizá de otros libros que se imponen por sesudos, es más bonito leerlo porque tiene exotismo, porque está bien narrada, porque cuenta bien un relato ya por sí mismo interesante. Podría ser una biografía novelada o una novela histórica, pero el título, por decirlo simple, nos complica algo: Mahoma. Nada más.

Y es bonito que esta obra tenga más de ciento cincuenta años de publicada y se le pueda seguir leyendo no solamente porque los datos no han cambiado tanto, sino porque así hubiera más datos, su valor fundamental es que está bellamente escrito, y si se quiere una razón más porque el personaje Mahoma mantiene en la actualidad una vigencia mayor que nunca. En términos modernos a esta Biografía (casi digo novela) se le podría clasificar de Romance Histórico o Historia Novelada, según los pasajes que se eligieran. Por otra parte no se abstiene de hacer al final juicio histórico medio positivista, con las virtudes y los defectos de esa manera de historiar de principios del Siglo XIX. El arte del retrato y la descripción literaria estaban en boga pues las imágenes aún no habían ganado presencia en el imaginario colectivo como hoy, y había que describir situaciones y personajes meticulosamente: Su porte era (…) tranquilo y ecuánime; algunas veces gastaba bromas, pero lo más normal era que estuviera con ademán grave y digno, aunque también se dice que poseía una sonrisa cautivadora. Esta es solamente una pequeña parte de las muchas que Irving dedica a la descripción, y no cabe duda que es solvente dentro de los cánones prescriptos. Y se hace preguntas inteligentes y de gran interés: ¿fue un impostor sin principios, como algunos parecen opinar? ¿Fueron todas sus visiones y revelaciones mentiras deliberadas? ¿Fue todo su sistema una sarta de mentiras? Qué preguntitas, que por cierto podrían aplicarse a los milagros de Jesús o al cruce del Mar Rojo de Moisés, y por ello conocerán diferente respuesta según la particular fe religiosa a que se adscriba. El tercio excluido funciona más rudamente en cuestiones de fe que de ciencia, me sorprende la inconsistencia de que se le ataque en una y se le tolere en la otra. En estas cosas creo en una prudente equidistancia que evite todo fundamentalismo. En cualquier caso leer esta Biografía sigue siendo bonito.

No he encontrado en red esta biografía, pero puedo entregar Los Cuentos de la Alhambra en versión de la Biblioteca Digital Miguel de Cervantes, que les aproveche, chicos:  http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/90251735431269485732457/index.htm

IV
San Martín de Porras (Martín de Porras Velásquez), de José Antonio Del Busto Duthurburu

Mi curiosidad por los santos y por cómo se vivían las circunstancias de la santidad en una determinada época, o para el caso la manera que los seres humanos tenemos de enfrentar desde el punto religioso las muchas vicisitudes humanas, encontraron ciertas respuestas en este libro, que encontré por completa casualidad un día que pesquisaba librerías en el centro de Lima, cual cazador experimentado pero sin idea alguna de cuál sería mi presa. Yo ni siquiera sabía que existía esta biografía y fui el primer sorprendido de encontrarla, y decidí su compra por las consideraciones ya manifestadas, por estar advertido de la calidad del autor del que alguna vez fui alumno, y por último y para nada menos importante, porque era un saldo y estaba baratísimo. Sorprendía ver a Del Busto emprendiendo la Biografía de un Santo, no se asocia a los académicos de fuste con el Santoral. Y no es lo mismo en las biografías de Santos que te cuenten la historia los que tienen interés en ella por razones religiosas que los que tratan de dilucidar la verdad científica e histórica. En este terreno hay hartas minas plantadas, y José Antonio Del Busto era un católico definitivo y practicante, que se supone por obligación debía creer en las verdades que enseña la Santa Madre Iglesia, incluyendo entre ellas los milagros de San Martín de Porres. Pero también era un historiador de polendas, por ende ducho en esto de poner límites entre una cosa y otra, lo que nos habla del grande problema ético y deontológico de posibles lealtades enfrentadas que hubo de resolver. Pero José Antonio Del Busto sortea la dificultad con elegancia y hasta con cierta agradable y acriollada rudeza.

Tras comentar las diversas fuentes y donde se encontraban, nos suelta este detallito: En consecuencia, hemos tenido que centrar nuestra búsqueda en el Proceso de Beatificación de Fray Martín de Porras  (…) continúa siendo la fuente medular sobre el biografiado; sin ella sería imposible elaborar la biografía del santo. Lo que es como decir: miren muchachos traté de encontrar otra cosa, pero como no había … aquí está esto. Pero no se queda acá el hombre, y trata de superar la dificultad de índole positivista dando un paso atrás, respirando hondo y atacando desde otra dirección historiográfica: esta biografía se ha elaborado reconstruyendo el pasado como pasado, tal como fue y no como creemos que fue, tal como sucedió y no como quisiéramos que hubiera sucedido. Y dado que yo soy peruano, de Lima, y hasta casi diría paisano del Barrio de Fray Martín, pues que me agrada la cosa y lo leo porque no es posible entender el Perú sin San Martín de Porres y su proverbial perro, pericote y gato. Porque yo defiendo mi libertad religiosa y mi conciencia a ultranza y seré todo lo agnóstico y librepensador que me parezca según mis honestos saber y entender, y así mismo declaro que con todo eso a mi negro San Martín no me lo toca nadie. Que en la identidad religiosa la coherencia no es valor principal, ni a nadie obligo a variar sus creencias por mí. Por eso cuestiono con dureza el racismo de la Iglesia Católica, que no tiene empacho en canonizar a Rosa de Santa María en poco tiempo, en tanto que con Fray Martín necesitó tres siglos. Que la época no estaba preparada me suena a excusatio non petitia, que acusatio manifiesta. En esto la Iglesia está obligada a marcar la pauta o no cree lo que enseña. San Martín de Porres es el primer Santo de raza negra, canonizado recién en 1963 por el reciente Santo Juan XXIII, el Papa Bueno. Mejor tarde que nunca, parece.

En todo caso, si logras obtener este libro, hallarás una narración muy bien hilvanada, y sobre todo muy bien navegada por su autor. Creo que podría considerarse esta biografía como una joyita en su género, y es una lástima que no se haya digitalizado cuando se ha hecho con otras biografías de dudosa calidad en su documentación. Pero dejo un enlace a un texto del historiador Teodoro Hampe, especializado en temas religiosos del Virreinato Peruano, que puede contextuar la búsqueda bibliográfica, si hubiera el interés para ello:  http://halshs.archives-ouvertes.fr/docs/00/82/81/23/PDF/redial_1997-98_n8-9_pp53-67.pdf    

V
Colofón


Si existe algo que debe respetarse a como dé lugar es la libertad religiosa. Que este concepto como tantos otros solamente adquiera dimensión y profundidad en tanto lo manifieste y sostenga el homo economicus – un sesgo limitante de la persona humana integral – me parece sumamente agresivo y más penoso mientras más inconsciente. Hay una ceguera axiológica análoga  a la ceguera al lenguaje corporal de las personas de condición Asperger, mucho más grave cuanto que es más dañosa para los demás. Que el que tenga Oídos, que Vea.    

CRÓNICAS DE LECTURAS –64
Escuela de los Annales

I
Escuelas en Historia

Una escuela en Historia imagino que cuestiona cómo se hace la Historia a la fecha y plantea alternativas coherentes al efecto, que reformulen el modo de entender y reconstruir el pasado. La crítica a la Historia suele proceder desde los actores que algo esperan de ella, que suponen que el conocimiento e interpretación de los hechos humanos del pasado deben servir de algún modo a la colectividad. Esto implica de arranque una hermenéutica, una interpretación adecuada de los textos, es decir del lenguaje empleado para describir la realidad. Y se hace desde fuera de la Historia por una cierta forma de valorar los Hechos, y creo que eso es Historiografía en el mejor de los sentidos. La manera de hacer Historia puede historiarse, alguna vez hicimos ese esfuerzo en combinación con nuestro amigo el Historiador Bethford Betalleluz y otros capaces profesionales con la finalidad de hacerle a nuestros docentes de Historia la vida un poco más fácil: http://www.ciberdocencia.gob.pe/archivos/Como_se_construye_el_conocimiento_caratula.pdf. La Filosofía - cancha privilegiada de la hermenéutica – le impone a la Historia una demoledora crítica desde Descartes y el Discurso del Método, que creció con la Ilustración y la Sospecha, veamos qué dice Nietzsche:Quien haya aprendido a reconocer (…) el sentido de la historia ha de sufrir al ver curiosos viajeros y meticulosos micrólogos trepar por las pirámides de grandes épocas pasadas. (…) Para no desfallecer y sucumbir de disgusto, entre estos ociosos débiles y sin esperanza, entre estas gentes que quieren parecer activas cuando no son más que agitadas y gesticulantes, el hombre de acción mira hacia atrás e interrumpe la marcha hacia su meta para tomar aliento. Se trata de forzar a la Historia a que mire más allá de monarcas, guerras y tratados, lo que tuvo entre muchas consecuencia la de hacer de la Historia una disciplina odiosa, memorística e inútil para generaciones de jóvenes. 

La Escuela de los Annales desbrozó el camino y le abrió paso a otros modos de hacer Historia. Lleva el nombre de su Revista, fundada por Marc Bloch y Lucien Febvreen 1929, cuando ambos enseñaban en la Universidad de Estrasburgo: Annales d'histoire économique et sociale, rebautizada luego Annales. Economies, sociétés, civilisations, y aún después en 1994 como Annales. Histoire, Sciences sociales. La idea – fuerza es la de una Historia que no vive sola en su torre de marfil, que le hace espacio a otras ciencias: Geografía, Economía, Psicología, Lingüística, Antropología, Sociología, etcétera, y se deja influir a profundidad por ellas. Esta reacción a la historiografía francesa del siglo XIX, de autores como Guizot,  Thiers o Michelet no reniega de los antecesores sino de la tiranía del documento escrito y de los hechos que narran. A la primera generación de los Annales pertenecen Febvre y Bloch (maquis, judío y asesinado por los nazis) y le sigue una brillante Segunda Generación liderada por Fernand Braudel, que introduce el concepto de Duración (Corta, Mediana y Larga) tan evidente como el del celebérrimo Huevo de Colón, pero igualmente huidizo de tan sabido. A esta generación pertenecen también Marc Ferro y Jacques Le Goff, y se les ha criticado su estructuralismo reactivo al funcionalismo de Febvre; eso sí dentro de la marca de fábrica de los Annales: El extremo rigor científico. La Tercera y Cuarta Generaciones son, a su vez, críticas del estructuralismo de Braudel y más heterogéneas, si se quiere más liberales y abiertas a otras líneas de pensamiento, a una Nueva Historia. Como no es nuestra intención ser tan exhaustivos, centramos la Crónica en esta ocasión en los representantes y obras indiscutibles de la Escuela de los Annales.    

II
Apología de la Historia o El oficio de historiador, de Marc Bloch

“Papá, explícame para qué sirve la historia”, pedía hace algunos años a su padre, que era historiador, un muchachito allegado mío. Quisiera poder decir que este libro es mi respuesta. Porque no alcanzo a imaginar mayor halago para un escritor que saber hablar por igual a los doctos y a los escolares. Pero reconozco que tal sencillez sólo es privilegio de unos cuantos elegidos. Así empieza esta Apología de la Historia, escrita en momentos de derrota y depresión para la Douce France, y truncada por la muerte temprana de Bloch, fusilado bárbaramente por los nazis en 1944. Su posterior edición y publicación quedaría en manos de Lucien Febvre, a quien Bloch dedica la obra, y que al final de ésta comenta los principales detalles de la edición. Bloch es un escritor vivaz y solvente, apasionado y erudito de la Historia, aunque simple y coloquial – como cuadra a tiempos de guerra, cuando la Nación debe afirmarse en sus bases – en el desarrollo de los diversos aspectos de la teoría de la Historia, algunos realmente abstrusos pero de manera incluso encantadora. El peso teórico de estos temas se aligera con la capacidad para la explicación y los adecuados ejemplos de experiencia directa de Bloch, especialista en Historia Medieval. El principal mérito de esta deliciosa obrita es el conseguir hacernos potables y democráticamente accesibles a los lectores - y a todos los lectores - las dificultades y bellezas del estudio del devenir de los hombres. En las ediciones mexicanas este libro se nombra Introducción a la Historia. Pero yo me poseo la edición del Instituto Cubano del Libro, La Habana 1971, que entiendo más fiel cuanto al título; y aprovecho para rendir homenaje al aporte tesonero y notable que las editoriales de la Cuba de la Revolución han hecho a la Cultura. Tiene este libro cuatro partes, y en la edición cubana además el añadido de cuatro pequeños artículos más, anteriores y diferentes a la obra en sí, aunque de temática parecida y escritos en tiempos indudablemente más felices, o si se quiere menos exigentes que los de la ocupación nazi: La Explicación en la Historia; El Problema de la Previsión; Orientación General de la Investigación y Algunas Observaciones de Método.

Que este libro es fresco y vital queda demostrado por su pervivencia a través de los años. Quién podría decir que la Observación, la Crítica y el Análisis histórico (Capítulos y Partes integrantes de esta Apología) se pueden narrar de manera tan sabrosa, en estructura tan simple y excelente, y con tanta economía de medios y elegancia en la expresión. En mi modestísima y pedante opinión su narrador podría perfectamente ser nominado a un premio nobel de Literatura como el acordado a Mommsen o a Churchill. Lo que se dice es lúcido no solamente por su contenido sino por el modo como nos lo cuenta: … la necesidad crítica no ha conseguido todavía conquistar plenamente la opinión de las “gentes honradas” (en el viejo sentido del vocablo) cuyo asentimiento es, sin duda, necesario a la higiene moral de toda ciencia, y particularmente indispensable a la nuestra. ¿Cómo, si el objeto de nuestro estudio son los hombres y éstos no nos entienden, no tener el sentimiento de que no cumplimos nuestra misión sino a medias? Estas palabras son de actualidad en estos aciagos tiempos de postmoderna gelatina intelectual incapaz de diferenciar entre la certeza y su ausencia, entre la verdad y la falsedad, entre lo que dicta el interés de los dueños del Capital y lo que es producto de una racionalidad considerada más allá de sus propios límites (que el sueño de la razón también puede parir monstruos). Aún las honradas gentes a las que se alude no han tomado el timón de nada en nuestra casi bicentenaria república, y en consecuencia la Historia con tan pocas excepciones está aún hegemonizada por los cuentistas de mitos y por insidiosas engañifas. El fraude, por naturaleza, engendra el fraude; y me atrevo a añadirle al maestro Bloch, es peor el fraude cuando muchos lo quieren porque lo necesitan para construir y mantener intactas sus torres de marfil.  Pero leer a tipos como Bloch nos da la esperanza de creer que no estamos muertos ni totalmente degenerados, aún. Aquí el link a la Apología de la Historia, en versión de editorial mexicana:

III
Combates por la Historia, de Lucien Febvre: Definiciones

Tras lo sencillo de reseñar al guerrero y metódico Marc Bloch se puede continuar sin variante con su compinche Lucien Febvre. Son los historiadores franceses más influyentes del siglo XX, tienen en común el carácter combativo y casi coloquial, pero mucho más desarrollado en los Combates… el título que he escogido recordará lo que siempre hubo de militante en mi vida. Lucien Febvre gozó de más tiempo que Bloch para decir lo suyo y lo organizó con más profundidad y estructura en sus Combates, producto de momentos de conflicto conceptual, confrontación filosófica y guerra mental durante medio siglo. Los Combates son ensayos sobre Historia, precedidos de una intención manifiesta en sus títulos. Febvre hace gala de honestidad intelectual y praxis operativa al no prohibirse a sí mismo aportar modificaciones formales, aligerar de consideraciones circunstanciales, modificar títulos para subrayar mejor el espíritu de un artículo ni remitir a trabajos posteriores si esto fuera necesario. Así que ni bien abrimos el libro estamos frente a un documento que a pesar de su engañosa reducida extensión está repleto de fecundas ideas. Pero el piso está plano y es fácil de leer, no como Bloch pero sí al alcance de cualquiera con mediana cultura, que además disfrutará de la pasión aunada al conocimiento. El primer Ensayo - Examen de Conciencia de una Historia y de un Historiador - refiere al Collège de France y a la disciplina de la Historia entre 1892 y 1933, muestra su concepto de Historia, análogo al de Bloch, pero mayor: La historia es la ciencia del hombre, ciencia del pasado humano. Y no la ciencia de las cosas o de los conceptos. Sin hombres ¿quién iba a difundir las ideas? (…) No, sólo del hombre es la historia. No se historia a Francia, al Perú o a los Andes Centrales, sino a franceses, peruanos y andinos. Que la historia pertenece a los vulgares y silvestres, no a las entelequias por más amadas que nos sean. Y me pregunto acá por qué no tenemos una Historia de los Peruanos. O quién sabe, quizá exista y me equivoque. Tal vez me lance, si no la hay,aun no siendo Historiador. 

En Vivir la Historia. Palabras de iniciación, Febvre aborda la unidad del adjetivo y el método: hablando con propiedad no hay historia económica y social (…) la fórmula (…) no es más que (…) herencia de las largas discusiones a que dio lugar (…) el problema del materialismo histórico(…) No hay historia económica y social. Hay la historia, sin más, en su unidad. Insiste en la historia como estudio científicamente elaborado y se remite una y otra vez al objeto: Los hombres son el objeto único de la historia. En De cara al viento –Manifiesto de los nuevos Annales, refuerza la actualidad del trabajo del historiador que no trabaja con cosas muertas sino con los hombres vivos y con las ciencias de hoy, no las narrativas del ayer. La vida, esa continua pregunta se introduce en las generaciones, empezando por la suya propia en un texto poético que evoca el propio pasado, el de los hombres que nacieron entre 1875 y 1880. El artículo Por una historia dirigida. Las investigaciones colectivas y el porvenir de la Historia aboga por el desarrollo de la Historia como ciencia a la par de las demás ciencias, desde la Física hasta la Sociología, y prevéen el futuro la investigación colectiva en laboratorios de Historia formados por equipos interdisciplinarios.

En Contra la simple historia diplomática. ¿Historia o Política? Dos meditaciones, una de 1933 y otra de 1945 atacan la permanencia de una visión en dos libros: el de 1933 Histoire Diplomatique de l´Europe (1871 – 1914), del que abomina el considerar al hombre desde una sola de sus facetas: Se expulsó casi por completo del campo de los estudios serios  (…) a este homo economicus al que sonríen con complacencia muchos economistas bienintencionados.Cuando se habrá eliminado (…) al homo diplomaticus (…) se habrá asegurado el triunfo de la razón clarividente (y) se habrá realizado una buena acción. El otro libro es de 1945: La paix armée (1871 – 1914) y aunque es un libro hecho a consciencia por un buen universitario, habituado a un trabajo honesto; critica la pertinencia del concepto Paz Armada, la ausencia de Geografía y Economía, el desenfoque que es tratar de explicar Europa sin el mundo. Pero lo que más le subleva es el apoyo al pequeño juego que nos llevó a nosotros, a nuestros diplomáticos y a nuestra diplomacia, allá donde nos llevó (…) Antes de 1940 pudo decirse (…) pecado contra el espíritu. Después de 1940 se debe decir: Pecado contra Francia. No queremos más. Gritaremos tan alto y tan fuerte como haga falta.

IV
Combates por la Historia, de Lucien Febvre: Más Polémicas

En Por la síntesis contra la historia-cuadro. Una historia de la Rusia moderna. ¿Política en primer lugar? se critica la publicación de Charles Seignobos, Pablo Miliukov y otros de la Histoire de Russie: (Seignobos) explica (…) porque no hay nada qué decir: “falta de documentos” en primer lugar y “falta de acontecimientos” (…) permitid deciros que si esto es un método, es un método detestable. Hay crítica al sesgo ideológico, no porque Febvre defienda otro, como ciertas gentes que creen que la vida sólo soporta dos opciones nomás y juzgan a otros desde su limitación ideológica, sino porque es científico: Si queremos saber lo que (…)anima a los hombres que (pilotan) el navío de la URSS (…) lo preguntaremos a diez observadores franceses, ingleses, americanos u otros que han visto y hacen ver, que (…) se contradicen (¡por suerte!) en muchos puntos, pero se ponen de acuerdo en otros. (…) explicar la historia de la nada, ¿es una apuesta? Y es que la Derecha Francesa de los ´30 y ´40 era lo más cerval y fascista que concebirse pueda, hasta nuestra Derecha Bruta y Achorada - que no es perita en dulce - es exangüe en comparación, véase la Cagoule, a Laval y Daladier y veremos una mafia frente a la que el apra y el fujimorismo son juegos de niños. Contra esto insurgieron Febvre y Bloch, que pagó con la vida.

En Contra el inútil torneo de las ideas – Un estudio sobre el espíritu político de la Reforma comenta en los Annales un libro que le deja malestar por su método: Para el historiador, comprender no es aclarar, simplificar, reducir a un esquema lógico perfectamente claro, trazar una proyección elegante y abstracta. Eso, dicho sea de paso, es la labor del profesor, del docente. Para el historiador comprender es complicar. Es enriquecer en profundidad. Es ensanchar por todos los lados. Por eso es inútil el torneo de ideas: No soy amante de las controversias. Me esfuerzo por ser historiador. En Ni historia de tesis ni historia-manual. Entre Benda y Seignobos establece algo que muchos acá no entenderán por creer que la mente y el mundo son bipolares: criticar a los que critican algo no es apoyar ese algo. Febvre critica a los editores que atiborran a un público ávido de que se le engañe con “vidas novelescas”, “indiscreciones de la historia”, “interioridades” y “revelaciones”; pero critica a los historiadores que apuntalan esos libros como de historia cuando no lo son. Responde también a Julien Benda, renombrado profesional de la pedagogía histórica, de preocupaciones tan actuales que podríamos sustituir Francia con Perú y seguiría funcionando: Los historiadores suelen callarse sobre temas de envergadura, y dejan a profes y editores tirando cintura, y luego se quejan. Por ejemplo, con el problema de la nación: ¿Quién forjó la nación en el yunque de los siglos? ¿Sus jefes y sus reyes, como se dice a menudo? ¿O la totalidad de sus miembros, formando cuerpos y grupos, animados por una oscura, pero potente voluntad colectiva? Y no continúo con la polémica, en parte porque me está saliendo recontralargo, en parte porque dese usted el trabajo querido lector de leerse los Combates.

En Y en todo eso, ¿dónde está el hombre? Sobre un manual ataca el memorismo y la idea misma de los manuales de historia. En la carta de 1933 Contra el espíritu de especialidadrompe una lanza por los equipos de trabajo y un enfoque que hoy llamaríamos holístico de la investigación y la divulgación de la Historia. El artículo Contra los jueces suplentes del valle de Josafat tiene un título que quizá no entiendan mis lectores que no tengan cultura católico-francesa-decimonónica - salvo hayan estudiado con la orden religiosa de los Sagrados Corazones – y se refiere al juicio histórico, que análoga al Juicio Final que tendrá lugar – dícese - en dicho Valle. En Sobre una forma de hacer historia que no es la nuestra. La historia historizante y Dos filosofías oportunistas de la historia. De Spengler a Toynbee se lanza a críticas profundas de la metafísica difusa confundida con la Historia, y contra el empleo de términos no definidos que le quitan especificidad a la ciencia y no le añaden nada útil. El análisis de las obras de Spengler y Toynbee (Los tres primeros tomos) es particularmente agudo. Hacia otra historiaes el comentario del colega y el amigo a dos libros escritos por dos autores de la Escuela: La Apología de la Historia de Marc Blochy el libro-tesis de Fernand Braudel, La Mediterranée et le monde mediterranéen à l´époque de Philippe II.  
El vínculo a esta obra que no vacilo en calificar de genial – visión personal y subjetiva, y por eso mismo válida - es:

V
Colofón

Por supuesto la Escuela de los Annales cuenta con más autores importantes, como Jacques Le Goff y Georges Duby, entre otros. Es un presente, no un pasado terminado y finiquitado. Pero lo importante acá no es eso, es el hecho que para hacer Historia hay que conceptualizar sobre lo que tratamos y nada debe darse por sentado. Y a la vez no olvidar de qué trata la Historia:No de entelequias, no de metafísicas, sino de seres humanos. El que tenga Oídos, que Oiga.

CRÓNICAS DE LECTURAS – 65
Series de Novelas Históricas
                                                                                                        
I
Novela Histórica y el límite entre Historia y Literatura

Nadie dude de la importancia de aprender Historia, hay muchas y buenas razones para ello, y no abundaré en algo de lo que estoy seguro. Me centro en la Novela Histórica y mi experiencia personal con ella. En mis Crónicas sobre Biografías me he referido al problema de separar Literatura de Historia, los guionistas saben que la Historia se presta para el arte, pero el problema esel del límite entre uno y otra. Ya lomiré desde la Historia, hoy será desde la Literatura. La primera novela histórica parece ser el clásico de mediados del siglo XIX Ivanhoe, de Walter Scott, la más conocida aunque no única ni en definitiva la más importante, que sobrevivió aún a través de las horribles vicisitudes del Nihil Obstat.Primeroleí una versióncensuradapara “salvarle la vida” a la Iglesia Católica. Después la leí como es debido en edición de Oveja Negra, con todo el impulso nacionalistaromántico laico muy siglo XIX, que glorifica la irrupción del pueblo en la Historia y exponeel origen de las comunidades nacionales y los vínculos que unen a sus miembros. Trátase de encontrar el presente en ese pasado, y la habilidad del escritor serápresentarlos valores y creencias del pasado de modoque los reconozcamosen el presente. No puede serni demasiado extraña ni demasiado cercana pues perderíasu categoría histórica o la literaria, y peliagudo es el problema en tiempos de editoriales coléricas. Hay mucho de ensayo en estas obras, ocasión para posiciones partisanas que a veces venden contrabando ideológico. Sorprende que no tengamos en el Perú una novela histórica típica, un discursode alguna coherencia, no maniqueoni sonsamente cándido o patriotero. Es que la novela histórica da miedo, aún si la emprende un consagrado muy consagrado, como Vargas Llosa- que la hace, pero para otras latitudes (La Fiesta del Chivo, La Guerra del Fin del Mundo, El Sueño del celta). Los ataques a la narración novelada y sus autores –a no ser que sea “coordinada” – llegan desde los concentrados medios de comunicación propiedad de las Familias que controlan la economía y la sociedad peruana.

Fuera de esta novela histórica hay otra, regional, precariay de baja penetración, pues el público peruano apenas lee un libro al año, y qué libro será ese. Así, por más calidad individual que haya no se puedeconstruir ni instalar un discurso que intermedie frente al pasado. Los intentos se pasman por diversas razones: Editoriales peruanas que no se arriesgan, falta de oficio de los escritores nacionales, diminutos mercados para la lectura, discrepancias en los hechos e interpretacioneshistóricas, posturas ideológicas enfrentadas, temor a lasrepresalias de las poderosas dinastías familiaresafectadas, dramatismo de los sucesos históricos peruanos aún no precisados, necesidad de no pisar ciertos callos para obtener auspicios,yconservar el empleo o la posibilidad de obtenerlo. Los que mejor pueden romper este bloqueo son los peruanos emigrados que ya no están bajo control de las argollas nacionales. Puede que la causa de carecer derelatos comunesseala falta de un lenguaje a formar en una discusión franca y esclarecedora, pero aún conservamos el pacto infame de hablar a media voz en demasiados respectos. Como las heridas, ay, siguen sangrando, la aproximación más solvente es periodística e inmediatista. El mejor y quizá único autor solventees Guillermo Thorndike(1940 – 2009), en especial en sus relatos sobrela Guerra del Pacífico (1879, El viaje de Prado, Vienen los Chilenos y La Batalla de Lima), donde reivindica aMariano Ignacio Prado, de Familiavigente en el Perú. Otras de susobras sonEl Año de la Barbarie; Abisa a los compañeros, pronto(llevada al cine); Los imperios del sol: Una historia de los japoneses en el Perú; Maestra Vida: novela verdad; más la biografía inconclusa de Miguel Grau. Trata Thorndikede hacer Historia “Novelada” o “Novela” histórica - quizá “Biografía por encargo”, pero siemprecomo periodista que persigue y narra sucesos. Tiene mérito rescatar importantes personajes y momentos de la Historia peruana, pero no cuaja una propuesta. Los emigrados peruanos tienen visiones más amplias, pero su experiencia de vida ya no es peruana, el mercado nacional es subsidiario y son como extranjeros en el paisaje exótico del propio país. Ni Mario Vargas Llosase salva de ello con su novela histórica La Guerra del Fin del Mundo;ysu último best-seller -El sueño del celta - no parece hacer carácter, empezando por el título. No es que sea mala, Vargas Llosa tendría que emplearse a fondo para que algo le salga realmente mal, pero mi sensación es que El Sueño del celtale debe más a Herodoto o Jenofonte que a la literatura. Y es que cuando te dan el Premio Nobel y tienes que estar a la altura, vamos, tienes derecho a que se te zafe una tuerca y no importará porque tu libro post-nobela todosles parecerá excelente. Pero el problema del límite entre la Historia Novelada y la Historia a secas sigue ahí. Tal vez por esolos autores se especializan, así que trataré de algunos de estos “especialistas”, que lo fueron lo suficiente para crear series de novelas históricas centradas en sus personajes, lo que es garantía de éxito.

II
Aléxandros (Valerio Massimo Manfredi)

Quizá lo mejor de esta serie de tres novelas – El hijo del sueño, Las arenas de Amón y El confín del mundo – es el intento deManfredi de escapar de los lugares comunes y abundantes facilismos de los best-sellers. Sin embargo, por más decente y ético que sea hacerlo no le resultó sostenible a Manfredi, al que en otras obras se le escapala Historia por la ventana y la ficción se mete por la chimenea con descaro, llevadosegún parece de las obvias necesidades del mercado marcadas por una segmentación blindada, como en La última Legión, cuya versión cinematográfica linda con el universo paralelo pensado para niños: La legendaria espada Excalibur, del Ciclo de Arturo, había sido en verdad nada menos que la espada oculta de Julio César; y el pobre Rómulo Augústulo- último y patético Emperador de Roma - terminará siendo llevado a Britania por soldados romanos imbuidos de un anacrónico Destino Manifiesto de Rescate Cultural. Son estas cosas las que hacen irreales esas “reconstrucciones históricas” en las que los involucrados parecen muchachos de Brooklyn o Manhattan vestidos con togas y armaduras romanas y hablando inglés, donde nunca faltan negros e improbables chicas guerreras para cubrir las exigencias de discriminación positiva. Menos mal Manfrediescribiósu novela de la vida de Alejandro Magnoen años menos postmodernos, y pudo apegarse más a la probabilidad histórica más probable, valga la redundancia, alejándose de escandalosas pero vendedoras especulaciones y tomando el ascua por donde no quema. Y si aún así consiguió categoría debest-seller, se demuestra que para vender no tienes que entrar de necesidadal escandalete. El más importante requisito sigue y seguirá siendo sabercontar una historia. Conocer a los editores debe ser de seguro el segundo, sino no me explico cómo tanto mediocre publica, en tanto que …. pero mejor no meneallo.La obra en sí misma la conforman, decíamos, tres tomos: Aléxandros, el hijo del sueño; Aléxandros, las arenas de Amón y Aléxandros, el confín del Mundo; en correspondencia obviacon las etapas de la vida de Alejandro de Macedonia.

Considerando que la fulgurante intervención en la historia de Alejandro el Grande (aproximadamente quince años) marcó espectacularmente el futuro durante siglos, no sorprende que se le dedique el máximo esfuerzo de entendimiento. Se sabe que las guerras e invasiones son momentos fuertes, donde los sucesos y acontecimientosdecisivos se siguen unos a otros a paso ligero. Sin embargo una guerra no es solamente preparada o instigada para que salga según lo planeado, aunque eso haya pasado realmente en ocasiones. Como todo acontecimiento, posee actores, que se han formado de un determinado modo y con determinadas consecuencias; y circunstancias que los superan y los enmarcan. ¿Por qué Alejandro Magno tendría que arriesgar su precioso ejército en la ruta desértica al Oasis – Templo de Júpiter Amón en Siwa de Egipto? ¿Cuánto de lo que fue la conquista alejandrina fue en realidad planeamiento y predeterminación de su padre el reyFilipo? ¿Qué influencia verdadera tuvieron los generales, cada uno de los cuáles terminó fundando un Reino propio? ¿Influía sobre el carácter de soberano y guerrero de Alejandro el Grande su evidente bisexualidad?¿Cuál fue el papel real que jugaron personajes como Olimpia, Memnón de Rodas, Clito el Negro, Parmenio, Aristóteles, Hefestión, Diógenes,Roxana, etcétera? Fue como si el gran drama de la descomposición del Imperio Persa - suma y epítome de Oriente - y su forzada y helénica fusión con el empuje greco-macedonio encontrara expresión en los hechos de un solo hombre:Alejandro Magno. Y eso, disculpen todos, nunca pasa así. En los acontecimientos de un siglo que pareciera resultar en una Grecia agotada en las pugnas entre las polis, el que apareciera casi de la nada el estado semigriego de Macedonia hegemonizando las levantiscas ciudades - estado  y conduciéndolas a Persia en son de conquista era tarea de más de una vida. Alejandro a sus dos décadas de edad se encontró al frente de una invasión proyectada y lista, y estuvo en su genio el manejar a generales y soldados, el mérito es incuestionablemente suyo. Le pasó como a Bolívar, el Shogún TokugawaGenghis Khan o Isabel I de Inglaterra, personajes de destino no porque lo construyan sino porque al encontrárselo lo representan tan bien que parecen construirlo con sus acciones. Laconfluencia de circunstancias y posibilidades que no volverían a reunirse espontáneamente encontraron estos seres humanos en el lugar, y actuaron como actuaron.Manfredi reúneestas piezas en una posible estructura, que resulta serla de menor resistencia y por ello más creíble.No he encontrado como bajar estos libros de la red, probablemente por los derechos de autor.

III
La serie de Lanny Budd (Upton Sinclair)

Upton Sinclair(1878 – 1968) es un hombre cuya obra reflejala evolución de sus convicciones políticas. Radical entre Jefferson y Marxen los primeros años del siglo XX, su novela La Jungla (1906) lo puso en la cresta en la ola por su particularmente lúcida y crítica visión del duro trabajo en los mataderos de Chicago, y provocó la dación de leyes de protección. En 1919 atacó a la Prensa Amarilla en la persona de William Randolph Hearst enThe Brass Check, sacando al fresco las miserias de la Libre Expresión, problema tan actual que parece que la novela no hubiera envejecido a pesar de los casi cien años que va a cumplir. Como con La Jungla, la exposición a lo vivo del problema provocó reacciones: El primer código de ética periodística en Norteamérica aparece cuatro años después de The Brass Check, lo que prueba que el hombre estaba acostumbrado a ver resultados, me gustaría ver cómo hubiera sido su desempeño por estos lares, digo, es un decir. A pesar que escribió más de un centenar de obras, son las once de su personaje Lanny Buddlas que tal vez lo testimonien mejor:Lanny Buddes un bienintencionadodilettante mitad francés, mitad norteamericano, nacido en París en 1900, hijo natural de un millonario fabricante de aviones de caza, y de una “belleza profesional”, modelo y artista. Esforzándose por ser alguien por sí  mismo se encuentra con una militancia socialista al peculiar estilo norteamericano, que conoce de una curiosa evolución reflejada en los diversos libros que a su vez responden a las diversas coyunturas de lapolítica mundial y estadounidense en particular los Tratados de Versalles, la república de Weimar, el ascenso del fascismo en Italia, la revolución bolchevique, la Gran Depresión, el laborismo británico, el aislacionismo estadounidense, el auge del nazismo, el New Deal, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría. La serie de Lanny Budd constituyó de manera bastante desigual best-sellers entre los años 1940 a 1953: Empieza con El Fin del Mundo (1940), Entre Dos Mundos (1941), Los Dientes del Dragón (1942), que ganó el Premio Pulitzer en 1943; El Ancho Camino (1943); Agente Presidencial (1944); La Cosecha del Dragón (1945); Un Mundo que Ganar (1946); Misión Presidencial (1947); Una Clara Llamada (1948); ¡Habla, Oh Pastor! (1949) y la tardía El Regreso de Lanny Budd (1953).

Me enteré del autor y el libro por mi padre, gran aficionado a estas lecturas, y empecé por ¡Habla, Oh Pastor!, si bien mucho después encontré los demás como saldos en una librería del Jirón de la Unión en el centro de Lima, la que cerraría en tiempos de Fujimori.Los libros los fui adquiriendo uno a la vez. La Editorial Claridad de Buenos Airessacó todos los libros en varias ediciones, rompiendo el bloqueo editorial conservador y franquista de postguerra, y no tengo empacho en señalar que me los devoré literalmente uno por uno. El esquema de colocar un personaje que participe de las vicisitudes de la política internacional ha sigo seguido posteriormente por otros autores con mayor o menor fortuna, como Herman Wouk, por ejemplo, en Vientos de Guerra, llevada a la pantalla en dos miniseries, demasiado parecida a Sinclair para no ser copia. No se habla hoy demasiado de UptonSinclair, pese a su actualidad e incluso al hecho de haberse adelantado, debido a su recalcitrante radicalismo político, pero está presenteentre bambalinas al modo de otros radicales igualmente acallados, como John Reed, Jack London, Woody Guthrie, Eugene Debs y Huey Long.Cabe mencionar quehace poco Sinclairllegó al cine con la película de Daniel Day-Lewis, Petróleo Sangriento (2007), basada en su obra Oil, de 1927. La serie de Lanny Budd es sumamente interesante no solamente por la trama que en esencia no ha envejecido, sino por los códigos sociales de la época, evidenciados y criticados a profundidad, si bien dentro de un mecanicismo un tanto utópico. Tal vez por ello es que manifiesta una ingenuidad política por momentos francamente enervante: los socialistas son buenos, pero qué buenos; en tanto que los derechistas son tan malos que no podemos menos que pensar que Dios los castigarácomo a los malvados rusos de su última novela de Lanny Budd. Lo que en realidad salva a la serie es lo muy bien contada que está, Upton Sinclair hace bastante bien su tarea literaria y no hay manera de aburrirse. El problema hoy en día es conseguir los libros, los antiguos de la Editorial Claridadde la década de los ´50 han sufrido ataques concentrados de polillas, termitas y comejenes, por la relativamente pobre calidad del papel con que fueron impresos, y hay que cuidarlos bastante para que no se los coman estos neoliberales insectos. No sé que haya otras ediciones, y no los he encontrado en la web.

IV
Trilogía de las Cruzadas (Jean Guillou)

Esta es la serie de novelas históricas que más recientemente he leído gracias a la generosidad de mi dilecto y a veces temperamental amigo Óscar B. Además, y gracias a YouTube y el cable, he encontrado y disfrutado sus películas, decentemente escritas, filmadas y actuadas. Siempre da gusto leer y expectar obras bien hechas, en especial Históricas. Ya rajé líneas arriba de esas adaptaciones históricas que de históricas no tienen nada; en que lo único “histórico” es la vestimenta, porque los protagonistas tienen preocupaciones y lenguajes más cercanos a los teenagers USA del siglo XXI, con anacronismos conceptuales y de los otros que muchas veces son de parársele a uno los pelos. Son como esas citas que abundan en el Féisbuk, atribuidas a Platón, Toro Sentado o José de San Martín donde entran palabrejas como discapacidad o postmodernidad, que ninguno de ellos conoció, en moderno equivalente de los fraudes piadosos de todas las épocas.Y en esto cabe decir que la peor novela histórica que sepuede escribir es aquella que solamente expresa la emocionalidad ideológica de un autor. Hemos visto en los artículos anteriores los casos opuestos de Manfredi y Sinclair, ubicados cada cual en un extremo, uno de moderación y el otro de militancia. Comparado con ellos, y probablemente por ser mucho más Siglo XXI, el sueco Jean Guillou es un remanso de dicha literaria: No tiene que probar nada, no hay ideología vinculada, ni siquiera grandes desacuerdos históricos; su Arn de Gothia es un caballero templario sueco, invencible espadachín y eximio arquero, que se integra a la Orden de los Caballeros del Temple y combate en Tierra Santa por un castigo debido a su juvenil adulterio con Cecilia, a la que a su vez encierran en un convento, bajo la tiranía de una cruel abadesa perteneciente a una familia rival, en el contexto de luchas feudales por el control de los Tres Reinos de Suecia.Nada que pueda generar sino deseo de seguir leyendo.

Guillou ya conocía el éxito y ganado oficio tanto como periodista como con novelas de espías de las que ya había publicado una serie. Esta incursión al Medioevo iniciada en 1998 representa una investigación por gusto de un autor que ya poseía sus espuelas y que no necesitaba demostrarle nada a nadie. Por eso tal vez es que está narrada con tranquila sobriedad, que no necesita nada más que fluir para ser asimilada. Se ambienta la obra entre 1150 y 1210, en Trilogía de las Cruzadas I – Del Norte a Jerusalén vemos el nacimiento de Arn y su proceso hasta que es enviado a Tierra Santa. En Trilogía de las Cruzadas II – El Caballero Templario, el escenario va alternativamente de Suecia a Tierra Santa, siguiendo las vicisitudes y el destino de Arn y Cecilia, que ha dado a luz al hijo de Arn que queda bajo la tutela de su tío abuelo, Birger Brossa. A su vez se dibujan los bandos enfrentados por el poder en la Suecia medieval, bajo estandartes rojos y azules. En Trilogía de las Cruzadas III – Regreso al Norte tras veinte años de templario, Arnretorna a Gotaland con riquezas y una cohorte de artesanos y médicos musulmanes,judíos y cristianos. Culmina la obra con la histórica Batalla de Gestilren y el establecimiento de los fundamentos de lo que será posteriormente el Reino de Suecia.  Y es lógico porque no basta que nuestro héroe triunfe, sino que su obra sea lo suficientemente importante como para que perdure en una construcción física o virtual que pueda distinguirse vigente hasta la actualidad, lo que por cierto es una clave de la novela histórica a la que Guillou no se sustrae, pero que deja en suspenso hasta el final. Las tres obras fueron condensadas en una sola película de 2007: Arn, el caballero templario, acá su link: http://www.youtube.com/watch?v=cJ9i8hlZSaU

V
Colofón

Decíamos hace un rato que la peor novela histórica que se puede escribir es la que no conserva su carácter histórico, sino que es anacrónica y representa los intereses ideológicos de su autor antes que la fidelidad histórica. Podemos decir que las tres series presentadas adolecen de estos defectos, por suerte, incluso la de Upton Sinclair. Leamos lo que queramos, pero leamos. 

CRÓNICAS DE LECTURAS – 66
Imposturas

I
Engaños, Imposturas y Candideces

Me he referido en Crónica anterior a las Lecturas Infames, libros cuya lectura es un atentado contra la ética universal, pero que no podemos prohibir aunque sí podemos y debemos criticarlos y combatirlos con dureza y sin pestañear, en la medida que su intención es manipular y llevar a las gentes a las Ideologías del Odio y fomentar o justificar los crímenes contra la Humanidad. No se puede permitir que niños y adolescentes queden expuestos desarmados a las ideologías de Odio, sin supervisión ni acompañamiento. No se puede ser contemplativo ni relativista en la defensa de los Derechos Humanos, y los menciono con nombre propio porque objetivan esa ética universal a la que nos acabamos de referir. Los que atacan y desprecian públicamente los Derechos Humanos debieran ser descalificados para el ejercicio de la política y en esto no hay tu tía, porque derecho a expresarnos libremente todos tenemos, pero pervierte el Derecho permitir el empleo del Derecho para conculcar el Derecho, y eso no tiene nada de relativista. Recurrir al derecho a la Libre Expresión para despotricar contra el Derecho a la Vida es manipulación que debe ser desenmascarada sin atenuantes ni consideraciones. Y un sistema que admita que los que atacan los Derechos Humanos presidan organizaciones que deben defenderlos es, vamos a decirlo con todas sus letras, un sistema pervertido que debe ser cambiado desde su raíz, es decir radicalmente.

Por otra parte hay libros cuya intención de engañar no se resuelve en la propaganda de los crímenes de Odio sino en algo más sencillo y pedestre, menos dañino: El engaño con el objetivo de meterse a tu bolsillo y sacarte el dinero aprovechando de tu credulidad y candidez. He llamado Imposturas a este tipo de libros para diferenciarlos de los Infames porque la impostura no llega a tanto, son tal vez los juguetones hermanitos menores de los Infames, que aunque no recomendables limitan el estropicio a los bolsillos de los incautos. Bien que mal La Tierra es Hueca es mucho menos dañina que el Ensayo sobre la Desigualdad de Gobineau. Lo que cabe ahora es determinar qué tipos de libros pueden considerarse imposturas, para diferenciarlos bien claro de los Infames y de lo que denomino simplemente Tonteras, es decir libros perfectamente inútiles cuya lectura daña con la pérdida de un tiempo que puede utilizarse mejor viendo dibujos animados en la Tele o limpiando las letrinas de casa. Incluyo entre ellos y sólo para citar algunos ejemplos las memorias de vedettes bataclanas (no tengo nada ni contra el arte del vedettismo ni contra la bataclanería, pero su combinación no produce nada que merezca ser publicado) o los libros de modelitos en ciernes que pretenden dar lecciones de vida a la gente, o la autodefensa de ciertos personajes faranduleros culpables de aconchabamiento con las mafias políticas corruptas. Estoy seguro que mis lectores pueden colaborar añadiendo otras lecturas tontas parecidas.   

El sebo de culebra (no cebo, por favor, eso es confundir las cenizas del Ave Fénix con las del Gato Félix, como pasa a más de un político) que venden estas gentes se asimila a lo que Abelardo Gamarra el Tunante – portentoso escritor satírico peruano – llamaba, si mi memoria no me juega una mala pasada, las bolas cuadradas. Bola, en el dialecto costeño peruano, es un rumor echado a rodar y que crece conforme avanza. Ahora bien, que una bola sea cuadrada significa que su capacidad de rodar es limitada pues el rumor que porta es poco verosímil e indigno de prestársele atención, pero consigue rodar no por mérito de su credibilidad sino de la candidez de sus intermediarios y estafetas, capaces de hacer rodar un cubo a fuerza de credulidad. Tenemos expresiones de gran criollismo ampliamente descriptivas de la sagacidad de estos cándidos que no empleo por lo subido de su tono. Pero ya se imaginarán mis lectores lo … cándido que hay que ser para rodar una bola cuadrada. Entre los ejemplos de antología del Tunante para ilustrar cuán cuadrada puede ser una bola cuadrada es el rumor de la llegada a la rada del Callao de San Miguel Arcángel al frente de cuarenta mil tiburones prestos a desatar el Juicio Final sobre los beatos pecadores limeños. En lo personal siento conmiseración por los consumidores de imposturas, lo que no obsta para que los considere que razonan fuera del recipiente. Allá los que quieran gastarse su plata en bobadas, ser cándido no es ilegal, apenas inconveniente para el presupuesto. Pero eso no quita que los autores de marras no sean considerados unos sinvergüenzas y sus libros un desperdicio de árboles y bosques.   

II
Lobsang Rampa, Nostradamusy cómolo sólido se desvanece en el aire

Yo tenía 8 a 9 años cuando Lobsang Rampa se puso de moda. Leí tres de sus libros en las casas de los tíos donde solíamos pasar los sábados. La narración del presunto lama tibetano no parecía verosímil pero mis mayores atracaban con sus afirmaciones. Los chicos con las costuras emocionales intactas tienden a ser más sensatos que los adultos, no me creí que hubiera un libro escrito por un gato de nombre Fifí Bigotes Grises (y traducido del gatuno al inglés por Lobsang Rampa) que narrara Mi vida con el Lama. Una cosa es ser crédulo, otra bien diferente ser cándido, aún a los 8 o 9 años: lo del gato, ni con vaselina. Así perdí el respeto por los adultos que discurrían sobre Viajes Astrales, Cordones de Plata y demás engañifas del pseudotibetano. Intuía ahí una bola de lo más cuadrada, así que cuando muchos años después me enteré que el británico Cyril Hoskin (1910 - 1981) se decía avatar del monje tibetano Lobsang Rampa, no sólo no me sorprendí sino que por vez primera tuve la curiosa sensación de estar en el ajo sobre lo que todos recién se daban por enterados. Hoskins evacuó unos treinta libros, y cuando lo ampayaron siendo inglés se disparó la transmigración del alma del monje, y así los tirajes crecieron e hizo plata en cantidades obscenas para sí y la editorial. Así que no todo lo escrito era verdad, el mundo andaba como la mona, y no podía creer ya en la idoneidad de los que me educaban, los que creyeron el cuentazo de Lobsang Rampa se deshicieron de los libros y trataron de seguir con sus vidas como si nada hubiera pasado. Aprendí que los adultos no sólo no decían la Verdad sino que valoraban más la Mentira bien contada, discurso aparte, y que eran fáciles de engañar y difíciles de desengañar: Tomó años ponerle lenguaje a todo eso, y cuando lo hice fue la debacle, pues aparte las arenas movedizas en que mi vida emocional se había convertido por los problemas familiares, veía como todo lo sólido se desvanece en el aire. ¿Qué sociedad es esta en que te haces millonario con treinta y tantas imposturas? Lo de los valores era más falso que el Ratón Pérez, y cuando pregunté sobre ello los adultos retornaban penosamente a su primera infancia y balbuceaban, incómodos y tratando de zafarse. Yo veía los problemas de plata de la familia, pensaba en lo que Hoskins ganó con El Tercer Ojo, El médico del Tíbet,El cordón de plata (el del gato lo empecé y no lo terminé). Así apareció en el mundo el chiquillo pedante que le hizo la vida imposible a muchos con su temprano escepticismo, y que a la larga devino en este Cronista.

Por cierto, el modelo del sujeto que repentinamente recibe una revelación divina, extraterrestre, metafísica o de cualquier palabreja de sonido aparente; y que, además y de manera absolutamente casual, obtiene financiamiento para editar millones de libros por todo el mundo, no se limitaba al impostor Lobsang Rampa. Este financiamiento no lo gozaron ni Jesucristo, ni el Buda, ni Mahoma, ni el Baha´ullah, ni Zoroastro ni ningún  otro respetable fundador de religiones. Pero sí William S. Sadler, receptor de una “revelación” que plasmó en el celebérrimo Libro de Urantia, que he visto reverenciado como receptáculo de la verdad por personas que normalmente respetaría por su inteligencia. Por cierto, el español J.J. Benítez plagió partes del Urantia en su propia impostura. No estoy seguro si una impostura copiada de otra impostura tendrá alguna validez por aquello de ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón. Las regresiones que Brian Weiss publicita en sus libros y presentaciones tienen el mismo modus operandi, por cierto Pero el que se lleva la palma (ediciones de las Centurias y de comentarios, programas de radio y televisión basura, filmes, etcétera) es Michel de Nostradamus(1503 – 1566), o más bien sus editores, porque a estas alturas no creo que la propiedad intelectual de la franquicia esté en manos de sus descendientes. Sin contar que ya que se dedicaba a hacer profecías bien podría haberlas hecho más claras, pero de ser así la ambigüedad no podría explotarse, como sabe todo echador de cartas y lector de la buenaventura. Como a mí no me gusta gastar tiempo en discusiones mendaces, me voy a lo directo: ¿Se gana plata con el asunto? Pues sí, el miedo de las gentes al futuro es explotado por intereses editoriales con técnicas depuradas, entre ellas la profecía ambigua o genérica (morirá un dignatario o habrá una epidemia), y la evidente (habrá un terremoto - hay montones todos los años), ello sin contar la profecía fabricada después del acontecimiento. Siempre me ha llamado la atención que las profecías sean como los adivinos de antes de elecciones: Todos de Derechas. Entre los Anticristos está siempre Napoleón pese a Bismarck, Leopoldo de Bélgica, Metternich, Federico II de Prusia y otros genocidas por ahí. Lo único indudable es que la franquicia Nostradamus es un negociazo, y me encantaría saber - como a mis lectores que no se comen bolas cuadradas - a quien le pertenece.           

III
Los marcianos llegaron ya / y llegaron bailando ricachá / ricachá, ricachá, ricachá / así llaman en Marte al chachachá

Que pueda existir vida e inteligencia extraterrestre no es difícil concebirlo, aunque falte la prueba definitiva: la percepción directa o indirecta – pero indudable - por los sentidos. Las posibilidades son estadísticamente interesantes al respecto, aunque la Física plantee límites infranqueables como el de la velocidad de la luz. Incluso me poseo mi propia teoría al respecto, porque hay motivos y razones para creerlo e incluso indicadores, los principales resumidos en la célebre Ecuación de Drake. Pero lo que nos convoca ahora no es lo inteligente que se pueda decir al respecto, que lo hay y mucho – el Cosmos de Carl Sagan es una buena introducción -  sino las imposturas. Empecemos por un libro que vi más o menos por la época de Lobsang Rampa: Yo visité Ganimedes, de Julio Estremadoyro. Será que para entonces me había leído mis capítulos del texto universitario Introducción a la Astronomía de Cecilia Payne-Gaposchkin, que no me impresionó en lo más mínimo la figurita de colores del domo de Ganimedes, satélite del planeta Júpiter; y terminé de perderle el respeto cuando leí que según la astrofísica obtenida por telepatía de los ganimedianos, Einstein estaba errado en cuanto al universo, que estaba compuesto de éter, y explicaba la teoría de Isaac Newton, pero sin Newtonpor supuesto. Claro que Estremadoyro se movía en la indefinición, como todos los vendedores de sebo de culebra, y afirmaba a la vez que había estado en Ganímedes y que el librito era Ciencia Ficción. El tema Ovni – extraterrestre tiene muchas versiones internacionales, pero la vigente en el Perú de Sixto Paz Wells es la más folklórica, ha heredado a Estremadoyro y añadido algo más de su cosecha, con mensajes telepáticos y el modus operandi ya descrito. Ignoro qué libros haya escrito, no tengo tiempo para esos faltándome tanto libro importante.     

Los horóscopos y demás formas de predicción del futuro pueden entrar en esta categoría de marcianos bailando el ricachá. Los horóscopos de los diarios, incluyendo el del gratuito periódico Publimetro (Eugenia Last es su astróloga, muy guapa ella) se hacen en el hemisferio norte (Canadá, Estados Unidos) por motivos de blockbusting y sindicación, y se invalidan de arranque para el hemisferio sur, si les concedamos verosimilitud. Hasta para hacer horóscopos se requiere talento y conocimiento de cómo determinar los elementos de los astros, pero ello no parece inquietar a los editores del periódico. Hago la de CarlSagan: En una edición del Publimetro leo mi signo, Libra: Ocúpate de los negocios en primer término. Cuanto más innovador seas, mejor. Busca formas de mejorar tu eficiencia y muestra tus habilidades. Los cambios te traen elogios.  Agradezco a Ms. Last me informe que los negocios y ganarme la vida debe estar en mis prioridades, y agradezco me recuerde que siempre hay que tratar de innovar y mejorar mi eficiencia y mostrar mis habilidades. Que los cambios traigan elogios y la innovación se cotice por los empresarios es un cuento postmoderno que de repente funca en el Canadá de Ms. Last. En el Perú no es así, si tienes razón en cosas complejas que pongan evidentes ciertas evidencias por lo general te botan; si eres demasiado eficiente y haces bien tu trabajochocas con unos pares mediocres a los que obligas a trabajar con tu actitud, y sueles mostrar con un exceso de claridad que tus jefes llegaron a serlo por relaciones familiares y sociales, con lo que pares y jefes te odian y el desempleo se vuelve asunto probable. Mira si así le haré caso al horroróscopo. Leamos otra vez y veremos que no predice nada, así que para qué lo leo, ya no sé, pero llena un espacio de edición, y es barato o gratis pues horóscopos y tiras cómicas vienen con los artículos que pagas, y como dicen en Gringolandia Nace un tonto cada minuto. Más bonito y místico es el horóscopo chino, ese me divierte: Mi signo es Gallo de Fuego, lo quehalaga mi autoestima, para qué te digo que no si sí, como dice la inmortal exégeta la Chimoltrufia - no encuentro como podría elevarse la autoestima un conejo de madera o una cabra de metal, pero nunca vi a nadie que se queje de su signo -, y he visto que los autores que se han especializado en ellos son en especial argentinos, y la ciencia está de moda y como casi nunca se acierta la predicción, ponemos los ojos en blanco, modulamos la voz a entre amigable y solemne y pontificamos sonrientes: “el tarot (horóscopo, cartas de Madagascar, orden kailash putra, angelología o lo que sea) no determina, solo sugiere” o algo así. Y quedamos de la pítiri mítiri así metamos la pata.  

IV
La autoayuda y la pseudociencia

Hay una manera de enterarte de que una impostura es impostura: Que yo sepa ni Jesús ni Moisés ni Buda ni Mahoma ni ningún otro Santo pidió plata por darte acceso a la Verdad. La impostura siempre tiene por objeto sacarte plata por la directa o la indirecta. Por la directa en nuestro país hay varios modos, pero es más común por la indirecta porque la gente es cada vez menos cándida. Entre ellas te dan el aviso de que leyendo cierto tipo de libros cambiarás tu vida, en especial si eres presa de la desdicha. Los horóscopos sugieren una intervención fuera del ámbito natural, exterior a la persona, pero la autoayuda nos refiere a la psicología popular, casi siempre pseudocientífica o cuando menos empírica, a veces basada en cierto espiritualismo y en el concepto de que la voluntad puede superar los problemas objetivos de la vida. Que los editores y libreros no se comen el cuento se prueba en que reúnen estos libros con los horóscopos y la pseudociencia en los mismos estantes. Se leen bastante, tanto porque se redactan de manera muy sencilla y poco exigente, como por que sus ideas fuerza son pocas y fáciles de entender: Autonomía de la personalidad, auto-terapia, el éxito en la vida es económico y consecuencia de un equilibrio personal producto del ejercicio de la voluntad. Nótese que los planteamientos de este tipo son análogos a los que se pretende lograr desde las psicoterapias profesionales que tienen la desventaja de ser largas, caras, exigentes y en ocasiones imposturas ellas mismas, así que no podemos culpar a la gente de tratar de lograr lo mismo a menor costo, o de emplear su voluntad, algo ciertamente más barato. Lo negativo ocurre cuando se vende sebo de culebra. Los autores clásicos como Napoleón Hill (Piense y hágase rico está entre los más vendidos del mundo); Dale Carnegie (Como ganar amigos e influir sobre las personas), Og Mandino (El vendedor más grande del mundo) y Norman Vincent Peale (El poder del pensamiento positivo), entre otros, no hacen mucho más que aconsejar con cierta sensatez, respaldados por historias personales de éxito. Mucho de lo que se dice no es más que aplicación del sentido común a veces empatado con una confesión cristiana. Otro cantar son libros como los de Wayne Dyer (Tus zonas erróneas), que sí poseen cierta base científica, incluso tratándose de algo tan elusivo como la psicoterapia. Y otro cantar más son esos libros que no podemos ubicar con exactitud y que suelen obedecer a teorías más o menos estrambóticas, como el Método Silva de Control Mental, la Sofrología, el Análisis Transaccional, la Somaterapia, el Reiki, el New Age, la programación neurolingüística (PNL) y ciertas formas de coaching.

La pseudociencia es otra forma de impostura que puede causar graves daños si se la cree a rajatabla. Se refiere a creencias y prácticas que aparentan ser científicas, pero que sus cultores se resisten a someter a la verificación empleando las reglas del método científico, y por lo tanto no es posible saber si funcionan o no ni en qué medida. Los pseudocientistas por lo general apelan a la fe y a las falacias lógicas para argumentar a su favor, verbalmente y por escrito, tratando de evitar por todos los medios ser sometidos a demostración pública. La mayor parte de sus afirmaciones no pueden ser verificadas, requiriendo casi siempre de una parafernalia mística y dogmática. Como ya dijimos, la piedra de toque son sus métodos de recabar fondos más o menos ocultos al gran público. Las pseudociencias existen desde tiempos inmemoriales confundidas originalmente con las Ciencias antes de que estas se afiataran, como fue con la Alquimia, la Frenología y el Mesmerismo. Entre las pseudociencias modernas que publican libros están la Astrología, muchas formas de análisis bursátil, la cerealogía (dibujos de supuesto origen extraterrestres en los campos de cereales), la radiestesia, la ufología, la piramidología (objetos en forma de pirámide concentran la “energía”), la parapsicología, la numerología, el feng shui, la homeopatía, la aromaterapia (o flores de Bach), el Creacionismo y su variante del Diseño Inteligente, la Magnetoterapia, la Dianética o cienciología, la criptozoología, y otras más. Mención especial merecen las Imposturas nutricionales y alimentarias, casi siempre sostenidas desde intereses inconfesables de grandes corporaciones que acaparan y monopolizan la producción y distribución de alimentos. Como el espacio empieza a faltarme, encontrarás algo sobre ellas en Organización Mundial de la Salud – OMS: Los alimentos y la salud, Biblioteca Científica Salvat, páginas 33 a 51. 

V
Colofón

Si hay alguna ventaja en leer Imposturas, es la de identificar y conocer su lenguaje y rasgos característicos. Hay muchas más que las que he señalado y me percato que me he quedado bien pero bien corto. En todo caso, para sobrevivir en un mundo donde el engaño se cotiza en el mercado como capacidad para influir sobre las personas, conviene exponer a los chicos a estas circunstancias y trabajarlas con ellos. La sensatez se construye con ellos, y para ello conviene que nos entrenemos en la sensatez nosotros mismos. Y por ahora, punto.




CRÓNICAS DE LECTURAS – 67
PISA 2012

I
Qué es PISA
PROGRAMA PARA LA EVALUACIÓN INTERNACIONAL DE ESTUDIANTES
(Program for International Student Assessment)

Como saben mis veteranos lectores, trato de ser un poco autobiográfico. Y aunque no tengo que justificar la presencia de PISA en mi biografía, vale señalar que es un telón de fondo que me permite entre otras cosas poder decirle al Universo, en especial al peruano: ¿Ves? ¡Te lo dije!  Con las ínfulas del que se siente justificado porque a la OECD se le ocurrió en su momento tratar el tema de la Lectura y otros vinculados a la Educación desde la perspectiva del discente enfrentado al mundo es que uno puede hablar ahora; es decir, no desde la bobada que muchos creen que es la educación, sino desde tratar de comprender si la educación que se imparte le sirve realmente para algo al que la padece. Es de enorme importancia constatar la diferencia fundamental en el cómo se está asumiendo el problema desnudado, es decir el trato político de una situación que se está tratando de enfrentar, a diferencia de las otras dos ocasiones en que se presentó. En la primera no había voluntad política, el Fujimorismo se limitó a barrer el problema bajo la alfombra intentando hacerlo invisible y así no evidenciar los resultados del proceso de embrutecimiento generalizado que emprendió con tanto éxito. La segunda vez el alanismo gobernante se limitó a recepcionar la data y no hizo nada con ella porque Educación es un sector chauchilla que no sirve para los grandes faenones ni para liberar narcotraficantes que pasen por caja. Estos últimos tiempos el neoliberalismo criollo ha mostrado demasiado palpablemente no estar interesado en la educación a no ser en su aspecto crematístico, su faceta de bien y servicio demandado, útil para amasar fortuna, aunque considerando que es contraproducente “demasiada educación” por “producir izquierdistas”; y así tratan de imponer una visión sesgada y unilateral: La culpa de la debacle educativa la tienen los maestros, el SUTEP, los alumnos. Según ellos los Generales nunca pierden las batallas y la pita se rompe por lo más delgado.

La ceguera neoliberal provocó que la Derecha chilena perdiera la oportunidad de su vida de quedarse en el poder, que acaba de perder a manos de Michelle Bachelet. Tanto neoliberalismo terminó por sacar a los estudiantes a la calle, seguidos de profesores hambreados y padres de familia esquilmados por los Bancos. La Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) en el Perú, reunida estos días, le ha puesto un curita al asunto como para ver si se nos pasa, ya que los medios mencionan un repentino interés de los empresarios por la educación, a ver si nos la creemos y no miramos a Chile. Lo cierto es que las cifras del PISA 2012 nos alcanzaron y esto es lo que tenemos: El Informe PISA nos señala que entre los 65 países evaluados en Comprensión de Lectura, Matemática y Ciencia ocupamos el puesto número 65 en las tres áreas, y este puesto es el último.  Nuestro periodismo, que no pierde la oportunidad de mostrar su increíble ignorancia sobre PISA y todo lo referido a Educación hace afirmaciones fuertes y duras, exactamente a la inversa de lo que hizo durante el Gobierno Alanista, al que ayer como hoy, trata con guante blanco. Y así el Perú bajó tres puestos, del 63 al 65 (¿¿??), a pesar de que los países no son los mismos, y sobre todo considerando que PISA está diseñado para países OCDE de altos ingresos. Las comparaciones son pertinentes para países semejantes entre sí, como en el caso de los países de América Latina. Pero se trata de maltratar a este gobierno, a ver si lo ponemos más genuflexo. Pero metámonos mejor con las cifras. Usaremos como fuente fundamental esta de aquí: http://www2.minedu.gob.pe/umc/PISA/Pisa2012/Principales_resultados_PISA_%202012.pdf.
Empecemos por echarle un vistazo a la Tabla General:    

Vale la pena hacer algunas obvias observaciones: En Matemática y Comprensión Lectora los primeros cinco son países o regiones asiáticos; y en Ciencias los cuatro primeros: La Región Shanghai se alza con el título en todo, con 613 puntos en matemáticas, 570 en comprensión de lectura y 580 en ciencias, a 119 puntos sobre el promedio de 494 puntos. En Matemática, Lectura y Ciencias le siguen Hong Kong y Singapur; y más atrás China Taipei (Taiwán), Corea del Sur y Japón. De los demás países están en posiciones interesantes Finlandia (que considera esto una debacle y mientras hablamos reúne sus profesores para tratar este gravísimo problema), Canadá, Irlanda, Estonia y Nueva Zelandia. Estados Unidos de América está en 467, por debajo de la media, excepto en Comprensión de Lectura. Parece que la Educación en Asia es percibida como esencial para la movilidad social, y es impulsada desde la familia, y asimismo parece que las personas educadas gozan en esa parte del mundo de un respeto y consideración social que aparentemente les es negado por estas latitudes.

II
Qué mide PISA y qué pasa en Matemática

Empecemos por lo que no mide: PISA no es una Tabla de Posiciones, ni el partidor de una Carrera de Caballos, como sugieren los titulares del oligopolio de la prensa parametrada, que no tienen en general ni idea de lo que hablan en Educación. PISA ha sido sumamenmte criticado por establecer ránkings y listas cuyo objetivo no parece centrarse demasiado en lo educativo, pero lo ceirto es que de medir, algo mide. A través de la administración de una prueba de alto nivel de estandarización, y elaborada con el máximo cuidado posible, trata de averiguar qué saben los discentes (alumnos) de 15 años de edad en los países de la OCDE, y qué es lo que están en capacidad de hacer con esos conocimientos fuera de las aulas. Los conjuntos de destrezas analizadas son tres: Comprensión de Lectura, Matemática y Ciencias. Recordemos que la participación del Perú fue obliterada en 2003 por decisión del fujimorismo en el poder al ver las cifras nacionales del Perú en el 2001, y que los resultados PISA no fueron publicados sino hasta el gobierno de Valentín Paniagua. Solamente podemos ver las tendencias en Comprensión Lectora, por existir cifras para 2001, 2009 y 2012; en Ciencias y Matemática tenemos la data última que algo nos dice, pero no podemos proyectarla. Es que lo que PISA en realidad mide es el desempeño (performance) y la calidad de los sistemas educativos. Así que no señor, no es que los indios son brutos ni que los profesores son del SUTEP. Si el puntaje es bajo, lo que falla es todo el sistema.  

En el Perú la evaluación PISA 2012 se aplicó a una muestra de 6,500 estudiantes de 15 años, de 240 colegios privados y públicos, urbanos y rurales. Hablemos ahora de matemáticas. Al final de esta crónica encontrarás las fuentes, que son obviamente las de PISA y otras que fundamentan estos puntos de vista, aparte de la ya mencionada del Ministerio de Educación del Perú. Tratemos de establecer de frente algunas observaciones con vocación de conclusiones:

PISA 2012 se centró en evaluar la capacidad de los estudiantes para formular, emplear e interpretar la Matemática en diversos contextos. Esto incluye razonar matemáticamente y usar conceptos matemáticos, procedimientos, hechos y herramientas para describir, explicar y predecir fenómenos. Se busca que los estudiantes reconozcan el rol que la Matemática juega en el mundo para elaborar juicios fundamentados y tomar decisiones como ciudadanos reflexivos.
Ø  Shanghai-China alcanza los más altos puntajes en matemáticas, equivalentes a tres años de escolaridad de ventaja en relación con el promedio de la OECD; y SEIS AÑOS con relación al Perú. Esto significa en cristiano que un chico promedio de Shanghai de 15 años de edad es como si hubiera cursado seis años más de estudios en matemática que un chico peruano promedio.

Ø  De los 64 países y economías OCDE que cuentan con información entre 2003 y 2012, 25 mejoraron su desempeño en matemática. No hay manera de saberlo para el Perú.

Ø  13 % de los estudiantes de países OECD están en los niveles de desempeño 5 y 6 en matemática - los más altos. En el Perú solamente el 0,5 % pueden operar estratégicamente con modelos de situación compleja empleando habilidades desarrolladas de pensamiento y razonamiento. En Shanghai el 55 % de los chicos de 15 años están en los niveles 5 y 6.

Ø  Un 23 % de chicos OCDE  (32 % del total de países) no alcanzan el nivel de desempeño 2, es decir no consiguen extraer información relevante de una fuente única, ni pueden utilizar procedimientos, fórmulas o algoritmos para resolver problemas que involucren números enteros.  En el Perú esa cifra es del 74 %.

Ø  Los chicos superan a las chicas en matemática en 37 de los 65 países; las chicas a los chicos en cinco.
Los resultados de PISA 2012 en Matemática, arrojan para el Perú 368 puntos, equivalente estadístico al obtenido por Colombia (376). El puntaje más alto en América Latina lo tiene Chile (423). De todos los estudiantes peruanos que rindieron la prueba, solamente el 13 % alcanzó el nivel de aprendizaje esperado para la edad. Esto sugiere que las habilidades de los estudiantes peruanos son muy bajas, pues solamente uno de cada cuatro estudiantes peruanos resuelve los problemas más simples. Algo más de la mitad de los alumnos no lo logra; en las siete habilidades específicas definidas para las matemáticas que mide PISA 2012, los resultados son igualmente bajos. Es seguro además que el bajo desempeño en Comprensión Lectora debe impactar en la comprensión de los enunciados de las pruebas.

III
Equidad, Atraso escolar; y qué pasa en Ciencias

En todas las áreas se registran ciertas características comunes. América latina en general y el Perú en particular tienen entre sus rasgos fundamentales las profundas diferencias sociales que se reflejan en una marcada desigualdad en la distribución de los ingresos, y esto se refleja necesariamente en el desempeño frente a la Prueba. El 5 % de los estudiantes peruanos se ubica aproximadamente en el promedio general de los chicos de los países de la OCDE en cuanto al promedio general de las tres áreas de Matemática, Ciencia y Comprensión Lectora. No es difícil suponer que estos chicos son urbanos, pertenecen a los estratos sociales más altos y van a colegios particulares. No se observa tampoco en Comprensión lectora que haya cierre de brecha, aunque en el análisis hecho en el Blog Satyagraha, de nuestro amigo César Guadalupe, se señala haber disminución de brecha entre estatales y privados, con la salvedad que el aumento de la matrícula privada sesga los resultados de 2012 con respecto a los de 2001 y 2009, y estanca la media. Por cierto estos resultados serían así razonablemente consistentes con los de las Pruebas Nacionales de Lectura. También señala Guadalupe la reducción de los niveles de atraso escolar, la secundaria en 2001 solamente llegaba a 66 %, en tanto que para el 2012 alcanzaba al 87 %.  Por otra parte, nuestro amigo el científico biólogo Luis Arbaiza manifiesta un juicio lapidario con el que coincidimos en parte, manifestando algo que vale la pena copiar tal como él mismo lo manifiesta en redes sociales: El Perú es un país anti-científico. Pasamos del penúltimo al último lugar en el mundo en enseñar ciencias, y no se trata de una casualidad. El Perú tiene la mayor concentración de enemigos de la ciencia del mundo, están incluso en los lugares donde uno no esperaría hallarlos (cátedras de epistemología, comisiones sobre ciencia en el Ministerio de Educación, etc.).

La competencia científica es entendida en PISA como la capacidad de la persona de emplear el conocimiento científico para identificar problemas, adquirir nuevos conocimientos, explicar fenómenos científicos y extraer conclusiones basadas en evidencia sobre temas relacionados con la Ciencia. Además, involucra la comprensión de los rasgos característicos de la Ciencia, entendida como un método del conocimiento humano y de investigación. Dentro de este marco, se busca entender cómo la ciencia y la tecnología influyen en nuestro entorno material, intelectual y cultural, y el interés por temas científicos como un ciudadano reflexivo.

 En Ciencias los que mejor se desempeñaron fueron los chicos de Shanghai, Hong Kong, Singapur, Japón y Finlandia.
En los países de la OECD, un 8 % de estudiantes están en los niveles de desempeño 5 o 6, es decir pueden identificar, explicar y aplicar conocimiento científico y conocimiento acerca de la Ciencia en una variedad de de situaciones cotidianas complejas.
Los Estados Unidos de América no registran recuperación, y su puntaje tiende a acercarse al del promedio, distanciándose cada vez más del Top Ten en matemática, ciencia y lectura.

Los resultados de PISA 2012 en Ciencia dan para el Perú un puntaje de 373 puntos. Chile es el país de puntaje más alto en Latinoamérica, con 445. Los estudiantes peruanos manifiestan bajas habilidades, pero falta data para poder seguir juzgando. 

IV
Qué Hacer y Qué pasa en Comprensión Lectora

Que se publicaran los resultados de PISA y que arrancaran los consabidos lamentos nacionales y búsquedas de cabezas que hacer rodar en torno al asunto era lógico. Ya vimos arriba que no hay quien aceite a los medios para que traten al gobierno con delicadeza barroca y guante blanco. Entonces se vuelven pedantes y agresivos, en un rito mediático que no lleva absolutamente a ninguna parte, pero que da la sensación que algo se hace. Rescato lo dicho por el Ministro de Educación: Se necesita cambios dramáticos. Creo que ya señalé haberme agradado sobremanera ver al Gobierno tomando el toro por las astas, ahora vamos a ver si la mafia no le pone demasiados troncos en la ruta, sería terrible para ellos que tuviera éxito en lo que se está proponiendo, y apuesto doble contra sencillo que lo acusarán de estatista, chavista o comunista por querer hacer algo.  El problema de fondo está en el qué se va a hacer: Poner libros, infraestructura, Bibliotecas, computadoras, tablets está bien, pero no significa absolutamente nada si no se toma en cuenta el aspecto humano del asunto: El maestro. No se puede avanzar en el aula, que es donde las papas queman, con maestros desmotivados, maltratados, mal pagados, sin recursos ni ayuda. Qué fácil es echar la culpa, qué difícil garantizar que cada aula tenga docentes competentes y motivados en Lectura, Ciencias y Matemática. Porque es de esto que se trata todo el asunto.


PISA define a la competencia lectora como la capacidad que tiene la persona para comprender, usar, reflexionar e involucrarse con textos escritos; y, de este modo, sea posible alcanzar metas propias, desarrollar conocimientos, así como participar en la sociedad.

32 de los 64 países mejoraron su desempeño en Comprensión Lectora. Esto incluye al Perú.
En Comprensión Lectora, el 8 % de chicos OECD están en los Niveles 5 o 6. En Shanghai son el 25 % y en Finlandia el 10 %. En el Perú son el 0,6 % los que pueden gestionar textos que no les son familiares en forma y/o contenido y pueden llevar a efecto un análisis fino de éstos.

Entre los años 2000 y 2012 Albania, Israel y Polonia lograron aumentar sus porcentajes de chicos en los niveles 5 y 6 y reducir los de niveles 0 y 1.    

Entre los años 2000 y 2012 la brecha de género a favor de las chicas en comprensión lectora sde amplió en once países.

En las pruebas de Lectura, el Perú obtuvo 384 puntos. En América Latina, los países de puntaje más alto son Chile y Costa Rica, empatados en 441. En Comprensión Lectora el Perú ha progresado regularmente desde el 2001, incrementando en total 57 puntos, de 327 en el 2001 a 384 en el 2012. Entre 2009 y 2012 el aumento ha sido de 14 puntos. Parece que debe atribuirse hipotéticamente este crecimiento a dos factores importantes: El Plan Lector y la mayor conciencia de las familias que ha redundado en la formación de hábitos lectores. Esta hipótesis es completamente personal, pero parece sustentarse en la reducción de la cantidad de estudiantes en los niveles más bajos de aprendizaje. Aunque como señaló Hugo Díaz en su momento, empezar tan bajo como punto de partida suele sesgar resultados.

Claro que las habilidades de los estudiantes son bajas, más del 60 por ciento sólo puede resolver como máximo los problemas más sencillos. Ahora bien, el Perú muestra progreso sostenido en esta área desde 2001, a diferencia de los demás países latinoamericanos que muestran tendencias oscilantes o incluso un decidido deterioro, como es el caso de Argentina y Colombia. En el 2001 el 80 % de los chicos y chicas estaba en la situación en la que en 2012 estaba el 60 %. Digamos que no es para saltar en una pata pero por algo se empieza. Los que hoy están en el Nivel 1 de Desempeño hubieran estado en el 2001 e incluso en el 2009 por debajo de ese nivel. La mejora está sesgada por el bajísimo punto de partida, y en alguna medida por el progreso económico general del país, y es obvio que el sistema educativo no es que haya cambiado como para justificar el crecimiento, si hay algo que en este momento no necesitamos son triunfalismos hechizos.

V
Colofón

Pero el problema de fondo está en el concepto que se tiene de la educación y de sus fines. Mientras la Educación siga siendo mercancía y herramienta de exclusión social, no superaremos el problema. El sistema tal como está produce estafa, desempleo y migración. De nosotros depende que cambie. Pero son las autoridades las que deben liderar el esfuerzo nacional, y dramáticamente. Un Esfuerzo Nacional para Leer es Imperativo, ahora mismo.
(Nota: Las fuentes empleadas en esta Crónica han sido las siguientes, y las citas muchas veces se han incorporado sin comilas en el texto, menos mal no trabajo para el oligopolio d ela prensa:



CRÓNICAS DE LECTURAS – 68
Historiadores Romanos

I
La Historia y la Roma de la Edad de Oro

Se supone que el Imperio Romano epitomiza y resume toda la Edad Antigua en un solo estado universal que terminará por abarcar políticamente la mayor parte de la Geografía de las civilizaciones del mundo. Y esto que acabo de decir, que es la creencia que todo el mundo tiene hoy en día en Occidente, corrobora una idea que me ronda hace mucho y que se puede resumir en la letra de una canción de moda: Johnny, la gente está muy loca. Si yuxtaponemos el mapa del Imperio Romano al del Imperio de Alejandro Magno, vemos que fuera del Imperio Romano hay inmensos territorios, como Persia, actual Irán, que fue Imperio mucho antes que Roma, y que los romanos nunca conquistaron, sólo Alejandro Magno lo retuvo completo y no por mucho tiempo. Mesopotamia fue ocupada poco tiempo. Y más allá la India, Tibet, Ceilán, Camboja, Viet, Sillá, China y Japón indican que Roma no jugaba sola entonces, ni hoy los Estados Unidos. Pero tanto romanos como estadounidenses presentan una exagerada autoestima que conduce a la xenófoba tendencia a contemplar el propio ombligo como eje del mundo, dejando al resto como comparsas. Cosas del “destino manifiesto”, sospecho. La historia de la cultura artística y literaria de Roma suele dividirse en edades de oro, plata y cobre, presentando una cierta imperial obsesión con la Decadencia. Obras de ficción como El Señor de los Anillos dejan un análogo tufillo a Nostalgia del Apogeo muy de la Edad Media, y que en el Renacimiento y la Reforma estallarán en antipatías religiosas y culturales.

La Roma que el Emperador Adrianocalificó de Eterna no se quedó en Roma. Como un espíritu acosado por los bárbaros, Roma se fugó de varios modos con las familias y grupos que abandonaban los bienes acumulados y dejaban atrás siglos de permanencia. Mediolanum (Milán) y Ravena le robaron el mando político, en el arte y la literatura la fuga fue hacia Bizancio / Constantinopla. Cuando en las últimas décadas del siglo V d.C. los Hérulos saquearon lo poco que dejaron godos y vándalos, el analfabeto Odoacroenvió las insignias imperiales al Emperador de Constantinopla. El Imperio sobre el mundo le quedaba grande a la desastrada urbe, Constantinopla devino la Segunda Roma, aunque eventualmente cayó también. Por cierto que estoy seguro que a la derrota de 1453 los historiadores le cargaron las tintas porque el vencedor era turco, y musulmán quien haría de la Ciudad de Constantino la Sublime Puerta (Estambul). Se barrió bajo la alfombra la destrucción de 1204 por los cristianísimos cruzados, cuyo entusiasmo saqueador dio envidia a Godos, Vándalos, Hérulos y Otomanos. Tal vez por ello el Espíritu de Roma no se fue a París, Londres, Berlín, Nueva York, o retornó a la Roma revivida por la Iglesia Católica; sino hacia un Moscú más primitivo pero en definitiva más seguro a pesar de mongoles y tártaros.

Así perduró el espíritu de Roma, y si a Grecia se le debe la Ciencia, la Lógica y la  Democracia; a Roma se le debe el estado, las leyes y el orden jurídico. En frase feliz de Marguerite Yourcenar, Roma veló sobre el Dios desarmado, mientras pudo. Una parte sustancial de Roma reside en la idea del Poder, para entenderlo hay que ir hasta el momento en que los dos gemelos ahítos de leche de loba marcaron el destino del mundo sobre las Siete Colinas. Hay que conocer a Numa Pompilio y Evandro, a Virgilio y Lucano y al griego romanizado Polibio; a Catón el Censor y Marco Tulio Cicerón; a Lucrecio, Catulo y los historiadores Tito Livio y Cayo Crispo Salustio, a Publio Virgilio Marón, a Suetonio y Tácito; y a Cayo Julio César, Octavio César Augusto y Cayo Petronio, cuando menos. Los romanos copiaron los modelos de Grecia en Filosofía, Retórica, Oratoria, Literatura, Poesía e Historia, y se los adaptaron. Tito Livio inicia la cosa. Es si se quiere el “menos griego” de todos, y aún así asume el viaje de Eneas – tal como lo narrará Publio Virgilio Marón - como principio de la Historia Romana, con lo que empata a Roma con la leyenda de la Troya Heroica de Príamo, Eneas y Héctor. Cayo Julio César es historiador de sí mismo, talentoso y excelente manipulador del idioma y del pueblo, salvando las distancias es como un Herodoto romano. Y Salustio parece resistir bien la comparación con Tucídides, aunque sea un partisano y la objetividad no signifique gran cosa para él.                 

II
Tito Livio y Las Décadas (Ab Urbe Condita libri)

A mí siempre me ha gustado Tito Livio (59 a C – 17 d C), porque lo que él hace en las Décadas es lo que la Historia debería ser siempre cuando uno es niño: Un conjunto de cuentitos dirigido a mejorar nuestra autoestima como comunidad, y ojo que sirvió así no solamente en la Roma Imperial sino en la Italia del Quattrocentoy hasta la del Risorgimento. Cine Cittá se apropió de sus relatos para filmar decenas de películas de bajo presupuesto en blanco y negro o a todo color. Todo esto para estatuir que aunque Roma no fue como Tito Livio dijo que fue, lo importante no es la fidelidad a los hechos (a quien le importa eso), sino que todos se creyeron los cuentos edificantes de Tito Livio, hasta el propio Tito Livio. Ab urbe conditia libri (“Desde la fundación de la ciudad”) es el nombre con que se conoce a esta obra monumental, de la que se conservan solo 35 de sus 142 libros. Empieza con el desembarco del príncipe troyano Eneas en la desembocadura del Tíber, y la fundación de la ciudad de Roma por los gemelos de la loba, Rómulo y Remo. La calidad literaria de la obra y su fiabilidad en las partes claramente no legendarias están corroboradas con otras fuentes - grandes secciones de la obra pueden ser utilizadas como fuente histórica sin remordimientos, aunque quede claro que la intención del autor es glorificar a Roma y a los romanos. No otra función tienen las historias que narra que conocemos básicamente por él, aunque las tomara de Polibio, Catón el Viejo y otros: La leyenda de Rómulo y Remo, el rapto de las sabinas, el combate de los Tres Horacios y los Tres Curiacios, la defensa del puente por Horacio Cocles, la mano quemada de Mucio Escévola, el Vae Victis! de Breno, la violación de Lucrecia, la instauración de la República, etcétera.

Lo más interesante de Ab Urbe Condita Libri no es la información histórica que conforme se va más atrás se basa en fuentes cada vez más legendarias, sino la pretensión de Tito Livio al escribirla, la intención con la que se escribe la historia tiene inmensa importancia. Tito Livio empieza su gran obra aproximadamente donde la deja su contemporáneo – igualmente protegido por el estado - el poeta Publio Virgilio Marón en La Eneida. La historia científica es relativamente nueva, la narrativa histórica a veces simplemente continúa con los mitos, erigiendo una sencilla superestructura ideológica para consumo de las masas que las clases dirigentes fomentan e imponen a toda la sociedad, en función de objetivos no siempre evidentes. Se plantea un cierto deber ser a través de la Historia, los historiadores son siempre moralistas, gústeles o no, y sépanlo o no. Los personajes y los hechos del pasado se narran para establecer paradigmas para consumo de los contemporáneos. Presentan y representan opinión, estado mental, corriente o ideología; antes que dirigirla. Tito Livio la tenía muy clara, pues cuando llega a tiempos históricos de los que cuenta con fuentes, empleará un libro para contar lo que pasó en un año, y eso aunque en sus primeros diez libros abarque más de cinco siglos de “historia romana”. En sus frases de tono moralista se nota la intención de plantear un ser-romano particular, funcional al Estado Imperial que asoma en el horizonte: La ley es sorda e inexorable, incapaz de ablandamiento ni de benignidad; La verdad puede eclipsarse pero no extinguirse; Ningún favor produce una gratitud menos permanente que el don de la libertad especialmente entre aquellos pueblos que están dispuestos a hacer mal uso de ella (Esta declaración es claramente un dardo contra los no romanos);Para un buen general, la  muerte no tiene importancia; Por los hechos, no por las palabras, se han de apreciar los amigos. Nótese como se va marcando un estereotipo de carácter romano deseable para el Imperio en ciernes, sosteniendo las virtudes republicanas más convenientes, y morigerando otras para prevenirle problemas al reciente advenido princeps. No fue Tito Livio, por otra parte, incondicional del César Augusto, más bien un crítico benévolo y amistoso.  Es decir más útil todavía.
Puedes encontrar esta obra capital de Tito Livio en el enlace: https://sites.google.com/site/adduartes/tito-livio

III
Cayo Julio César y Comentarios de la Guerra de las Galias (De Bello Gallico)

Pasa con Julio César lo que pasa con todos los grandes personajes históricos, que además de ser escriturados son elevados a la leyenda, y llegan así a ser no solamente conocidos, sino ad-mirados, es decir, presentados como ejemplo o paradigma de un cierto deber-ser. Los juicios apreciativos de la Historia tienden a ser lapidarios en positivo: Julio César, dícese, es uno de los Tres Grandes Capitanes de la historia, con Alejandro Magno y Napoleón Bonaparte, lo que parece ser muy importante. Yo discrepo en la valoración moral de este hecho: Me parece a mí – escandalizaré con esta opinión y me importa un comino – que el desconocido inventor del papel higiénico (¿Dónde andará su monumento?) o el Capitán US Army Doctor Walter Reed y los valientes soldados que se inocularon gérmenes en interés de la ciencia y por el bien de la humanidad hicieron muchísimo más que los tales Grandes Capitanes y para el caso todos los demás que pudiéramos juntarles. Asesinar más gente durante más tiempo, con mayor eficiencia y a menor costo, no me parece sea un gran logro como para enorgullecerse y registrar en los anales de la Historia. Juicios de más equilibrio aprecian la obra positiva de estos Tres y colocan el tema militar en su contexto: La Gran Biblioteca de Alejandría, la pax romana y el Código Napoleónico me resultan más potables que las montañas de cadáveres de Arbela, Alesia o Austerlitz. Pero por alguna razón genética, los seres humanos encontramos satisfacción en la conducta guerrera, y en glorificar a los mayores carniceros, aunque sorprende un tanto que estos Tres  Grandes Capitanes formen un occidental club en el que no están Genghis Khan, Timur Lenk, Tchaka, José Stalin o Adolfo Hitler. Puede atribuirse al hecho de que Occidente se ve a sí mismo con cierta complacencia Spengleriana y está dispuesto a perdonarse los cadáveres que no le perdona a esos otros, extraños a Occidente o hijos rechazados. Que Napoleón sea igualado a Hitler como Anticristo en la hechiza y mítica Historiografía de Nostradamus, por ejemplo, indica su raíz reaccionaria.

Hecha la crítica al concepto, vayamos al hombre: La dominante y extraordinaria personalidad de Cayo Julio César, historiador de sí mismo como el heleno Jenofonte; excepcional estadista; magnífico general – he de decir que para mí un buen general es el que economiza la sangre, no el que la derrocha; el que combate a pesar suyo y no por prurito -; y gran escritor en los géneros lírico, dramático y científico, aunque mucho de su obra se ha perdido. Tal como el Académico Napoleón Bonaparte o el erudito persa Omar Khayyam, no despreciaba ni las Bellas Artes ni las Ciencias Exactas, y eso habla del hombre. El estilo en su obra es intencionadamente sobrio, le basta mostrar y no extrema demasiado la expresión, trata siempre de ser preciso en lo que quiere decir, y en eso es maestro de historiadores, ni le faltan ni le sobran palabras:  … aunque nadie dudaba que se trataba de tomar las armas contra César, con todo eso determinó éste sufrirlo todo mientras le quedaba alguna esperanza de disputar sus derechos en justicia antes que romper la guerra. Pidió César al Senado que Pompeyo renunciase al poder, prometiendo imitarle; de lo contrario, añadió, César sabrá mantenerse digno de él y defenderá a su patria. Así terminan los Comentarios de la Guerra de las Galias, casi como prometiendo que ya llega y ya viene la Segunda parte del cuento en los Comentarios de la Guerra Civil (De Bello Civile), que empiezan en donde se quedó en las Galias. Posee talento en el ejercicio del agudo sentido teatral de los políticos, como además un proverbial dominio de la lengua latina, por lo que su obra se ha empleado muchísimo a lo largo de los siglos para enseñar el latín.

IV
Cayo Crispo Salustio y La Guerra de Yugurta

La primera pregunta que me harían los expertos, y con razón, es por qué elijo a Salustio cuando andan por ahí sueltos Suetonio y Tácito e incluso Polibio. A mí me gustan más aquellos que Salustio, pero como trato de mantener un criterio más o menos objetivo, no basado en exclusiva en mi preferencia, acudo al criterio de lo contemporáneo:. Cayo Crispo Salustio (86 – 34 a.C.) corresponde más o menos a la llamada Edad de Oro inmediatamente pre-imperial, con Julio César y Tito Livio, y eso tiene alguna significancia. Además Suetonio y Tácito están centrados en lo que ven como decadencia imperial, no en la expansión y apogeo que la agresiva Roma republicana está obteniendo. Y en cuanto a Polibio, narra lo mismo que el mencionado Tito Livio, y toda repetición es una ofensa. Tiene Salustio en común con los mencionados la crítica acerba de las costumbres, en cuya descomposición ve la causa del colapso de la República, particularmente en el tema de la corrupción. Uno se lee la interesante Guerra de Yugurta y por momentos parece que debería titularse: De cómo Yugurta casi le gana la guerra  a Roma sobornando senadores y funcionarios romanos. Da la sensación que Roma era una inmensa casa de pignoración donde todo se compraba y se vendía, todo se ofrecía al mejor postor y cada cual tenía su precio. Ni más ni menos que ahora. Por lo que sabemos Salustio algo debía saber del asunto, pues parece que participaba con grande y activo entusiasmo de la debacle moral imperante, de la que tan amargamente se queja pero de la que se beneficiaba a manos llenas. Es posible que en su obra tratara de sembrar, como mucha gente corrupta hace, un bosque en donde esconder su propio árbol de sí mismo y de los otros. Todos creemos actuar con la mejor de las intenciones, o por lo menos sabemos cubrir con mayor o menor talento nuestras huellas. Salustio fue experto en las técnicas del saqueo organizado que los romanos llamaban “gobernar provincias conquistadas”, y precisamente le tocó gobernar la Numidia sobre la que escribe. Ya desde antes había practicado el arte de la malversación de fondos públicos como cuestor, pretor y tribuno de la plebe, no se explica de otro modo esa furia moralizadora que en verdad no tenía derecho a plantear. Tal vez habían prescrito sus delitos de corrupción, y el único tribunal ante el que le faltaba descargarse era el Tribunal de la Historia, y no es el primero ni será el último que despotricará contra la corrupción habiendo sido él mismo un ejemplo vivo de ella.

Claro que nada de esto tiene que ver con su desempeño como historiador, en donde alcanza calidad en la expresión de ideas y la exposición de hechos. Su manera de expresarse se basa en una cortante y algo nerviosa concisión y el empleo arcaizante de los tiempos de verbo en latín, que en la traducción castellana es un a veces angustioso tiempo presente. Este calculado estilo no fue constante en su producción, pues en su anterior Conjuración de Catilina parece que había de cuando en cuando sentido la necesidad de hacer largas digresiones para explicar hechos de la historia romana que supone sus lectores no tienen presente, o de transcribir largas secciones de discursos. Pero al escribir la Guerra de Yugurta ya se ha pulido, en especial en la detallada elaboración de las descripciones de la geografía africana, tanto la física como la climática y la humana, que como hemos dicho conocía de primera mano al haber gobernado aquella tierra en nombre del Senado y del Pueblo de Roma. Aprovechó bien la estancia para recoger la información necesaria que luego convirtió en Historia.  Desfilan por sus páginas el propio Yugurta y los romanos Metelo, Mario, Sila, Catón y otros; y el desempeño de cada cual en la guerra de Yugurta termina en el anuncio que Yugurta era traído a Roma encadenado, y Mario celebró su triunfo con gran solemnidad en las calendas de Enero. Y desde entonces todo el poder, toda la esperanza de la República parecían vinculados a su persona.

Podemos hallar La Guerra de Yugurta y La Conjuración de Catilina en:   http://www.dominiopublico.gov.br/pesquisa/PesquisaObraForm.do?select_action=&co_autor=2068

V
Colofón

Y hasta aquí Roma. Podremos eventualmente hacer una o dos Crónicas más sobre Roma, pero ya no serán inmediatas, pues nos sentimos que hasta ahora vamos cumpliendo. Trataremos allí de acercarnos algo más a la literatura romana en su conjunto. Entre tanto, punto.


CRÓNICAS DE LECTURAS – 69
Lectura en Pantalla (on line y off line)

I
Lectura en Pantalla

Leemos signos impresos, pintados, grabados e incluso manuscritos sobre un conjunto de superficies planas encuadernadas entre dos tapas, así ha sido desde algo más de cinco siglos. Según UNESCO hay un libro si el conjunto de signos se despliega en no menos de cuarentinueve (49) de esas superficies planas (en adelante páginas), a razón de dos (2) por cada hoja de papel, lo que da veinticinco (25) hojas. De cinco a cuarentiocho páginas (3 a 24 hojas) es un folleto y menos que eso hojas sueltas. Antes, los rollos de papiro obligaban a la lectura lineal, avanzar o retroceder en un libro no era compatible con el libro-rollo, no se iba al final a ver en qué terminaba la aventura. Pero el mundo cambia: Entre papiro y papel hubo pergamino, que sugiere el ir y venir por el texto, hojear para ojear. El libro-rollo y el libro de hojas se transportan fácilmente, pero se maneja mejor un almacén de una Biblioteca con libros que con rollos. A fines del Siglo XX llega otro cambio radical en los soportes para leer, que pasan del papel a un formato documentario virtual. Crece el empleo del libro digital (o libro virtual, libro electrónico, ciberlibro, e-book, eBook, etcétera) en la lectura normal y en la profesional, como en la conservación de documentos. Surge el audiolibro para personas con discapacidad visual y para su empleo en museos y espacios turísticos. Leer en pantalla y mover lectores hacia ella es una etapa que, como la del pergamino, durará poco dado el acelerado desarrollo de soportes portátiles para leer, en los que llevarás tu Biblioteca Virtual y leerás lo que sea, donde sea y cuando te dé los forros. Estamos en la cresta de la ola del cambio y la hojarasca es barrida por el viento.

Pese a la inminencia de más cambios profundos en el leer, éstos no se avizoran claramente. Predictores de escenarios, planificadores educativos y demás profetas y sibilas están sumamente desconcertados: Lo imprevisible del devenir humano hace que prever qué pasará en los próximos cinco o diez años se vea iluso, no digamos los próximos veinte o cincuenta: El equipamiento en las escuelas queda obsoleto con vergonzosa premura; en especial en un Perú donde la desconfianza manda y se le teme tanto alo maestro que se le pretende reducir al estatus de pulsador de botones. No se hace la muy necesaria investigación básica y aplicada y seguimos sin saber a estas alturas qué pasa exactamente en el cerebro cuando leemos, y menos aún qué pasa con la lectura en pantalla y si hay diferencia entre la lectura on – line (lectura en tiempo real y enlace en directo con la world wide web) y la lectura off-line (lectura de documento en pantalla desde su almacén virtual). Las preguntas son claras: ¿Nuestros cerebros actúan distinto y se desarrollan de forma diferente dependiendo del formato de lectura? ¿Decodificamos y/o comprendemos mejor leyendo en impreso o en pantalla? ¿Qué diferencia hay entre leer on line y off-line?

II
Una primera aproximación

Todo empieza y termina con las personas. Tratar de formatear a la gente no funciona porque se parte del supuesto equivocado de que la gente es formateable. Pero sí es cierto que la gente posee una historia y un presente cognitivo y metacognitivo. A mí, como a la gran mayoría, el destino me encontró cuando empecé a usar computadoras: La necesidad convoca a la herramienta y el contexto manda: Durante el desastroso gobierno de Alan Damián García (1985 – 1990) la galopante hiperinflación hacía del cálculo de costos un infierno para los que chambeábamos en hoteles, en particular en el rubro de Alimentos y Bebidas. Los precios se alzaban vertiginosos y dejaban atrás los procesos tradicionales de costeo. Vi la luz con las Hojas de Cálculo, se me representó un costeo de pocas horas de duración, pregunté tres o cuatro cosas, conseguí unas proformas y alegremente expuse mis ideas a la gerontocracia gobernante. Me sentía en la punta de la Tecnología de Punta, en la mismísima vanguardia de la innovación, y me expresé, creo,  de manera en exceso entusiasta. La expresión de entusiasmo casi me cuesta el puesto: mis jefes eran dinosaurios con los sesos en la cola y no aceptaban que un jovenzuelo de fuera de la argolla les dictara el futuro, y yo no sabía aún que tener razón antes de tiempo es peor que equivocarse. Bueno, esto ya es Historia, salvé el puesto a duras penas y pensé, como el Potro de Horacio Quiroga: Ya llegará el día en que se diviertan. Pero tal día no llegó, la empresa se privatizó y pasaron cosas que para qué te cuento. Por mi cuenta compré mi computadora a plazos, y otra, y luego otra más. Y cada cual contaba con más memoria de almacenaje (soporte físico para una Biblioteca Virtual), creciente velocidad de procesamiento RAM, pantallas de mayor resolución, tarjetas gráficas más potentes, las últimas versiones de programas de software, etcétera. Incluso encontré los primeros programas para libros digitalizados. Y por último y a la vez, surgió la www y todo lo avasalló.

Cuando decidí formar mi Biblioteca Virtual dispuse de los libros en Pantalla como si fueran físicos. Los codifiqué según el Sistema Dewey, pues la diferencia entre una ruma de libros y una Biblioteca es el orden y el registro; y si bien no soy bibliotecario profesional tenía (y tengo) libros, folletos y formatos impresos en tal cantidad que se justificaba sistematizar. Ya tenía la experiencia de haberlo hecho en un par de Bibliotecas institucionales con el apoyo de alumnos que hacían prácticas. Mi Biblioteca Física es grande, contiene a la fecha algunos millares de libros y otros formatos; pero tengo bastantes más títulos en la Biblioteca Virtual. Como en todo lo novedoso, las ventajas parecen mayores que los inconvenientes; y cuando surgen las desventajas hay que aprender a minimizarlas. En esto no hay maestro mejor que la experiencia, cada persona en su aproximación cuenta con un juego propio en  asuntos como los ítems de clasificación que es a la vez, bendito sea Dios, el criterio de almacenaje en el disco duro – u otro soporte. No tienes por qué apegarte a rajatabla a la Clasificación Dewey, pensada para las Bibliotecas del Mundo entero, porque tus necesidades son diferentes de las mías y no necesariamente empatarán. No sabíamos muy bien como se comía eso de la personalización antes de la explosión de computadoras / ordenadores y conexiones en red, estábamos mucho más acostumbrados a acomodarnos a la estandarización que a que ésta se acomodara a nosotros. Creo que este es uno de los principales cambios en la relación del pueblo común y corriente con la ciencia y la tecnología, para bien en mi opinión.

III
Enfoque “abajo-arriba

El enfoque arriba-abajo  es grosso modo un modo de entender la comprensión lectora centrado en el lector; en tanto que el enfoque abajo-arriba se centra en el texto a comprender. La diferencia fundamental entre leer en libro y leer en pantalla parece estar precisamente en lo que está “abajo”, y parece conveniente empezar por aquí. Para ver en qué medida se lee distinto tenemos que identificar los formatos digitales de la lectura, y sus diferencias con el clásico: Para empezar están los libros electrónicos o ebooks, que aparecen en 1971 con el Proyecto Gutenberg, primera Biblioteca Digital. En el 2001 los primeros autores en poner a la venta ebooks con éxito fueron Stephen King y Vladimir Putin. Los ebooks son la versión más cercana al formato en papel, e incluso a veces son sólo el calco en facsímil de anteriores ediciones en papel, en especial los de formato .pdf, aunque los hay de formato .doc y .rtf, modificables con el programa Word. Se puede disponer del archivo en el propio disco duro o soporte equivalente (en cuyo caso se accede a él off-line) o consultarlo a través de una página web que proporcione una Biblioteca Virtual (acceso on-line). Se ahorra un ingente espacio físico almacenando libros en el disco duro o soportes análogos. Confieso que daría lo que fuera por una tablet o equivalente en la que portara mi acervo bibliográfico y documental entero, tal como aparece en las novelas de ciencia ficción. Sus principales ventajas residen en la conservación y transporte de archivos, así como en el inmediato acceso cuando se los necesita. El brillo de la pantalla aún dificulta la lectura, la vista se cansa en especial para miopes y/o astigmáticos. Pero se desarrollan a todo meter soportes que resuelven este problema. Otra ventaja es el de la transcripción de citas para estudios o trabajos académicos, gracias al famoso copy and paste. En el tablet se lee off-line, aunque coexista con la lectura on-line en Bibliotecas Virtuales con documentos digitalizados y e-books ofrecidos al público por Internet.

La lectura en pantalla on-line presenta entre su fauna indígena al hipertexto, forma de estructurar información a través de links o enlaces o hipervínculos integrados a la interfaz del usuario, la idea es que cuando en el proceso de la lectura encuentras un concepto resaltado  con hipervínculo significa que puedes interrumpir la lectura que haces para hacer click sobre él e iniciar una lectura subsidiaria en otra página referente al concepto vinculado o enlazado en la lectura anterior. El efecto es bifurcar la lectura, al salir de la primera para aclarar o completar un concepto en la segunda. En teoría al concluir esa “lectura secundaria” vuelves a la lectura anterior, en la práctica el retorno se dificulta. Por ejemplo, puedes encontrar hipervínculos “terciarios” al interior del hipervínculo “secundario”, interesarte en ellos y continuar haciendo clicks de manera que tu atención se desconcentra de la “lectura primaria”.  Al “recentrarte” vuelves primario lo que era secundario, y te pierdes tal como dice la metáfora: irse por las ramas. Ese vagar por las armas y perderte del tronco del árbol desgracia la lectura como proceso sucesivo de decodificación / comprensión, porque el esquema de la lectura se va descubriendo – o construyendo - conforme lees. El riesgo en la lectura en pantalla on-line es perder el proceso al internarte en cada detalle hipervinculado. Claro que esto ya es enfoque arriba-abajo a desarrollar en la parte siguiente. Quedándonos en el soporte, digamos que la cantidad de hipertexto hipervinculado puede operar como un regressus-in-infinitum (retroceso al infinito) y llevar al lector a callejones sin salida conceptuales. Cada concepto empleado en una proposición posee una definición formulada a su vez por conceptos. Cada concepto a su vez posee una definición, formulada a su vez por conceptos, y cada concepto … y lo dejamos aquí precisamente para no retroceder hacia el infinito y perdernos. Parece claro ser éste el problema a enfrentar, la pérdida de los vínculos lógicos en el tronco principal de la argumentación, que los hipertextos estorban. Para ser competente en operar hipertextos se requeriría autodisciplina intelectual basada en el dominio del lenguaje de la Lógica Booleana y la Teoría de Conjuntos. Los hipervínculos y demás formas de organizar textos on-line son masivos en las Comunidades Virtuales (Facebook, Twitter, Google+, etc.), los e-zines (revistas electrónicas de estructura hipertextual) y los Blogs (Bitácoras web que recopilan cronológicamente diversos tipos de archivos de texto, imagen y sonido de uno o más autores).

IV
Enfoque “arriba-abajo

Ya le echamos un vistazo a los soportes (abajo); ahora vamos arriba, directo al cerebro de los lectores: Leer es un acto cognitivo complejo, las operaciones cerebrales de la lectura se suelen explicar como un Doble Proceso combinado de decodificación y comprensión. La Decodificación se automatiza con la práctica y traduce y acumula letras, fonemas, palabras, frases, oraciones, enunciados y proposiciones; con los que construye sucesivas unidades de sentido. La constante y más o menos fluida sucesión decodificadora da lugar a que el cerebro “se adelante” y produzca “predicciones” sobre lo que vendrá después: Si lees la sucesión t-i-e-r-r- es muy probable que ya sepas que lo que viene es la “a” de t-i-e-r-r-a. Y si viene “i”, es probable que te inclines a predecir t-i-e-r-r-i … -t-a. Mil disculpas por el chabacano ejemplo. La predicción puede considerarse la primera parte del paso del automatismo decodificador a la comprensión lectora. Después de todo, comprender “tierra” no es igual que comprender “tierrita”, y no es lo mismo decir L1: “estamos en mi tierra” que L2: “estamos en mi tierrita”; comprender nos hace conscientes, por ejemplo, del contenido emocional (connotación) en L2, que L1 no posee. Y a una oración se suma otra, y a un párrafo otro, y a un capítulo le sigue otro; las comprensiones parciales se siguen prediciendo y acumulando en mayores unidades de sentido para llegar a poder producir eventualmente valoraciones de diverso tipo, tales como “Este libro parece de redacción descuidada”; “el sistema de ideas tal no es coherente (o sí lo es, o lo es parcialmente)”; “el informe registra hechos pero no interpreta”; “este poema es hermoso”; etcétera. Los dos conjuntos de microoperaciones y macrooperaciones conforman el acto de la lectura; la decodificación actúa sobre las pequeñas unidades; y la predicción / comprensión sobre las grandes (párrafos, capítulos, libros). Ateniéndonos a esta explicación, que trato sea lo más corta y coherente posible, podemos buscar diferencias entre leer en pantalla y leer en formato tradicional.

La experiencia sugiere que el cerebro percibe la lectura impresa espacialmente delimitada: Hay unas coordenadas físicas tridimensionales: Un arriba – abajo dado por el grosor del libro percibido con la vista y el tacto, mas una dirección y un vector izquierda – derecha (derecha – izquierda en las lenguas semíticas; arriba – abajo en las de extremo oriente). Aunque sigue habiendo dirección y vector en la pantalla, la apercepción del grosor impide ciertas predicciones, no se sabe cinestésicamente de qué tamaño es el artículo, libro o enciclopedia que se lee, y esto repercute en el contexto predictivo. Hay otra diferencia cinestésica: las manos actúan pasando las páginas del libro impreso en un complejo proceso de coordinación vista-mano, en cambio mover la página en un texto en pantalla sin división natural en páginas no es ciertamente posible en la lectura on-line (sí en la off-line, aunque no al modo del libro clásico), y debe emplearse el mouse (ratón) o una tecla de “bajada” para “avanzar” el texto, y de “subida” para retrocederlo. El juego de asociaciones (base de la memoria y del aprendizaje) en el libro físico es distinto que el de la pantalla, como sugiere una investigación de Kate Garland, de la Universidad de Leicester: Con el libro físico la mente tendría más juego para hacer sinapsis al haber más puntos físicos de referencia percibibles por los sentidos, que permiten mayor cantidad de asociaciones. La estructura física del libro apoya la evocación de los datos, como cuando sabes que en la página 268 entra en Moria la Comunidad del Anillo; o que la explicación de la simbiosis está en el capítulo XV. La pantalla plana limita estas percepciones y la “memorabilidad” de los textos. En este aspecto todo parece reducirse a que los cambios en la pantalla pueden llevar a que a uno “se le mueva el piso”, es decir, que no tenga referencias fijas que establecer en el momento que lee, es decir menos perchas cognitivas de las que colgar las ideas, cuestión central en la construcción de estructuras cognitivas.

Una investigación de Jakob Nielsen sugiere que el tamaño de la Pantalla cuenta – tal vez esto explique la actual popularidad de las pantallas de gran tamaño, así como su creciente resolución, lo que también se observa en la Televisión y el Cine. A menor área de pantalla más pequeño el contexto en el que se ubica la información y menor evocación de sus contenidos. Pero no parece que esto se diferencie mucho del problema de los minilibros en factura clásica de papel, o de tratar de leer la Enciclopedia Colliers con una lupa de 2 centímetros de diámetro. En mi opinión – y solamente eso, sometida a mejor data y salvo error u opinión - todo parece indicar que las diferencias de lectura entre lo digital y lo clásico en papel son solamente de grado, y por ello únicamente requieren de un período razonable de adaptación al cambio. Hay datos que así lo sugieren: Los niños británicos tienden a leer más en formatos digitales, particularmente computadoras. Los estadounidenses adultos y niños poseen más tablets y leen más en ellos. Los rusos y españoles leen mucho más en digital que hace cinco años. 

V
Colofón

Parece ser claro que se lee más que antes, aunque no podemos concluir nada aún en referencia de los procesos de lectura de libros propiamente dichos. Parece, sí, que en definitiva debemos hablar de diversos tipos de lecturas. Quizá Twitter muestre un paradigma nuevo: El microblogging estaría ayudando al desarrollo de la capacidad de síntesis, pero en este caso estamos rompiendo los estrechos límites de la lectura tradicional no solamente en cuanto a la capacidad relativamente pasiva de leer, sino en la capacidad activa de producir textos. Y como esto no está aún terminado trataremos de verlo mejor en una segunda parte de esta Crónica que voy preparando y que ya veremos si publicamos. Hasta entonces.